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Domingo mañana (parte 1) | Asamblea regional del 2020 “¡Alégrense siempre!”

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¡Bienvenidos, hermanos!
El video musical
está a punto de comenzar.
Por favor, mientras lo ven,
mediten en cómo ser fieles ahora
nos ayudará a ser más felices
en el futuro.
Si tienen un teléfono o cualquier otro
dispositivo electrónico,
pónganlo en un modo
que no distraiga a nadie.
Y, ahora, ¡disfruten del video!
Bienvenidos a esta sesión
de la Asamblea “¡Alégrense siempre!”,
que corresponde a la sesión del domingo
por la mañana en el programa impreso.
El texto temático
es Salmo 37:4, que dice:
“Haz de Jehová tu mayor deleite,
y él te concederá
los deseos de tu corazón”.
Los invitamos a ponerse de pie
y cantar juntos la canción 22,
¡Que venga el Reino que Dios
ha establecido!
Después de la canción,
pueden pausar el programa
para hacer una oración.
Canción número 22.
Pueden sentarse.
¿Es posible ser feliz cuando uno está
pasando por problemas graves?
La Biblia nos asegura que sí.
En la siguiente serie
de siete discursos,
veremos cómo Jehová
nos ayuda a lograrlo.
Cada orador presentará al siguiente.
Para empezar, prestemos atención
al hermano Kenneth Flodin,
ayudante del Comité de Enseñanza,
que presentará
el primer discurso de la serie,
“Podemos ser felices a pesar...
de las dificultades”.
¿Se dieron cuenta?
En el título de todos los discursos
de esta serie,
se usa la expresión “a pesar de”.
Esta expresión transmite la idea
de poder hacer algo
aunque haya un obstáculo.
Así que, aunque nos encontremos
con obstáculos, podemos ser felices.
Podemos seguir siendo felices
a pesar de las pruebas.
Puede que eso nos suene
un poco contradictorio, ¿no?
Yo normalmente relacionaría la felicidad
con cosas buenas,
como los regalos, no con las pruebas.
Y es que ese es justo el punto.
Podemos ser felices
a pesar de las pruebas
gracias a los regalos que Jehová nos da.
Y hablaremos de tres de ellos
en esta serie de discursos:
nuestra amistad con Jehová,
nuestros queridos hermanos
y nuestra maravillosa esperanza
para el futuro.
Por favor, leamos Romanos 5:3-5.
Y mientras leemos estos versículos
tratemos de ver
dónde aparece el primer regalo,
es decir, nuestra amistad con Jehová.
Romanos 5:3-5 dice:
“Es más, alegrémonos
cuando pasemos por dificultades,
porque sabemos que las dificultades
producen aguante;
el aguante hace que tengamos
[¿la aprobación de quién?]
la aprobación de Dios”.
“La aprobación de Dios
produce esperanza,
y la esperanza no decepciona”.
¿Por qué no?
Por nuestra amistad con Jehová.
Dice: “Porque el amor de Dios
ha sido derramado en nuestros corazones
mediante el espíritu santo
que hemos recibido”.
Así es, cuando aguantamos las pruebas
podemos sentir la aprobación de Jehová,
y eso nos ayuda a estar felices
a pesar de las dificultades.
Ahora leamos Romanos 8:38, 39.
Como sabemos,
Pablo pasó por una prueba tras otra.
Pero, a pesar de eso,
estaba convencido de que ninguna prueba
podría alejarlo de Jehová.
Nada podría separarlo del amor de Dios.
Su amistad era inquebrantable.
Romanos 8:38, 39 dice:
“Porque estoy convencido
de que ni muerte ni vida,
ni ángeles ni gobiernos,
ni cosas presentes ni cosas futuras,
ni poderes, ni altura ni profundidad,
[y ahora dice] ni ninguna otra creación
podrá separarnos del amor de Dios
que está en Cristo Jesús nuestro Señor”.
Nuestra amistad con Jehová
puede ayudarnos
cuando pasamos por pruebas.
Hablemos ahora
del segundo regalo de Jehová.
Leamos 1 Pedro 5:9.
Satanás intenta usar las pruebas
para desanimarnos,
pero veamos el consejo del versículo 9.
Dice: “Pero pónganse en contra de él,
firmes en la fe”.
¿Y qué nos ayudará?
El texto sigue diciendo:
“Sabiendo que toda la hermandad
está pasando por los mismos sufrimientos
[o por las mismas pruebas]”.
Y realmente ha sido así,
hemos sentido
el apoyo de nuestros hermanos,
sobre todo durante estos últimos
seis meses.
Lo hemos visto claramente.
Romanos 12:12 habla
del tercer regalo de Jehová,
otra ayuda para aguantar las pruebas.
Vamos a leer Romanos 12:12,
y lo deja clarísimo.
Dice: “Alégrense por la esperanza”.
Y sigue diciendo:
“Aguanten cuando tengan dificultades.
Perseveren en la oración”.
Así que nuestra amistad con Jehová,
nuestros hermanos y nuestra esperanza
son regalos que pueden ayudarnos
en distintas circunstancias
dependiendo del problema que tengamos.
Por ejemplo, puede que un hermano
que está en la cárcel
no tenga ningún contacto
con otros hermanos.
¿Pero qué lo ayudará a aguantar?
Su amistad con Jehová
es lo que lo ayudará.
Quizás hayamos visto
la experiencia del hermano Harold King
en JW Broadcasting®.
Pasó cuatro años y medio solo
e incomunicado en una prisión de China.
¿Pero de verdad estaba solo?
Las autoridades pensaban que sí,
pero en realidad tenía
el mejor compañero de celda
que se puede tener.
Y, cuando le hicieron la entrevista,
él dijo: “Tenía una linda relación
con Jehová Dios.
Verdaderamente lo amaba mucho.
Era real. No era ficticio”.
Así que el hermano King
pudo ser feliz a pesar de las pruebas
porque tenía una amistad
muy estrecha con su Dios.
Otro ejemplo:
un hermano que está deprimido
tal vez esté luchando
por mantener su amistad con Dios.
Bueno, aquí entra en juego
otro de los regalos que nos da Jehová.
En este caso, seguramente lo ayudará
el apoyo de sus hermanos.
Es como cuando una persona
está luchando por respirar.
Sigue vivo aunque
casi no le quedan fuerzas.
Pero entonces llega un equipo médico
para ayudarlo
y él se recupera y vuelve a respirar
con normalidad otra vez.
Nuestros hermanos también
pueden darnos la ayuda
y el apoyo que necesitamos
cuando sufrimos depresión
o pasamos por otras pruebas difíciles.
¿Y cómo nos ayuda la esperanza
a ser felices a pesar de las pruebas?
Pongamos otro ejemplo:
tal vez nuestros padres han envejecido
y ahora tienen ciertas limitaciones,
y eso es una prueba para nosotros.
Es como si alguien
a quien queremos mucho
sufriera un accidente.
Y ahora está ahí en su cama,
en el hospital.
Y no puede valerse por sí mismo.
Pero entonces entra el médico y dice:
“Se va a recuperar por completo”.
Eso nos da esperanza, ¿verdad?
Pasa algo parecido
con nuestros padres mayores.
Estamos tan convencidos
de nuestra esperanza
que es como si Jehová nos dijera:
“Se recuperarán por completo
de los dolorosos efectos de la vejez”.
Así es, la esperanza
nos ayuda a ser felices.
Sea cual sea nuestra situación o prueba,
podemos estar seguros de que Jehová
usará uno o más de los regalos
que hemos mencionado
para ayudarnos a seguir siendo felices.
Busquemos Romanos, capítulo 8...
Romanos 8, y leeremos
los versículos 35 a 37.
En esta serie de discursos,
hablaremos de cada una
de las siete pruebas
que se mencionan en el versículo 35.
Vamos a verlas juntos.
Romanos 8:35.
Dice: “¿Quién va a separarnos
del amor del Cristo?
¿Las dificultades? ¿La angustia?
¿La persecución?
¿El hambre? ¿La desnudez?
¿El peligro? ¿La espada?”.
Esas son las siete pruebas.
Pero leamos el versículo 37.
Dice: “Pero, gracias al que nos amó,
salimos completamente victoriosos
de todas estas cosas”,
de esas siete pruebas.
En cada discurso de esta serie veremos
un video sobre un hermano o una hermana
que pasó por una prueba,
una prueba muy difícil.
Y fijémonos en cuál
de los regalos de Jehová
los ayudó a ser felices
a pesar de los problemas.
Hablemos de lo primero
que Pablo mencionó: “Las dificultades”.
Con “dificultades” Pablo se refería
al sufrimiento que causa
una situación complicada; por ejemplo,
una enfermedad debilitante.
Busquemos 2 Corintios, capítulo 12...
2 Corintios 12:7, 8.
Esta dificultad afectaba tanto a Pablo
que la llamó “una espina en la carne”.
2 Corintios 12:7, 8 dice:
“Para evitar que me llene de orgullo,
recibí una espina en la carne,
un ángel de Satanás,
que sigue abofeteándome
para que no me llene de orgullo.
Le supliqué tres veces al Señor
que me la quitara”.
“Una espina en la carne”.
Así que parece obvio
que esto era un problema de salud.
Y dijo que lo seguía abofeteando.
Era algo que no se le pasaba.
Esto no era como un resfriado
o una gripe,
que dura una semana más o menos.
Esto era una prueba continua,
un problema crónico
con el que tenía que vivir.
Y, basándose en lo que dice la Biblia,
muchos creen que Pablo tenía
una enfermedad degenerativa de la vista.
Seguramente esto fue
muy desconcertante para Pablo.
De hecho, le pidió tres veces a Jehová
que le quitara este problema.
“Quítame esta espina”.
Y, por supuesto,
no había gafas o lentes en esa época,
ni tampoco era posible operarse.
Así que esto era un problema crónico.
