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Episodio 5: Impactados con su manera de enseñar

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Luego bajó con ellos
y se detuvo en un lugar llano.
Había allí un gran número
de sus discípulos
¡Rabí! ¡Rabí! ¡Rabí!
y una gran multitud de gente
Rabí.
de toda Judea,
de Jerusalén
y de la región costera
de Tiro y Sidón.
Habían venido para oírlo
y para ser curados
de sus enfermedades.
Rabí.
Rabí, por favor.
Por favor.
¡Gracias!
Por favor, Rabí.
Hasta los que estaban atormentados
por espíritus malignos
quedaban curados.
Y toda la multitud
intentaba tocarlo
porque de él salía un poder
que los curaba a todos.
Felices los que reconocen
sus necesidades espirituales,
porque el Reino de los cielos es de ellos.
Felices los que se lamentan,
porque serán consolados.
Felices los que son apacibles,
porque van a heredar la tierra.
Felices los que tienen
hambre y sed de justicia,
porque serán saciados.
Felices los que son misericordiosos,
porque serán tratados
con misericordia.
Felices los que tienen
un corazón puro,
porque verán a Dios.
Felices los que fomentan la paz,
porque serán llamados
hijos de Dios.
Felices los que han sido perseguidos
por causa de la justicia,
porque el Reino de los cielos es de ellos.
Felices ustedes
cuando, por causa de mí,
la gente los insulte,
los persiga
y, mintiendo, diga todo tipo
de cosas malas sobre ustedes.
Estén felices
y radiantes de alegría,
ya que su recompensa
es grande en los cielos,
porque a los profetas
que vivieron antes que ustedes
también los persiguieron así.
Pero ¡ay de ustedes, los ricos,
porque ya han recibido
todo su consuelo!
¡Ay de ustedes,
los que ahora están saciados,
porque pasarán hambre!
¡Ay de ustedes,
los que ahora ríen,
porque se lamentarán y llorarán!
¡Ay cuando todos
hablen bien de ustedes,
porque eso es
lo que los antepasados de ellos
hicieron con los profetas falsos!
Ustedes son la sal de la tierra.
Pero, si la sal pierde su fuerza,
¿acaso puede volver a ser salada?
Ya no sirve para nada,
sino para echarla afuera
y que la gente la pisotee.
Ustedes son la luz del mundo.
No se puede esconder una ciudad
que está en lo alto
de una montaña.
Nadie enciende una lámpara
para luego taparla
con una canasta,
la pone en el candelero
para que alumbre
a todos los que están en la casa.
De la misma manera,
hagan brillar su luz
a la vista de la gente.
Que vean sus buenas obras
y así le den gloria a su Padre
que está en los cielos.
No piensen que vine
a anular la Ley o los Profetas.
No vine a anular,
sino a cumplir.
Yo les aseguro
que no desaparecerá
ni la más pequeña letra
ni un trazo de una letra de la Ley
hasta que todo suceda.
¡Antes desaparecerían
el cielo y la tierra!
Por eso,
quien desobedezca
uno de sus mandamientos
más pequeños
y les enseñe a otros
a hacer lo mismo
será considerado más pequeño
con relación al Reino de los cielos.
En cambio, quien los obedezca
y se los enseñe a otros
será considerado grande
con relación al Reino de los cielos.
Les digo
que, si ustedes no son más justos
que los escribas y los fariseos,
nunca van a entrar
en el Reino de los cielos.
Ya oyeron
que a sus antepasados se les dijo:
“No asesines,
y todo el que cometa un asesinato
tendrá que responder
ante el tribunal de justicia”.
Pero yo les digo
que tendrá que responder
ante el tribunal de justicia
todo el que siga furioso
con su hermano.
Y todo el que insulte
con desprecio a su hermano
tendrá que responder
ante el Tribunal Supremo.
Pero todo el que le diga
“¡Eres un estúpido despreciable!”
se arriesga a acabar
en la Gehena de fuego.
Por eso,
si estás llevando
tu ofrenda al altar
y allí te acuerdas
de que tu hermano
tiene algo contra ti,
deja tu ofrenda allí,
delante del altar,
y vete.
Primero haz las paces
con tu hermano,
y luego vuelve
y presenta tu ofrenda.
Si un adversario te lleva a juicio,
trata de resolver
las cosas cuanto antes,
mientras aún van
de camino al tribunal,
no sea que tu adversario
te entregue al juez,
luego el juez
te entregue al guardia del tribunal
y tú acabes en prisión.