Y pensemos en lo siguiente:
por medio del espíritu santo, Pablo curó
a otras personas de sus enfermedades.
Así que se pudo haber preguntado:
“¿Dónde está el espíritu santo
cuando yo lo necesito?
Necesito que me cure”.
Entonces, ¿qué ayudó a Pablo a ser feliz
a pesar de esta dificultad?
Su estrecha e inquebrantable amistad
con Jehová.
Si todavía tienen ahí 2 Corintios 12,
leamos el versículo 9.
Y aquí es donde Jehová le dice a Pablo:
“No te voy a sanar milagrosamente”.
Versículo 9:
“Pero él me dijo: ‘Mi bondad inmerecida
ya es suficiente para ti,
porque mi poder se demuestra plenamente
en la debilidad’”.
Jehová le dice:
“No te curaré, pero te voy a dar
el poder para seguir adelante
a pesar de esta dificultad”.
Fijémonos en la amistad tan fuerte
que tenía Pablo con Jehová.
Vamos a leer
la parte final del versículo.
Pablo dice:
“Así que con mucho gusto presumiré
de mis debilidades,
para que el poder del Cristo
continúe sobre mí como una tienda”.
Fue feliz gracias al poder
que le dio Jehová.
Leamos el versículo 10.
Él dice: “Por lo tanto, me alegra
[o, en otras palabras, me hace feliz]
tener debilidades, recibir insultos
y sufrir necesidad, persecuciones
y dificultades por causa de Cristo.
Porque, cuando soy débil,
entonces soy poderoso”.
Ahora, en el siguiente video,
veremos el caso de un hermano
que se enfrenta a una dificultad.
¿Qué es lo que ha ayudado
a este hermano y a su esposa
a seguir siendo felices
a pesar de sufrir una enfermedad grave?
Durante los últimos
cuarenta y cinco años,
he servido como precursor,
como superintendente viajante,
y ya hace tiempo que sirvo en Betel.
Tenía muy buena salud.
Nunca había tenido ningún problema.
Pero un día empezó
a dolerme la cabeza muchísimo
y no podía ver con claridad.
Lo veía todo borroso.
Fuimos a ver al médico de Betel,
y él nos mandó a un especialista.
Y el especialista le diagnosticó
un tumor muy agresivo en el cerebro
que se llama glioblastoma.
Le operaron el jueves siguiente.
Después de la cirugía,
tuvo que recibir radioterapia
y quimioterapia al mismo tiempo.
Un año más tarde
tuvieron que operarle de nuevo.
Y ahora mismo está recibiendo
el cuarto tratamiento de quimioterapia.
Era la primera vez
que le veía enfermo de verdad.
Lo que más me costó,
fue ver a mi esposo depender
tanto de mí y de otras personas.
Y yo no quería que esto cambiara
por completo nuestra vida.
La ayuda de los hermanos
fue muy importante para nosotros.
Uno de ellos se enteró
de que me iban a operar,
me leyó un texto y oramos juntos.
Siempre me acuerdo de eso.
Era justo lo que necesitaba.
También me anima mucho contar
con el apoyo de mi esposa, Sara.
Ella me ayuda a prepararme
para las reuniones.
Cuando salimos a predicar,
tengo la oportunidad
de ayudar a otras personas.
Hablo con ellas y trato de animarlas.
En Betel, yo trabajo
en el Departamento de Servicio,
y uno o dos hermanos vienen a mi oficina
para pedirme consejo
sobre algún tema que estén tratando.
Y eso me alegra mucho.
Estoy muy contento, porque todavía
puedo ayudar un poquito.
Algo que me ha ayudado a mí
a enfrentarme
a esta situación tan difícil
es ver lo humilde que ha sido mi esposo
durante todo este tiempo.
Confío mucho en Jehová
y pienso seguir sirviéndole ahora
y en el nuevo mundo.
No importa lo que pase.
Es evidente que Scott y Sara Shoffner
tenían una estrecha amistad con Jehová.
Y Sara apoyó a Scott muchísimo.
¿Pero se fijaron en qué otro regalo
les dio Jehová?
Scott dijo que la ayuda de los hermanos
fue muy importante para ellos.
Recordaba que un hermano le leyó
un texto y oró con él
antes de que lo operaran.
Después, hermanos más jóvenes
lo ayudaron con sus tareas en Betel.
Y eso, como él mismo dijo,
le alegraba mucho.
Es feliz a pesar de las dificultades.
¿Y a usted?
¿Qué regalo de Jehová
lo está ayudando a aguantar
esa prueba o esa dificultad
que está atravesando?
¿Es su amistad con Jehová?
¿Los hermanos?
¿La esperanza?
¿O es otro regalo de Dios?
Si se siente angustiado
por las dificultades,
imagine a Jehová como un médico
que ve sus signos vitales en un monitor.
Él está muy pendiente
del estado de su corazón.
Y le dice para calmarlo:
“Tranquilo, vas a estar bien”.
Así que, sean cuales sean
nuestras dificultades o sufrimientos,
recordemos lo que dice Romanos 8:37, 39:
“Gracias al que nos amó,
salimos completamente victoriosos
de todas estas cosas”.
Y el versículo 39 dice que nada,
nada, ninguna dificultad,
“podrá separarnos del amor de Dios
que está en Cristo Jesús nuestro Señor”.
Podemos ser felices
a pesar de las dificultades.
Y ahora el hermano Samuel Herd,
del Cuerpo Gobernante,
presentará el siguiente discurso
de la serie, titulado:
“Podemos ser felices a pesar...
de la angustia”.
¿Se ha sentido angustiado?
Si dice que no,
usted no es humano.
Porque todos los humanos
sufrimos algún tipo de angustia
en esta vida tan corta
antes de que llegue el nuevo mundo.
Pero ¿qué es la angustia?
Algunos dicen que es ansiedad extrema;
otros dicen que es tristeza;
y algunos la describen como dolor.
Pero ¿cuáles son
las causas de la angustia?
Bueno, son muchas.
Una de las que encabeza la lista
es la muerte del cónyuge.
En segundo lugar están los accidentes
y algunas enfermedades.
Luego está la pérdida del empleo.
“¿Cómo voy a cuidar de mi familia,
de mi esposa, de los niños?”.
Y esta es otra muy importante:
no poder predicar el Reino
tanto como quisiéramos.
Estas son algunas cosas
que nos causan angustia.
Pero, claro, no son las únicas,
hay muchas otras.
Pero ¿cómo reaccionaría?
¿Qué sentiría si estuviera sufriendo
algún tipo de angustia?
¿Estaría usted triste?
¿Es así como se siente?
¿Está deprimido?
Algunos dicen: “Sí, así me siento”.
Otros dicen: “Estoy desanimado,
no... no sé qué me pasa.
Me siento triste.
Es que no tengo ganas de hacer nada”.
Otros dicen: “Solo quiero estar solo
y ponerme a llorar”.
Bueno, muchos nos sentimos así.
¿Es posible sentir angustia y ser feliz?
Sabemos que sí por los ejemplos
que tenemos en la Biblia.
Y hay muchísimos, pero ahora solamente
vamos a mencionar uno o dos.
Pablo, por ejemplo, fue feliz
a pesar de sentirse angustiado.
Pudo ser feliz
aunque no siempre se sintió bien.
Si tiene la Biblia a mano,
por favor, ábrala en 2 Corintios
y leamos juntos 2 Corintios,
capítulo 7, versículo 5.
Fíjese en lo que dice:
“La verdad es que cuando llegamos
a Macedonia no tuvimos alivio,
sino que seguimos pasando
por todo tipo de sufrimientos
[y fíjese ahora]:
había luchas afuera y temores adentro”.
“Luchas afuera y temores adentro”.
Sí, Pablo estaba pasando
un mal momento,
pero a pesar de todo era feliz.
¿Y qué problema tenía?
Bueno, Pablo iba a encontrarse
con Tito en Troas.
Pero no sabía nada de Tito,
no tenía noticias de él.
Quería saber de él;
quería saber cómo se encontraba.
Eeeh...
¿Qué pasaba?
¿Y si Tito... tenía problemas
con los hermanos
de la congregación de Corinto?
Pablo estaba preocupado
y quería tener noticias de su amigo.
A nosotros nos pasaría lo mismo
si, desde hace tiempo,
no supiéramos nada de un amigo.
Pablo estaba muy preocupado,
tan preocupado por su amigo
que se sentía,
hasta cierto grado, deprimido.
Quizás pensó: “¿Cuánto tiempo más
tendré que esperar a mi amigo Tito?”.
No tuvo que esperar mucho.
Finalmente se encontraron
en Macedonia.
¿Qué ocurrió?
Pues que Pablo se sintió aliviado
y, cuando Tito le contó
que los hermanos de Corinto
habían aceptado sus consejos,
Pablo se “alegró todavía más”.
Eso dice la Segunda Carta a los Corintios,
capítulo 7, versículos 6 y 7.
Así que recibió la ayuda de un hermano.
Nosotros también podemos acudir
a nuestros hermanos.
Y es que todos formamos parte
de una hermosa hermandad,
el pueblo de Jehová.
Y descubriremos que nuestros hermanos
siempre estarán ahí
para lo que necesitemos,
y eso nos hace felices.
Puede que sintamos angustia
porque estemos desanimados.
Y la verdad es que todos nos sentimos
desanimados de vez en cuando.
Hay muchas cosas
que nos pueden desanimar.
Por ejemplo, algo que ya mencionamos,
la muerte de un ser querido,
tal vez del esposo o de la esposa.
Ustedes estuvieron juntos muchos años
y llegaron a ser lo que Jehová dijo
en el jardín de Edén.
Fueron “una sola carne”.
Y eso fue lo que les pasó:
usted y su esposa o esposo
llegaron a ser uno, y ahora lo perdió.
Puede que usted se sienta destrozado,
esté desanimado,
un poco nostálgico, esté abatido,
desconsolado y, claro, triste.
Pero... recordemos que contamos
con tres ayudas útiles
para ser felices
a pesar de estar pasando por pruebas.
¿Cuáles son?
La primera es
nuestra amistad con Jehová.
David era muy buen amigo de Jehová.
Busquemos en la Biblia
el Primer Libro de Samuel,
el capítulo 30,
pero antes de leer
repasemos lo que mencionan
los primeros versículos.
Empecemos desde el versículo 1...
en 1 Samuel 30.
Los hombres de David querían matarlo
porque los amalequitas
habían quemado la ciudad
y se habían llevado cautivos
a sus esposas y a sus hijos,
y también a dos esposas de David.
David estaba muy angustiado,
como dice el relato.
Veamos lo que dice el final
del versículo 6:
“Pero David recurrió
a Jehová su Dios para fortalecerse”.
Así nosotros también sacamos fuerzas:
recurriendo a Jehová, nuestro Dios.
Él siempre está ahí,
listo para consolarnos.
Es el Dios de todo consuelo,
como bien dice su Palabra, la Biblia.
Así que la primera ayuda
es nuestra amistad con Jehová.
Y la segunda... son nuestros hermanos.
¡Y cómo nos fortalecen
nuestros hermanos!
Recordemos el Salmo 133.
El versículo 1 dice lo siguiente:
“¡Miren qué bueno es y qué gusto da
que los hermanos
vivan juntos en unidad!”.
Sabemos que esto es muy cierto,
pero sabemos algo más:
una táctica muy eficaz
de Satanás, el Diablo,
es meternos en la cárcel
para aislarnos.
Pero, aunque estemos presos,
podemos estar con nuestros hermanos.
¿Cómo es eso posible
si ellos están fuera
y nosotros detrás de los barrotes?
Gracias a los recuerdos.
¿Por qué no saca
el álbum de recuerdos y de fotos?
Ese que está en su cabeza.
No es un álbum literal,
pero está grabado en su mente.
Écheles un vistazo
a esas “fotos espirituales”.
¿Qué fotos?
Los recuerdos.
Los buenos recuerdos nos hacen felices.
Bueno, si alguno de ustedes
es tan viejo como yo,
entonces sabe que los mayores
hacemos eso todo el tiempo.
No tenemos muchas fuerzas,
así que vivimos de los recuerdos.
Y eso nos alegra la vida.
Además de los hermanos...
... la tercera ayuda es nuestra esperanza.
Nuestra esperanza es servir a Jehová
en condiciones justas
por toda la eternidad.
La eternidad es para siempre.
Nunca acaba:
sigue, y sigue y sigue.
Por ejemplo, mire arriba, al cielo.
No se ve dónde empieza
ni dónde acaba.
La eternidad... siempre existe.
Usted podrá vivir para siempre
y ser feliz por la eternidad.
Cuando vean el siguiente video,
fíjense en lo que ayudó
a este matrimonio a ser feliz
a pesar de la angustia y el dolor.
Cuando nos casamos,
sabíamos que queríamos tener hijos
y formar una familia.
Así que, cuando nos enteramos
de que íbamos a tener un bebé,
nos pusimos contentísimos.
Cuando Becky me dijo
que estaba embarazada,
de repente algo cambió en mi interior,
y ya me sentía papá.
Empiezas a hacer planes
desde el principio.
Y es que ya quieres muchísimo
a esa personita que va a nacer.
Un día, Becky se sintió un poquito mal,
y una amiga nos dijo
que fuéramos al médico.
Así que fuimos.
Cuando llegamos,
le hicieron una ecografía,
y, cuando el doctor volvió,
nos dijo que el corazón
había dejado de latir.
Fue uno de los peores momentos
de mi vida.
Nunca podré olvidarlo,
porque de repente, así, sin más,
todos esos sueños...
todo lo que estabas preparando...
se... se viene abajo,
desaparece.
Ese lugar especial en mi corazón
que ya le había dado al bebé
ahora es un enorme agujero,
tan grande que no se llena con nada.
Es un vacío indescriptible.
No sabíamos qué hacer.
Pero esa noche teníamos reunión
y queríamos estar allí.
Sabíamos que, si íbamos a la reunión,
Jehová nos ayudaría con su espíritu.
Y teníamos claro que no íbamos
a poder sobrellevar esto solos.
Necesitábamos a Jehová.
Cuando otras personas se enteraron
de que habíamos perdido al bebé,
muchos nos contaron cosas
que ellos mismos habían vivido.
Y eso nos ayudó a no sentirnos solos.
Jehová también nos ha dado
muy buenos amigos,
de esos que se apegan
más que un hermano.
Son los que siempre saben
cuándo tienes un mal día.
Oraban con nosotros,
paseaban con nosotros, nos escuchaban.
Sé que Jehová los está usando
para demostrarnos que nos quiere.
Todavía estamos tratando
de recuperar la alegría.
Al leer la Biblia,
en mi estudio personal,
encontré un salmo
que me ha ayudado mucho.
Es el Salmo 139,
que dice que no hay ningún lugar
donde Jehová no pueda encontrarnos,
que no hay oscuridad
demasiado oscura para él.
Y sentíamos que estábamos
en un lugar muy muy oscuro...
Meditar en ese texto
me ayudó muchísimo
y, poquito a poco,
gracias a la ayuda de Jehová,
volví a ver las cosas bonitas
de la vida.
Cuando sufrimos angustia,
Jehová nos ayuda.
No nos deja sin esperanza.
Por ejemplo, veamos lo que dice
2 Corintios, capítulo 4,
y vamos a incluir la nota.
Leamos el versículo 8
de 2 Corintios, capítulo 4.
Aquí dice: “Nos oprimen
de toda manera posible,
pero no nos aprietan hasta el punto
de no poder movernos;
estamos indecisos, pero no sin salida”.
La nota dice:
“No estamos desesperados”.
Jehová no nos dejará sin esperanza.
¿De qué formas lo está ayudando
Jehová a usted
para ser feliz a pesar
de la angustia mental o emocional
que tal vez esté sufriendo ahora?
¿Lo está ayudando con su amistad?
¿Con los hermanos?
¿Con la esperanza?
¿O con otra cosa?
Además de todo lo que Jehová nos da,
tenga en cuenta
estos prácticos consejos:
lleve una dieta sana,
además de eso, descanse lo suficiente
y haga algo de ejercicio.
También haga dos listas:
una con los problemas
que usted puede arreglar,
y otra con los problemas
que no puede solucionar de momento.
Resuelva los de la primera,
y que Jehová se encargue
de la segunda.
Desahóguese con un anciano
o quizás con un hermano maduro,
alguien cercano
o con tus padres.
Están ahí para ayudarnos.
Siempre están listos
y quieren compartir el conocimiento
y la experiencia que tienen,
y siempre lo harán de buena gana.
Tenga en cuenta que quienes sufren
angustia mental
tal vez necesiten ayuda profesional.
Recuerde lo que dijo Jesús
en Lucas, capítulo 5, versículo 31:
“Los que están sanos
no necesitan un médico,
pero los enfermos sí”.
Por supuesto, se trata
de una decisión personal,
pero está en la Biblia.
Y puede que usted necesite
la ayuda de un médico,
alguien bien preparado
para atender estos asuntos.
Por favor, sean felices
porque Jehová los quiere.
No duden de esto ni por un momento.
Claro, no es fácil
vivir con angustia mental o emocional.
Pero recuerde que Jehová
lo entiende, lo comprende
y le dará las fuerzas
para que pueda aguantar.
Si nos mantenemos leales
y seguimos aguantando,
tendremos la aprobación de Jehová.
Pocas cosas nos dan tanta felicidad.
Recuerde que Jehová nunca lo dejará.
Lo cubrirá con su aprobación
como con un gran escudo a su alrededor
y lo bendecirá.
Así que alégrese de saber todo esto
y sea feliz a pesar de la angustia.
El hermano Gerrit Lösch,
miembro del Cuerpo Gobernante,
presentará el siguiente discurso
de esta serie titulado:
“Podemos ser felices a pesar...
de la persecución”.
Desde el principio del cristianismo,
los cristianos han sido perseguidos.
Por favor, busquen conmigo
2 Corintios, capítulo 11.
El apóstol Pablo
también fue perseguido,
y nos habló de su experiencia
en 2 Corintios 11:23-25.
Allí dice:
“¿Son ministros de Cristo?
Respondo como un loco:
yo lo soy mucho más que ellos.
He trabajado más,
he estado más veces en prisión,
he recibido incontables golpes
y he estado a punto de morir
muchas veces.
Cinco veces recibí de los judíos
40 golpes menos uno,
fui golpeado con varas tres veces,
me apedrearon una vez,
naufragué tres veces
y pasé una noche y un día en altamar”.
Poco después de contarnos
todos estos problemas,
Pablo escribió
en el capítulo 12, versículo 10:
“Por lo tanto,
me alegra tener debilidades,
recibir insultos y sufrir necesidad,
persecuciones y dificultades
por causa de Cristo.
Porque, cuando soy débil,
entonces soy poderoso”.
Claro, al apóstol Pablo
no le gustaba que lo persiguieran,
pero se alegraba por las cosas positivas
que eso produce,
porque contribuye
a la vindicación de Jehová.
Vamos a leer Filipenses 1:14,
y luego el versículo 18.
La persecución nos...
nos da la oportunidad
de ver cómo Jehová
defiende a su pueblo
y glorifica su santo nombre,
y también puede hacer
que otros lo conozcan.
En Filipenses 1:14, 18,
Pablo escribió:
“Y ahora la mayoría
de los hermanos en el Señor
han ganado más confianza
gracias a mis cadenas
y están demostrando más valor
para hablar
de la palabra de Dios sin temor”.
Ahora el 18:
“¿Con qué resultado?
Que de todos modos,
ya sea por hipocresía o con sinceridad,
se está hablando de Cristo,
y eso me alegra.
De hecho, también seguiré alegrándome”.