Yo te aseguro
que de ningún modo
saldrás de allí
hasta que hayas pagado
la última monedita.
Ustedes oyeron que se dijo:
“No cometas adulterio”.
Pero yo les digo
que todo el que sigue
mirando a una mujer
hasta el punto de sentir
pasión por ella
ya ha cometido adulterio con ella
en su corazón.
Por eso,
si tu ojo derecho
te está haciendo tropezar,
arráncatelo y échalo lejos.
Es preferible que pierdas
uno de tus miembros
a que todo tu cuerpo
sea arrojado a la Gehena.
Igualmente, si tu mano derecha
te está haciendo tropezar,
córtatela y échala lejos.
Es preferible que pierdas
uno de tus miembros
a que todo tu cuerpo
vaya a parar a la Gehena.
También se dijo:
“Que todo el que se divorcie de su esposa
le dé un certificado de divorcio”.
Pero yo les digo
que todo el que se divorcia de su esposa
—a menos que sea
por inmoralidad sexual—
la pone en peligro
de cometer adulterio,
y cualquiera que se case
con la divorciada
también comete adulterio.
También oyeron
que a sus antepasados se les dijo:
“No jures para luego no cumplir;
cumple los votos
que le hagas a Jehová”.
Pero yo les digo:
no juren nunca;
ni por el cielo,
porque es el trono de Dios;
ni por la tierra,
porque es el banquillo
para sus pies;
ni por Jerusalén,
porque es la ciudad del gran Rey.
Tampoco jures por tu cabeza,
porque no puedes volver
blanco o negro
ni un solo cabello.
Simplemente,
cuando digan “sí”,
que sea sí,
y, cuando digan “no”,
que sea no.
Cualquier otra cosa que se diga
viene del Maligno.
Ustedes oyeron que se dijo:
“Ojo por ojo
y diente por diente”.
Pero yo les digo:
no le hagan frente
a alguien malo.
Al que te dé una bofetada
en la mejilla derecha,
ofrécele también la otra mejilla.
Y, si alguien quiere llevarte al tribunal
para quedarse con tu túnica,
deja que se quede también
con tu manto.
Y, si alguien con autoridad
te obliga a prestarle
un servicio por una milla,
ve con él dos millas.
Al que te pide algo, dáselo.
Y, al que te pide que le prestes,
no le des la espalda.
Ustedes oyeron que se dijo:
“Ama a tu prójimo
y odia a tu enemigo”.
Pero yo les digo
que amen a sus enemigos
y oren por los que los persiguen.
Así demostrarán
que son hijos de su Padre
que está en los cielos,
ya que él hace salir su sol
sobre malos y buenos,
y envía la lluvia
sobre justos e injustos.
Porque, si aman
a los que los aman,
¿qué recompensa merecen?
¿Acaso no hacen lo mismo
los cobradores de impuestos?
Si tratan bien
a los que los tratan bien,
¿qué mérito tienen?
Hasta los pecadores hacen eso.
Y, si solo saludan a sus hermanos,
¿qué tiene eso de especial?
¿Acaso no hace lo mismo
la gente de las naciones?
Y, si les prestan algo
a quienes ustedes piensan
que van a devolvérselo,
¿qué mérito tienen?
Hasta los pecadores
les prestan a otros
para recibir lo mismo de vuelta.
Ustedes, en cambio,
amen a sus enemigos,
hagan el bien
y presten sin esperar
que se les devuelva nada.
Entonces, su recompensa será grande
y serán hijos del Altísimo,
porque él es bondadoso
hasta con los desagradecidos y malvados.
Por lo tanto, sean perfectos,
tal como su Padre celestial es perfecto.
Cuidado con hacer
lo que es correcto
delante de la gente
para que ellos los vean.
Si hacen eso, no recibirán
ninguna recompensa de su Padre.
Cuando le des ayuda
a un necesitado,
no vayas tocando la trompeta
como hacen los hipócritas
en las sinagogas
y en las calles
para que los demás los alaben.
Les aseguro
que ellos ya han recibido
toda su recompensa.
Más bien,
cuando le des ayuda
a un necesitado,
que tu mano izquierda no sepa
lo que hace tu mano derecha;
así la ayuda que les des
a los necesitados
se mantendrá en secreto.
Y entonces tu Padre,
que mira en secreto,
te lo pagará.
También, cuando oren,
no hagan como los hipócritas.