Así que, en vez de debilitar
nuestra amistad con Jehová
y nuestra esperanza,
la persecución las fortalece.
En las palabras que se registran
en Romanos 5:3, 4, Pablo dice:
“[Alborocémonos] cuando pasemos
por dificultades [...];
el aguante hace que tengamos
la aprobación de Dios”.
Y la aprobación de Dios,
¿qué produce?
Esperanza.
Y la esperanza nunca nos decepciona.
Está claro que la esperanza
nos ayuda muchísimo
a aguantar la persecución.
La Biblia usa la palabra “esperanza”
en diferentes contextos.
Habla de “la esperanza de la salvación”,
que puede referirse
a la relación perfecta
que tendremos con Dios.
También está la esperanza
de sobrevivir al Armagedón,
la esperanza de vivir para siempre
en un paraíso aquí en la Tierra
o la esperanza de la inmortalidad
en el cielo.
¿De qué esperanza estaba
hablando Pablo en Romanos 5:3, 4?
De la esperanza de ir al cielo.
Veamos el contexto;
Romanos 5:2,
la segunda parte del versículo, dice:
“Alegrémonos debido a la esperanza
de recibir la gloria de Dios”.
Todos los cristianos del siglo primero
esperaban ir al cielo.
Su esperanza iba más allá
de que se resolvieran
los problemas del mundo
o de que Dios los curara
de alguna enfermedad.
Su esperanza era ir al cielo.
Colosenses 1:3 dice:
“Siempre le damos gracias a Dios [...]
cuando oramos por ustedes [...]
debido a la esperanza que está
reservada para ustedes en los cielos”.
Ahora busquemos Romanos 8:20, 21.
Hoy la “gran muchedumbre”
de testigos de Jehová
espera que él los... los recompense
con un paraíso aquí en la Tierra.
Pablo se refirió a esa esperanza
cuando escribió Romanos 8:20, 21:
“Porque la creación
fue sometida a la inutilidad
—no por su propia voluntad,
sino por la de aquel que la sometió—
tomando como base la esperanza
de que la creación misma
también será liberada
de la esclavitud a la corrupción
y tendrá la gloriosa libertad
de los hijos de Dios”.
Sin embargo, cuando Pablo dijo
en Romanos 12:12
“alégrense por la esperanza”,
esa era la esperanza celestial.
Pero las “otras ovejas”
también pueden alegrarse
por la esperanza que tienen.
Así que, en realidad,
todos podemos alegrarnos juntos.
Comparen la esperanza del mundo
con la que tienen ustedes.
La del mundo
es oscura y se derrumba,
la de ustedes es brillante y segura.
La del mundo
se basa en cuentos y mentiras,
la de ustedes en la fe.
La del mundo lleva al fracaso,
la de ustedes triunfará.
Teniendo el nuevo mundo
tan tan cerca,
nuestra preciosa esperanza,
sea en el cielo o en la Tierra,
pronto se cumplirá
y seremos eternamente felices.
Vamos a leer juntos Tito 2:13:
“Mientras esperamos
la feliz esperanza
y la gloriosa manifestación
del gran Dios
y de nuestro Salvador, Jesucristo”.
Es más, de acuerdo
con Romanos 8:24, 25,
la esperanza nos ayuda a aguantar.
“La esperanza que se ve
no es esperanza [...].
Pero, si esperamos lo que no vemos,
seguimos esperándolo con aguante”,
dice la Biblia.
Uno puede tener
más o menos esperanza.
¿Cómo podemos fortalecer
o afianzar nuestra esperanza?
En cuanto al término
que se traduce aquí “esperanza”
(en griego, elpís),
su sentido básico
es “expectativa de algo bueno”.
El apóstol Pablo menciona
la esperanza al final de la lista,
después de las dificultades,
el aguante y la aprobación de Dios.
Obviamente no se refería
a la esperanza del principio,
la que uno siente
al aceptar las buenas noticias.
Más bien, se refería
a la esperanza fortalecida que uno tiene
después de haber aguantado
una prueba.
Cuando un cristiano es fiel
y aguanta las pruebas,
siente que tiene la aprobación de Dios.
Y al sentir eso se fortalece
la esperanza que tenía al principio.
Igual que Pablo,
nosotros podemos ser felices
a pesar de la persecución.
Es posible que alguien nos insulte
o que nos traten mal en la escuela,
en el trabajo o en la familia,
o tal vez hasta el gobierno
restrinja nuestra obra.
En Mateo 5:11, 12,
Jesús dijo en el Sermón del Monte
las siguientes palabras:
“Felices ustedes
cuando, por causa de mí,
la gente los insulte, los persiga
y, mintiendo, diga todo tipo
de cosas malas sobre ustedes.
Estén felices y radiantes de alegría,
ya que su recompensa
es grande en los cielos,
porque a los profetas
que vivieron antes que ustedes
también los persiguieron así”.
A continuación vamos a ver un video.
Por favor, fijémonos en lo que ayudó
a un hermano y a una hermana
a ser felices a pesar de la persecución.
Una mañana, temprano,
las fuerzas especiales rusas
irrumpieron en mi casa.
Iban armados.
Me esposaron y lo registraron todo.
Después me llevaron a la comisaría
para interrogarme.
Dos días después,
me pusieron en prisión preventiva.
Tenía mucho miedo porque no sabía
cómo me iban a tratar en la cárcel.
Un agente me amenazó
y me dijo que me declarara culpable
y que le diera
los nombres de los hermanos.
Me dijo que, si no lo hacía,
mi situación empeoraría.
Echaba muchísimo de menos
a mi esposa.
Era muy duro estar sin ella.
Durante dos meses, no tuve
ni publicaciones bíblicas ni una biblia,
así que decidí hacerme una.
Mi esposa me envió una libreta,
y todos los días escribía
los textos bíblicos que recordaba.
Cuando ya tenía
unos quinientos textos escritos,
me dieron una biblia.
Como tenía mucha hambre espiritual,
la leí entera en tan solo cuatro meses.
Durante ese tiempo, les escribía cartas
a mi esposa y a mis amigos,
y les contaba cosas interesantes
que había aprendido en mi lectura.
Ellos también me mandaban cartas,
y eso me hacía sentir que estaba
muy cerca de mis hermanos.
Era como si estuvieran
en las celdas de al lado.
Nunca me sentí solo.
Mis amigos estuvieron ahí conmigo.
Cuando estás en prisión preventiva
te aíslan completamente de los demás,
pero es imposible
que te aíslen de Jehová.
Aunque oraba
muchas veces durante el día,
estaba deseando que llegara la noche
porque todo estaba oscuro,
todo el mundo estaba en la cama,
y podía hablar con Jehová
tanto como quisiera.
Aprovechaba los momentos
en los que estaba solo en la celda
para ponerme de rodillas
y orarle a Jehová.
Y lo hacía con lágrimas en los ojos.
Hice una lista
de las cosas que le pedía a Dios
e iba marcando las que él me daba.
Estaba convencido
de que Jehová estaba muy cerca de mí.
También cantaba nuestras canciones
en voz baja.
Pero, cuando estaba solo,
aprovechaba y las cantaba
con todas mis fuerzas.
Siempre que podía predicaba,
y llegué a hablar de temas
tan diferentes
como los tatuajes o “el rey del norte”.
Al final me di cuenta
de que no tenía razones
para preocuparme tanto.
Estuve 343 días detenido,
y no perdí ni un solo cabello
de la cabeza.
Fue el año más interesante de mi vida.
Me ayudó a refinar
mis cualidades espirituales.
Nunca me he sentido
tan cerca de Jehová.
¡Qué gran honor
apoyar la soberanía de Dios!
¿Qué le está ayudando a usted hoy
a ser feliz a pesar de los problemas
a los que se está enfrentando?
Es la amistad que tiene con Jehová,
la hermandad,
su esperanza de vivir
en el cielo o la Tierra...
Todas esas cosas.
El amor de Jehová
y de nuestros queridos hermanos
nos hace felices.
Si usted está sufriendo persecución,
puede estar seguro
de que sus hermanos
—no solo sus amigos,
no solo los hermanos de su congregación,
sino los hermanos de todo el mundo—
están orando por usted.
Los ángeles lo observan a usted
y se sienten orgullosos
si se mantiene fiel.
Piénselo, usted puede animar mucho
hasta a los ángeles en el cielo.
Igual que Jehová, Jesús y los ángeles,
sus hermanos se sienten
muy orgullosos de usted
y se alegran por el “aguante y la fe”
que demuestra
a pesar de la persecución.
El hermano William Turner,
ayudante del Comité de Servicio,
ahora presentará el siguiente discurso
de esta serie, titulado
“Podemos ser felices
a pesar... del hambre”.
¿Cómo se siente
cuando se salta una comida
o lleva horas sin comer?
Pues muchos se ponen de mal humor,
no se pueden concentrar
o incluso no pueden
pensar con claridad.
Pero ¿qué pasaría
si no pudiera conseguir comida
y no le quedara más remedio
que quedarse sin comer y pasar hambre?
Eso fue justo lo que le ocurrió
al apóstol Pablo
mientras cumplía con su ministerio.
Por ejemplo, en 2 Corintios 11:27,
Pablo dijo: “He pasado hambre y sed,
[y] me he quedado
muchas veces sin comer”.
Puede que esto le pasara a Pablo
cuando tuvo que viajar
por regiones áridas o zonas desérticas.
A veces pasó hambre y sed
porque estaba en un lugar
donde nadie lo conocía
y dependía
de que le ofrecieran comida
o de ganar lo suficiente
para mantenerse.
Además, Pablo vivió
una época de hambre terrible,
un hambre que duró más de tres años
y que causó extrema pobreza
en Judea y en Jerusalén.
Es verdad que pasó todo este tiempo
con poca comida.
Pero fijémonos
en la actitud que tenía el apóstol.
En 2 Corintios, capítulo 6,
versículo 10,
dice que él y otros cristianos
estaban tristes,
aunque siempre felices.
Así que Pablo sabía que los problemas
pueden provocarnos
tristeza y angustia.
Pero ¿cómo podía
estar contento y sentirse feliz
a pesar de tener hambre?
Él mismo lo explica.
Busquemos en la Biblia
la Carta a los Filipenses
y leamos juntos Filipenses, capítulo 4,
versículos 11 al 13.
Pablo dice:
“No digo esto
porque esté pasando necesidad,
pues he aprendido a estar contento
sean cuales sean mis circunstancias.
Sé vivir con poco
y sé vivir con mucho.
En todo y en cualquier circunstancia
he aprendido el secreto
de estar satisfecho
y de pasar hambre,
de tener mucho y de no tener nada.
Tengo fuerzas para todo
gracias a aquel que me da poder”.
¿Notaron que, en el versículo 12,
Pablo habla del “secreto
de estar satisfecho y de pasar hambre”?
Este secreto
implica confiar en que Jehová
cubrirá nuestras necesidades
y estar contentos con lo que él nos dé.
Y Pablo hizo eso:
aprendió un oficio para ganarse la vida
y no ser una carga económica
para los demás.
Estaba totalmente concentrado
en su ministerio,
así que no tenía muchas cosas.
Pero estaba muy agradecido
a sus hermanos
y valoraba muchísimo cualquier ayuda
que ellos le dieran.
Y Pablo aprendió
de todas estas situaciones.
Y, como vio que Jehová
lo ayudó en su vida,
se convenció de que Jehová
siempre cuidaría de él
y le daría lo necesario
en cualquier circunstancia.
Mire el versículo 13.
Jehová le dio fuerzas; le dio poder.
Así que, cuando Pablo pasó
por estos momentos difíciles,
estuvo contento con lo que tenía,
se sintió feliz
y continuó con su ministerio.
Bueno, ¿qué aprendemos
del ejemplo del apóstol Pablo?
Puede que nosotros también
tengamos que pasar hambre
por diferentes razones.
Por ejemplo, por la falta de alimentos.
Esto podría ocurrir
debido a disturbios donde vivamos
o a una crisis económica.
Lo que está pasando en el mundo
ha hecho que muchos pierdan su empleo,
incluidos los hermanos.
Así que, si tenemos
un problema económico,
quizás tengamos que vivir con menos.
Puede que pasemos hambre
por la persecución.
En los campos de concentración,
los nazis les dieron
poco alimento a los hermanos.
Y esa fue una
de las tácticas de Satanás
para que dejaran
de ser leales a Jehová.
Otras veces
es por ayudar a los demás.
Los que se mudan adonde
hay más necesidad de publicadores
a veces deben aprender
a estar contentos con menos.
Así que hay muchas razones
por las que a cualquiera de nosotros
podría faltarle el alimento
o podríamos pasar hambre.
Y podríamos sentir
ansiedad y angustia.
Pero nos sentiremos mejor
si tenemos fe y confiamos en Jehová.
Confiar en Jehová
nos ayuda a estar tranquilos
y a tratar de ir un día a la vez.
En un país con problemas económicos,
un padre dijo:
“Solamente le pedía a Dios:
‘Danos hoy nuestro pan para este día’,
para que pudiéramos sobrevivir”.
Debemos agradecerle a Jehová
lo que nos dé, sea lo que sea.
Cuando ese mismo padre
fue un día a comprar comida,
dijo que lo único que quedaba
era algo que no le gustaba.
Entonces, ¿qué pasó?
Él dijo: “No me gustaba,
pero era comida.
Y eso fue lo que comimos esa noche”.
Y le dio gracias a Jehová
por habérselo dado.
¿Saben?
Quizás ahora nos podemos dar el lujo
de solo comer lo que nos gusta.
Pero imaginemos
que las cosas cambian.
¿Podríamos adaptarnos
y ser agradecidos?
¿Verdad que nos consuela saber
que Dios nos cuida
y nos da lo que necesitamos?
Y, por supuesto,
es importante que nunca rechacemos
la ayuda que Jehová nos da.
A continuación,
veamos el siguiente video.
Mientras lo ve, piense en qué ayudó
a nuestra hermana a ser feliz
a pesar de sufrir por el hambre.
Bueno, aquí, en Venezuela,
mucho antes de la crisis,
no había tantos problemas económicos
como ahora los hay.
Podíamos ir a los mercados,
podíamos escoger la cantidad de comida
que queríamos llevar...
Y, bueno, teníamos una vida tranquila.
Para nosotros empezó
la situación fuerte hace cinco años.
Era difícil conseguir
los alimentos, lo básico.
Cuando llegaba el momento
de comprar algo, pues... ya no había.
Hubo dos ancianos que estuvieron,
por decirle casi que a diario,
al pendiente, me preguntaban la cantidad
de comida que podía necesitar.
A la hora de prepararla y servirla,
siempre me enfocaba más
en que mis hijos estuvieran bien.
Las cantidades de ellos
siempre fueron las mejores.
Aunque mi hijo, el pequeño,
él me decía: “Mami,
¿y eso es lo que tú te vas a comer?”.
Y yo le digo: “Sí, papi,
yo me siento bien con esto”.
Y entonces él decía:
“No creo”.
Pensaba yo: “Yo puedo aguantar”.
Pero la cantidad que estaba consumiendo
no era la que mi cuerpo requería.
Y, en una reunión,
un domingo en la mañana,
pues... me sentí mal.
Y, gracias a Jehová,
mi hija estuvo cerca.
Volví en sí y me dijo:
“Mami, te desmayaste tres veces”.
Y yo dije: “No puede ser”.
Y, bueno, los hermanos inmediatamente
me llevaron al médico...
Allí fue donde me diagnosticaron, pues,
que tenía desnutrición severa.
Ellos tomaron
un plan de acción, ¿verdad?,
de traerme la comida ya lista,
preparada, de hecho,
hasta se sentaban al lado a esperar
a que yo terminara de comer.
No he recuperado todavía mi aspecto,
porque era un poco más gruesa.
Pero, de salud, pues,
me he sentido muy bien.
Y, bueno, esos ancianos, ahí,
al pendiente, al pendiente...,
entonces eso me inyectaba las energías,
y el gozo definitivamente no lo perdí.
Y eso es todo gracias a Jehová.
Gracias a él, porque
él es el que me mantiene.
Pues me viste, me da comida
y me da grandes amigos también.
Eso es lo que me da Jehová.
¿Vieron lo que ayudó
a nuestra hermana?
Primero, su amistad con Jehová.
Sabía que era importante
estar cerca de él
y asistir a todas las reuniones.
Y, por supuesto, los hermanos.
¡Qué bonito ver a los ancianos
preocuparse tanto por ella!
Todos los días iban a verla,
le llevaban comida
para ella y su familia,
y se aseguraban de que comiera bien.
Las tres ayudas que hemos visto
—nuestra amistad con Jehová,
el apoyo de los hermanos
y aferrarnos a nuestra esperanza—
nos ayudarán a ser felices,
aunque pasemos
por periodos de hambre.
Estamos totalmente convencidos
de lo que dijo el apóstol Pablo
en Filipenses 4:12.
En cualquier circunstancia,
Jehová cubre nuestras necesidades.
Él puede hacerlo y lo hace.
Cuando pasamos hambre,
es normal que nos preocupemos
por nuestro bienestar
y el de nuestros seres queridos.
Aun así, como hemos visto,
es posible ser felices
a pesar de no tener mucho
para comer.
La clave es aprender el secreto.
A todos nos gustan los secretos,
y Jehová está deseando
revelarnos este secreto.
Pero debemos confiar en él
y ver cómo cuida de nosotros.
¡Qué contento debe estar Jehová
cuando sus siervos son leales y felices,
y confían en que él
nunca los abandonará!
El hermano Robert Luccioni,
ayudante del Comité de Publicación,
presentará ahora
el siguiente discurso de esta serie:
“Podemos ser felices a pesar...
de la desnudez”.
¿Es posible sentirse feliz
cuando pasamos
por situaciones difíciles?
Hasta ahora hemos visto cómo
el apóstol Pablo siguió siendo feliz
a pesar de las dificultades, la angustia,
la persecución, y hasta del hambre.
Y seguro que esto
ha sido muy animador,
porque muchos de ustedes
han pasado o están pasando
por estas mismas cosas.
¿Pero qué pasa si un día
lo perdemos absolutamente todo
por una revuelta social
o en un desastre natural?
¿Puede la vida de Pablo
enseñarnos algo?
En el texto temático de Romanos 8:35,
el apóstol Pablo dice
que ni siquiera la desnudez
puede separarnos del amor del Cristo.
Pablo vivió esa experiencia
en carne propia.
Busquen conmigo 2 Corintios 11:27
y fíjense cómo describe sus pruebas.
2 Corintios 11:27:
“He trabajado sin descanso
y con mucho esfuerzo,
a menudo he pasado noches sin dormir,
he pasado hambre y sed,
me he quedado muchas veces
sin comer, he pasado frío
y me he quedado sin ropa”,
o como dice la nota “en desnudez”.
A Pablo no le faltaba ropa
porque fuera un flojo.
Por lo que dice la Biblia,
sabemos que Pablo
trabajaba muy duro para mantenerse.
Más bien, eso de pasar frío
y quedarse sin ropa
fue por cosas que le pasaron
mientras servía a Jehová.
Por ejemplo, ¿se acuerdan
de la vez que Pablo iba en un barco
y el barco naufragó
por el viento tan fuerte
que se levantó en el mar Mediterráneo?
La nave se hizo pedazos.
Pablo y los demás
se agarraron como pudieron
de las maderas que flotaban
y lograron llegar a tierra,
pero puede que con muy poca ropa
o desnudos.
¿Se acuerdan? La gente de Malta
tuvo que hacer un fuego
para que los náufragos
entraran en calor.
Otras veces, Pablo tuvo
que huir por su vida solo con lo puesto.
Y otras veces lo golpearon,
lo apedrearon,
y seguro que acabó
con la ropa toda rasgada.
En el relato de Hechos 16:22,
leemos que los magistrados civiles
agarraron a Pablo,
le desgarraron la ropa,
ordenaron que lo golpearan con varas
y después lo metieron en la prisión.
Estos relatos
nos ayudan a entender mejor
lo que dijo Pablo en 1 Corintios 4:11...,
1 Corintios 4:11.
Dice: “Hasta este momento
seguimos pasando hambre y sed,
no tenemos suficiente ropa,
somos golpeados,
estamos sin hogar”.
Pero, a pesar de todas las cosas
por las que pasó,
¿qué les dijo Pablo
a sus compañeros cristianos?
Miren el versículo 16.
Ahí les dice: “Por lo tanto,
les suplico que me imiten”.
Sí, los animó a copiar su ejemplo,
a alegrarse a pesar de las pruebas.
En Romanos 12:12 dijo:
“Alégrense por la esperanza. [...]
Compartan lo que tienen con los santos
según las necesidades de ellos”.
¿Se dan cuenta? Pablo podía
alegrarse y ayudar a los demás
a pesar de los problemas
que tenía él mismo.
Hoy, muchos de nuestros hermanos
han pasado
por desastres naturales terribles.
Piensen en estos ejemplos
del último año:
terremotos en Albania, Filipinas,
Puerto Rico y otros lugares;
graves inundaciones en el Congo,
España y Estados Unidos;
también huracanes y tifones
en las Bahamas y en Filipinas;
incendios terribles en Australia
y en Estados Unidos,
y la lista sigue y sigue.
Y, claro, por culpa
de todos estos desastres
muchos hermanos y hermanas,
algunos de ustedes,
han tenido que huir de sus casas
en medio de la noche
solo con lo que llevaban puesto.
En otros casos, los desastres
acabaron con todo lo que tenían.
Nos duele en el alma
escuchar todo eso.
Queridos hermanos, ustedes,
los que están pasando por todo eso,
queremos que sepan
que oramos por ustedes.
Pero, hasta en esas circunstancias,
nuestros hermanos
no pierden la alegría.
¿Cómo es eso posible?
En el video que vamos a ver ahora,
fíjense en lo que ayudó
a los hermanos a ser felices
a pesar de no tener ropa adecuada
durante algún tiempo.
Vivimos en la ciudad de Nueva York,
y aquí la vida es muy agitada
y la gente va corriendo a todas partes.
Y, si vives aquí,
tienes que ir a ese ritmo.
A nosotros nos iba bastante bien.
Éramos felices con nuestro precursorado,
nuestro trabajo...
Intentando sobrevivir en Nueva York.
Una de las cosas que nos preocupan
en Nueva York es la seguridad.
Por eso tienes que estar pendiente
de lo que pasa a tu alrededor.
Pero lo que nunca habíamos pensado
es en que habría un huracán.
No era algo que nos preocupara.
La primera vez que escuchamos
el aviso de huracán,
estaba lloviendo y hacía mucho viento.
Cuando vimos el agua
entrando en el estacionamiento
de nuestro apartamento,
nos dimos cuenta de que estaba
a punto de pasar algo.
Nos fuimos
solo con lo que llevábamos puesto.
Fue una devastación total.
Lo perdimos todo...
en una sola noche.
Jamás imaginé que el agua entraría
en nuestra casa
y destruiría todas nuestras cosas,
incluso nuestra ropa.
Por primera vez en la vida
me sentí en la miseria.
Tenía el corazón roto.
Lo único que pensaba era
“¿Qué va a ser de nosotros?”.
Teníamos asamblea ese fin de semana,
y yo no tenía ni traje ni corbata.
La verdad es que hasta ese momento
no me había dado cuenta
de lo importante que es la ropa,
porque siempre había tenido.
Los hermanos nos ayudaron
de muchísimas maneras diferentes.
Por ejemplo,
el día antes de la asamblea,
alguien llamó a la puerta...
¡y nos dieron tres trajes!...
¡Y zapatos!
Nos compraron ropa,
nos dieron sobres con dinero
y nos dieron muchísimo cariño.
Fue una experiencia increíble.
Estoy convencido
de que Jehová nos quiere
y de que motivó a los hermanos
a darnos la ropa.
Al final pudimos ir a la asamblea
y disfrutar del alimento espiritual,
a pesar de la situación.
Aunque lo perdimos todo
en sentido material,
hemos podido seguir siendo precursores
hasta el día de hoy.
Jehová lo prometió,
si ponemos en primer lugar el Reino,
él se encargará de todo lo demás.
Y eso me hace muy feliz.
Independientemente de los problemas
que tengamos en la vida,
hasta si en algún momento
nos quedamos sin ropa,
no hay nada que pueda quitarnos
la amistad que tenemos
con nuestro Dios, Jehová.
¿Vieron lo que le ayudó
a este matrimonio?
Lo perdieron todo en una sola noche.
No sabían qué hacer,
qué iba a pasar con ellos.
Pero había algo que tenían claro.
¿Recuerdan lo que dijo Brian?
Que sin importar
los problemas que tengamos,
hasta si nos quedamos sin ropa,
no hay nada que pueda quitarnos
nuestra amistad con Jehová.
La ayuda de los hermanos
les llegó al corazón.
Nunca dejaron de confiar en Jehová.
Su esperanza estaba viva.
¿Qué aprendemos de esto?
Aprendemos que, cuando pasamos
por pruebas,
incluso situaciones en las que perdemos
nuestras posesiones
o perdemos nuestra ropa,
podemos seguir siendo felices
gracias a las tres razones
que hemos visto:
la amistad que tenemos con Jehová,
el apoyo que nos dan los hermanos
y la esperanza segura que tenemos.
Muchos de ustedes
reaccionan de inmediato
cuando ven que sus hermanos
necesitan ayuda.
Hermanos, muchas muchas gracias.
Cada vez hay más desastres:
son más frecuentes, más violentos.
Y por eso nuestros queridos hermanos
necesitan que enviemos
cada vez más ayuda.
Felicidades, hermanos.
Gracias por lo que hacen.
Algunos de ustedes hasta se ofrecen
para ir a las áreas afectadas.
Por ejemplo, después
del huracán Dorian, en las Bahamas,
varios Testigos que son pilotos
llevaron a más de setecientos voluntarios
al lugar del desastre.
Y muchos de ustedes
ayudan a sus hermanos ahí mismo,
en el lugar donde viven.
Por ejemplo, en el Congo.
Muchos hermanos tuvieron
que dejar sus casas
y huir de sus aldeas solo con lo puesto,
por los conflictos sociales.
Lo habían perdido todo.
¿Qué iban a hacer?
¿De qué iban a vivir?
Los hermanos
de las congregaciones vecinas,
aunque ellos mismos tenían muy poco,
les dieron dinero, comida, ropa,
y hasta les dieron un lugar donde vivir.
En Bolivia y en Venezuela,
las congregaciones han estado
preparando comidas
y repartiendo alimentos.
¡Y qué les parece todo lo que han hecho
nuestros hermanos
para ayudar durante esta pandemia
del COVID-19!
Han ofrecido alimentos,
artículos de primera necesidad,
ayuda emocional, espiritual...
Las congregaciones, las familias,
todos ayudándose unos a otros.
¿Y saben qué?
Sus sacrificios,
sus generosas donaciones valen la pena.
Ustedes son una bendición
para los hermanos de todo el mundo.
¡Y piensen en qué bofetada
le estamos dando a Satanás!
¿Por qué decimos eso?
Seguro que recuerdan que en Job 1:11
Satanás insultó a Jehová
y por extensión a todos nosotros,
que amamos a Jehová.
Insinuó que, si teníamos problemas,
le daríamos la espalda a Jehová.
Vamos a verlo en Job 1:11.
Allí dijo: “Pero ahora extiende tu mano
y golpea todo lo que tiene,
y seguro que te maldice
en tu misma cara”.
Satanás estaba convencido
de que, entre perder
nuestras posesiones
y ser leales a Jehová,
elegiremos las posesiones.
Estaba convencido de que,
entre ayudarnos a nosotros mismos
o ayudar a otros,
pensaremos en nosotros.
¡Qué equivocado estaba!
¡Qué rabia le debe dar ver
lo que está pasando hoy
en la organización de Jehová!
Entonces, ¿qué hacemos?
Seguir poniéndolo rabioso.
Seguir ayudando a los hermanos
que tanto lo necesitan.
Y, al hacerlo,
nosotros somos más felices
y hacemos felices
a nuestros hermanos también.
Así que, queridos hermanos,
la idea es que nunca nunca perdamos
la alegría.
Hagamos estas tres cosas:
estemos siempre
muy cerca de Jehová,
agradezcamos el amor
y el apoyo de nuestros hermanos,
y meditemos
en nuestra preciosa esperanza.
No lo olvidemos,
si somos leales a Jehová
a pesar de haberlo perdido todo,
a pesar de haber perdido
hasta nuestra ropa,
él se sentirá muy feliz;
y esa es una de las cosas
que más alegría nos dan.
Ahora el hermano Ralph Walls,
ayudante del Comité de Personal,
presentará la siguiente parte
de esta serie, titulada
“Podemos ser felices a pesar...
del peligro”.
El título de este discurso
no es una pregunta,
más bien, es una afirmación, un hecho.
Podemos ser felices a pesar del peligro.
El apóstol Pablo
fue un buen ejemplo de esto.
Vamos a verlo.
Él fue feliz a pesar del peligro;
y eso que se enfrentó a muchos
durante su ministerio.
Tan solo en un versículo,
mencionó ocho peligros diferentes
a los que se enfrentó;
y uno de ellos fueron los “ladrones”.
Cuando estuvo en Éfeso,
puede que hasta tuviera que pelear
con animales salvajes en el circo.
Por favor, busquen conmigo
2 Corintios, capítulo 1,
y leeremos los versículos 8 a 11.
Fíjense en lo que dice:
“Hermanos, queremos que estén al tanto
de los problemas que tuvimos
en la provincia de Asia”.
Pablo escribió esto cuando estaba
en Europa, en Macedonia.
Y continúa diciendo:
“Estuvimos bajo una presión tan grande
que superaba nuestras fuerzas,
hasta el punto de temer
por nuestras vidas.
De hecho, nos sentimos
como si ya estuviéramos
condenados a muerte.
Esto sucedió para que no confiáramos
en nosotros mismos,
sino en el Dios
que levanta a los muertos.
Él nos libró
de tan terrible peligro de muerte,
y nos librará de nuevo.
Y ponemos nuestra esperanza en él,
en que seguirá librándonos.
Ustedes también pueden ayudarnos
rogando por nosotros.
Así muchos podrán
dar gracias por nosotros
a causa de la ayuda que recibimos
en respuesta a las oraciones de muchos”.
No había pasado ni un año
desde que Pablo había escrito
su primera carta a los corintios.
Para entonces él estaba en Asia,
en la ciudad de Éfeso.
En el capítulo 15 de esa carta,
el versículo 32, dice:
“Si yo, como otros hombres,
he peleado
con animales salvajes en Éfeso,
¿de qué me sirve?”.
Según esto, es posible que Pablo
tuviera que pelear literalmente
con animales salvajes.
Pero su esperanza en la resurrección
lo fortaleció.
Como él dijo:
“Esto sucedió para que no confiáramos
en nosotros mismos,
sino en el Dios
que levanta a los muertos”.
También lo ayudaron y fortalecieron
los hermanos.
Él dijo:
“Ustedes también pueden ayudarnos
rogando por nosotros.
Así muchos podrán
dar gracias por nosotros
a causa de la ayuda que recibimos
en respuesta a las oraciones de muchos”.
En nuestro caso, nosotros también
contamos con hermanos cariñosos,
que nos ayudan y nos apoyan
de muchas maneras.
En cierta ocasión,
Pablo y sus compañeros de viaje
estaban bajo “una presión tan grande”
que llegaron hasta el punto
de temer por sus vidas.
¿Dónde encontró Pablo
ánimo y consuelo?
Pues lo animaron y lo consolaron
los hermanos que fueron a ayudarlo.
Cuando ocurren desastres naturales
y otras catástrofes,
una y otra vez son los hermanos
los primeros en presentarse
para ayudar tanto material
como espiritualmente
no solo a los Testigos
sino a otras personas también.
Hoy en día, los cristianos
no tenemos que enfrentarnos
a animales salvajes en los circos.
Sin embargo, igual que Pablo,
nosotros podemos ser felices
a pesar de los peligros que enfrentemos.
Cualquiera puede ser víctima
de los ladrones,
o sufrir una agresión física,
especialmente en tiempos
de disturbios sociales.
La Biblia predijo
que en estos últimos días
las personas serían feroces
y no amarían lo que es bueno.
En el siguiente video,
fijémonos en lo que ayudó
a una familia a ser feliz
a pesar de estos peligros.
Nací y vivo en Caracas,
exactamente en Petare.
Y, en Petare, pues... me enfrento
a la violencia, la delincuencia...
Hace algunos años perdimos
a una hermana precursora,
lamentablemente la alcanzó una bala.
Bueno, algo similar le pasó a mi hijo.
Hubo un enfrentamiento
aquí en el barrio,
y una de las balas alcanzó a mi hijo...
y perdió la vida instantáneamente.
Era incómodo entrar al cuarto
y ver la cama vacía.
De repente, ver sus cosas,
sus zapatos...
ver la ropa que a él más le gustaba,
y verla ahí en el escaparate...
Era inevitable llorar,
porque eran situaciones muy difíciles
de soportar en ese momento.
La congregación,
de hecho, el mismo día
que se enteraron de la situación,
ahí mismo me apoyaron,
estuvieron conmigo
haciendo todas las diligencias
que se hacen
cuando uno pierde un ser querido.
Después que sucedió todo esto,
tuve mucho miedo
de seguir saliendo a la predicación,
de hecho, temía por mi vida,
incluso hasta por la de mi familia.
Le oraba a Jehová,
y Jehová me dio la sabiduría práctica
para salir adelante, y así fue.
A veces, cuando estoy solo y medito
y pienso en él,
llegan esos recuerdos y, por supuesto,
recaigo, de una manera... pues...
y empiezo a llorar nuevamente.
Pero el tener en mente
esta promesa de la resurrección
es lo que me motiva a seguir adelante.
Un relato que me llama mucho la atención
y que siempre tengo presente
es el de Lázaro.
Allí Marta usa una expresión,
y ella dice:
“Yo sé que se levantará
en el último día”.
Y esa misma confianza
la he cifrado yo en Jehová.
Yo sé que él se va a levantar.
Jehová me lo va a dar.
En el momento que sucedió
esta cosa tan horrible,
sí... perdí la alegría un poco.
Pero, después que pasa como....
ese luto, la resurrección nos da alegría.
Y es como que Jehová me dice:
“Mira, quédate tranquilo”.
Es como darme una palmadita:
“Sigue adelante,
que así te va a pasar a ti.
Mantente fiel y sigue leal,
que yo te lo daré”.
¿Qué fue lo que ayudó a esta familia
a ser feliz a pesar del peligro?
La oración,
su esperanza en la resurrección,
el apoyo de los hermanos,
y por supuesto el espíritu de Jehová.
¿Qué ayudas le está dando
Jehová a usted para ser feliz
a pesar de los peligros
que tenga que afrontar?
¿Es su amistad con Jehová,
la hermandad,
nuestra esperanza,
o alguna otra cosa?
En estos últimos días,
tiempos críticos, difíciles de soportar,
Jehová quiere que seamos felices
al saber que pronto
los peligros desaparecerán.
Queremos que llegue
el fin de este sistema
tanto como Habacuc quería que acabara
la maldad que había en su tiempo.
Vamos a buscar Habacuc, capítulo 1.
Imagine la angustia que sintió Habacuc
al ver la violencia, las peleas
y la opresión que había a su alrededor.
Él pregunta:
“Oh, Jehová,
¿hasta cuándo [...]?
¿Hasta cuándo tengo que pedir
que me libres de la violencia [...]?
¿Por qué me haces ver
tantas cosas malas?
¿Por qué toleras la opresión?
¿Por qué hay destrucción y violencia
delante de mí?
¿Y por qué hay
tantas peleas y conflictos?”.
¿Por qué? ¿Por qué?
¿Por qué? ¿Por qué?
¿Hasta cuándo?
Pero veamos lo que él escribió
en el capítulo 2, el versículo 3:
“Porque todavía falta para que llegue
el tiempo fijado de la visión,
y esta avanza rápidamente
hacia su final, y no fallará.
Aunque se retrasara,
¡mantente a la expectativa!
Se cumplirá sin ninguna duda.
¡No llegará tarde!”.
Igual que Habacuc,
confiamos en Jehová.
Y estamos seguros de que muy pronto
acabará con la violencia.
Habacuc confiaba
en su Padre y Amigo, Jehová.
Por eso le pidió ayuda de inmediato.
No se limitó a preocuparse
por la situación
ni se centró
en su forma de ver las cosas,
sino que le expresó a Jehová
sus sentimientos.
Nos puso un buen ejemplo.
Veamos cuál fue su actitud,
en el capítulo 3, versículo 18.
Aquí él dice:
“Aun así, estaré muy alegre
gracias a Jehová,
estaré feliz
gracias al Dios de mi salvación”.
Jehová, “que escucha las oraciones”,
nos anima a confiar en él
y a contarle nuestras preocupaciones.
Jehová no regañó a Habacuc
por contarle sus inquietudes.
Las dejó en la Biblia.
Probablemente para mostrarnos
que es normal sentirnos así a veces.
Jehová quiere que hablemos con él.
Si lo hacemos,
él contestará nuestras oraciones
y sentiremos cómo nos arropa con cariño
y cómo nos guía.
Nos ayudará a saber qué hacer
en cualquier situación.,
Cuando oramos con el corazón,
le demostramos a Jehová
que confiamos en él.
Nos alegra saber que Jehová
está deseando liberarnos
de todos los peligros.
El hermano David Schafer,
ayudante del Comité de Enseñanza,
nos presentará
el último discurso de esta serie:
“Podemos ser felices...
a pesar de la espada”.
Durante su primer arresto en Roma,
aproximadamente desde el año 59 al 61,
al apóstol Pablo se le permitió quedarse
en una casa alquilada,
aunque custodiado por un soldado.
En esos dos años,
le predicó a todo el que lo visitaba
y escribió cartas inspiradas
a los efesios, a los filipenses,
a los colosenses, a Filemón
y probablemente a los hebreos.
Después, al parecer Pablo fue liberado.
Pudo continuar con su labor
como misionero
y pudo escribirle a Timoteo,
que estaba sirviendo en Éfeso,
y a Tito, que estaba sirviendo en Creta.
Poco después, un incendio destruyó
gran parte de Roma
y al parecer el emperador Nerón
le echó la culpa a los cristianos.
Y una vez más el apóstol Pablo
se vio encadenado.
Después de décadas
de fiel servicio a Dios
—para entonces era el año 65—,
¿cómo se sentía Pablo?
Lo sabremos si leemos la segunda carta
que le escribió a Timoteo,
ya estando en la cárcel.
Busquemos, por favor,
la Segunda a Timoteo, capítulo 4.
¿Llevaban espadas los hombres
que arrestaron a Pablo?
Sin duda.
¿Recordó Pablo al ver las espadas
que el rey Herodes Agripa I
había ejecutado a Santiago,
el hermano de Juan, con la espada?
Es muy probable.
En este pasaje de 2 Timoteo,
podemos ver que Pablo estaba seguro
de que su ejecución era inminente.
Y también podemos ver algo más.
Podemos ver las tres cosas que ayudaron
a Pablo a enfrentarse a la muerte.
Por favor, lean conmigo 2 Timoteo,
capítulo 4, versículos 6 a 8:
“Porque ya estoy siendo derramado
como ofrenda líquida,
y el momento de mi liberación
está muy cerca”, es decir,
su muerte y luego su resurrección
para ir al Reino celestial de Cristo.
Y el versículo 7 dice:
“He peleado el noble combate,
he terminado la carrera”.
“He terminado”.
Pablo estaba seguro de que el final
de su carrera estaba muy cerca
y de que la ganaría.
Y añade: “Me he mantenido en la fe.
A partir de ahora está reservada para mí
la corona de la justicia”,
y aquí vemos lo firme
que era la esperanza de Pablo.
Y sigue: “Que el Señor, el justo juez,
me dará como recompensa en ese día”.
¿Notan lo fuerte que era la amistad
de Pablo con Jehová,
según estas palabras, la confianza total
que tenía en que el Hijo de Dios
le daría la recompensa prometida?
Y luego dice:
“Pero no solo a mí,
sino también a todos los que han
esperado con ganas su manifestación”.
Pablo amaba a sus hermanos
y no se olvidó de ellos.
Así es como Pablo pudo ser feliz
aunque se enfrentó a la muerte,
tenía a sus hermanos,
su amistad con Jehová y su esperanza.
No es que Pablo quisiera morirse.
Claro que habría preferido
seguir viviendo
y sirviendo a Jehová
con sus hermanos cristianos.
Aun así, se enfrentó
a la muerte con valor.
Y le alegraba pensar en la recompensa
que él sabía que le esperaba.
Igual que Pablo, podemos ser felices
aunque nos enfrentemos a la muerte.
¿Cómo?
Vayamos al texto en el que se basa
esta serie de discursos, Romanos 8:35.
¿Cuál es la respuesta a las preguntas
que Pablo plantea aquí?
O sea, “¿Quién va a separarnos
del amor del Cristo?
¿Las dificultades? ¿La angustia?
¿La persecución? ¿El hambre?
¿La desnudez?
¿El peligro? ¿La espada?”.
La respuesta la encontramos
en los versículos 38 y 39:
“Porque estoy convencido
de que ni muerte ni vida,
ni ángeles ni gobiernos,
ni cosas presentes ni cosas futuras,
ni poderes, ni altura ni profundidad,
ni ninguna otra creación
podrá separarnos
[sí, ni la muerte podrá separarnos]
del amor de Dios que está
en Cristo Jesús nuestro Señor”.
Una pausa temporal en la tumba
no puede acabar con el amor
que Jehová siente por sus siervos.
¿Sigue amando Jehová a Abrahán,
a Isaac y a Jacob?
¿Y qué hay de Sara, Rebeca,
Job, Moisés, Daniel?
¿Y qué hay de todos
los que han muerto en la cárcel
y en campos de concentración por su fe?
¿Los ama todavía Jehová?
Claro que sí.
Y él sigue amando
a los cientos de hermanos y hermanas
que han muerto recientemente
por culpa del coronavirus.
Si usted ha perdido a su abuelita,
a su papá, a su hermana,
Jehová todavía los ama.
Los tiene en su memoria, los resucitará.
Y saber eso nos ayuda,
queridos hermanos,
cuando nos enfrentamos a la muerte,
como le pasó a Pablo.
En el siguiente video,
veamos de qué maneras específicas
ayudó Jehová a nuestro hermano
Baite Michael Dugbe
a ser feliz a pesar de tener
que enfrentarse a la muerte.
Cuando tu mundo se derrumba
y todo a tu alrededor es caótico,
lo único que te queda
es tu amistad con Jehová.
Me llamo Baite Michael Dugbe.
Nací en Monrovia, Liberia, en 1980.
Antes de que empezara la guerra,
en Monrovia se vivía muy bien.
Tenía unos padres maravillosos,
vivíamos en una casa muy bonita
e iba a una buena escuela.
Cuando tenía nueve años,
todo cambió de la noche a la mañana.
En las noticias decían
que un grupo de rebeldes
quería dar un golpe de estado.
Al escuchar esto,
la gente entró en pánico.
Los negocios empezaron a cerrar,
cortaron los servicios básicos,
no había luz... ni agua...
Todo se paró.
Los siguientes años
fueron muy inestables.
Y, en 1996, todo se vino abajo otra vez.
Estalló la guerra,
y los rebeldes estaban en la ciudad.
Había muchos saqueos,
tiroteos por todas partes...
y los rebeldes torturaban a todo el que
no estuviera dispuesto a unirse a ellos.
En situaciones como esas,
se pasa mucho miedo,
la gente está aterrada.
Y, cuando estás muy asustado,
lo mejor que puedes hacer es orar,
orar a Jehová.
Pedirle que te dé guía para saber
qué es lo que tienes que hacer.
El conflicto empeoró,
y la zona en la que vivíamos nosotros
ya no era segura.
Tuvimos que huir,
y al final nos refugiamos en la sucursal.
Los hermanos fueron
muy cariñosos con nosotros
y nos cuidaron muy bien.
Se aseguraron de que pudiéramos seguir
con nuestras actividades espirituales.
Cuando pienso en todo lo que pasó,
me siento muy agradecido de seguir vivo.
Hay dos cosas
que nos ayudaron a aguantar.
En primer lugar,
nuestra amistad con Jehová,
que es lo único que nos ayuda
a mantener la estabilidad.
Y algo que también
nos ayudó a sobrevivir
fue la ayuda de los hermanos.
En situaciones como esas
es cuando te das cuenta
de cuánto necesitas a los hermanos.
Trabajo en Betel,
en Servicios de Audio y Video,
y soy muy feliz con lo que hago.
Quiero mucho a todos los hermanos
con los que trabajo.
Gracias a Jehová estoy vivo
y puedo servirle cada día.
Este video nos recuerda
que la vida en este sistema es frágil.
Pero ¿vieron que fue lo que ayudó
al hermano Dugbe
a ser feliz a pesar de enfrentarse
a la muerte?
Fue su amistad con Jehová.
Y también los hermanos,
que lo ayudaron a seguir estudiando,
asistiendo a las reuniones y predicando,
y eso mantuvo viva su esperanza.
¿Es posible que algunos de nosotros
tengamos que morir por nuestra fe,
como muchos cristianos del siglo primero
y algunos de nuestros días?
Sí.
No tenemos garantizada
una vida sin problemas en este sistema.
También podemos morir
por culpa de una enfermedad,
un accidente o por las cosas malas
que suceden en estos últimos días.
Puede que muramos
antes de que llegue el nuevo mundo,
como les ha pasado
a muchos de nuestros hermanos,
o puede que sobrevivamos
a la gran tribulación.
En cualquier caso
tenemos que estar decididos
a mantenernos leales
a Jehová hasta el fin.
“El que aguante hasta el fin
será salvado”.
Si damos por sentado
que el nuevo mundo llegará
antes de que muramos,
puede que no estemos preparados
para permanecer leales hasta la muerte,
si fuera necesario.
Por otro lado, si damos por sentado
que no estaremos
cuando llegue la gran tribulación,
tampoco estaremos preparados
para afrontarla.
La única manera de estar preparados
para cualquiera de las dos situaciones
es mantenernos
espiritualmente fuertes y alertas.
“Estén siempre vigilantes —dijo Jesús—,
porque no saben
en qué día viene su Señor”.
Nos ha venido muy bien analizar
más detenidamente
la convicción que el apóstol Pablo
expresó en Romanos,
capítulo 8, versículo 35.
¿Qué hemos aprendido
en esta serie de discursos?
Hemos visto que Romanos 8:35-39
nos asegura que ninguna prueba
puede hacer
que Jehová deje de amarnos.
Saber que contamos con la aprobación
y el amor de Jehová
aunque pasemos por pruebas
nos ayuda a ser felices
a pesar de las dificultades,
la angustia, la persecución,
el hambre, la desnudez, el peligro,
la espada o cualquier otra cosa.
Por eso, permanezcamos
siempre cerca de Jehová,
el Dios que tanto nos ama.
Fortalezcamos nuestra confianza
en él estudiando y orando.
Tengamos la seguridad
de que Jehová nos ama.
Valoremos nuestra preciosa hermandad
y estemos unidos unos a otros.
Meditemos en nuestra esperanza
y en la maravillosa vida que nos espera.
Y, finalmente,
recordemos la oración inspirada
que encontramos en Colosenses 1:11.
Si seguimos haciendo estas cosas,
hermanos, entonces, igual que Pablo,
podremos ser felices
aunque pasemos por cualquier prueba.
Leamos esas animadoras palabras
en Colosenses 1,
la segunda parte del versículo 11:
“Sean fortalecidos con todo el poder
necesario para aguantar”.
¿Y cuánto poder tiene Dios
para darnos a nosotros?
No tenemos que imaginárnoslo,
porque la Biblia nos dice
lo que Jehová ha hecho
y lo que hará
por medio del espíritu santo,
la fuerza más poderosa que existe.
¿Y para qué nos va a dar
el espíritu santo?
No solo para poder aguantar,
no solo para poder aguantar todo,
no solo para poder aguantar todo
con paciencia, sino, como dice aquí,
para poder “aguantar todo
con paciencia y felicidad”.
Así que estamos seguros
de que podemos aguantar
cualquier prueba
no importa lo difícil que sea,
no importa lo que dure,
gracias al amor de Jehová,
que nunca falla,
y así podremos ser felices ahora
y para siempre.
Gracias por esos discursos
tan animadores.
Y le damos gracias a Jehová
por darnos lo que necesitamos
para seguir siendo felices.
Pongámonos de pie
y cantemos la canción número 9,
¡Jehová es nuestro Rey!
Canción número 9.