A ellos les gusta orar de pie
en las sinagogas
y en las esquinas
de las calles principales
para que los demás los vean.
Les aseguro que ellos
ya han recibido
toda su recompensa.
En cambio tú,
cuando vayas a orar,
entra en tu cuarto
y, después de cerrar la puerta,
órale a tu Padre,
que está en lo secreto.
Y entonces tu Padre,
que mira en secreto,
te lo pagará.
Cuando ores,
no repitas lo mismo
una y otra vez,
como hace la gente
de las naciones,
que cree que será escuchada
por usar muchas palabras.
No sean como ellos.
Su Padre ya sabe
lo que ustedes necesitan
incluso antes de que se lo pidan.
Ustedes deben orar
de esta manera:
“Padre nuestro
que estás en los cielos,
que tu nombre sea santificado.
Que venga tu Reino.
Que se haga tu voluntad,
como en el cielo,
también en la tierra.
Danos hoy nuestro pan
para este día;
perdónanos nuestras deudas,
como nosotros también perdonamos
a nuestros deudores.
Y no nos dejes caer
en la tentación,
sino líbranos del Maligno”.
Porque, si ustedes les perdonan
a otros sus ofensas,
su Padre celestial
también los perdonará a ustedes.
Pero, si no les perdonan
sus ofensas a los demás,
su Padre tampoco perdonará
las ofensas de ustedes.
Cuando ayunen,
dejen de poner cara triste,
como hacen los hipócritas,
porque ellos cambian
el aspecto de su rostro
para que los demás vean
que están ayunando.
Les aseguro
que ellos ya han recibido
toda su recompensa.
Pero tú, cuando ayunes,
ponte aceite perfumado en la cabeza
y lávate la cara
para que no sea la gente
la que te vea ayunando,
sino solo tu Padre,
que está en lo secreto.
Y entonces tu Padre,
que mira en secreto,
te lo pagará.
Dejen de acumular
tesoros en la tierra,
donde las polillas y el óxido
los echan a perder
y donde los ladrones entran a robar.
Más bien, acumulen para ustedes
tesoros en el cielo,
donde ni las polillas ni el óxido
los echan a perder
y donde los ladrones
no entran a robar.
Porque, donde esté tu tesoro,
ahí también estará tu corazón.
La lámpara del cuerpo son los ojos.
Si tus ojos están bien enfocados,
todo tu cuerpo brillará.
Pero, si tus ojos son envidiosos,
todo tu cuerpo estará oscuro.
Si la luz que hay en ti
en realidad es oscuridad,
¡qué oscuridad tan grande la tuya!
Nadie puede ser
esclavo de dos amos,
porque odiará a uno
y amará al otro,
o le será leal a uno
y despreciará al otro.
No pueden ser esclavos de Dios
y a la vez de las Riquezas.
Por eso les digo:
dejen de angustiarse por su vida,
por lo que van a comer y beber;
o por su cuerpo,
por lo que van a ponerse.
¿No vale más la vida
que el alimento
y el cuerpo que la ropa?
Observen con atención
las aves del cielo.
No siembran ni cosechan
ni almacenan en graneros,
pero su Padre celestial las alimenta.
¿Y acaso no valen ustedes
más que ellas?
¿Quién de ustedes,
por angustiarse,
puede alargar un solo codo
la duración de su vida?
Además,
¿por qué se angustian por la ropa?
Aprendan una lección
de cómo crecen
los lirios del campo.
No trabajan duro
ni hilan;
pero les digo que ni siquiera Salomón
en toda su gloria
se vistió como uno de ellos.
Entonces, si Dios viste así
a la vegetación del campo,
que hoy está aquí
y mañana se echa al horno,
¿no los vestirá a ustedes
con mucha más razón,
gente de poca fe?
Así que nunca se angustien y digan:
“¿Qué vamos a comer?”,
o “¿Qué vamos a beber?”,
o “¿Qué vamos a ponernos?”.
Porque es la gente de las naciones
la que busca estas cosas
con tanto empeño.
Su Padre celestial sabe
que ustedes necesitan
todas estas cosas.
Por lo tanto,
sigan buscando primero el Reino
y la justicia de Dios,
y entonces recibirán también
todas esas cosas.
Así que nunca se angustien
por el día siguiente,
porque el día siguiente traerá
sus propias preocupaciones.
Bastante hay
con los problemas de cada día.
Dejen de juzgar,
para que no sean juzgados.
Porque así como juzguen a otros
serán juzgados ustedes,
y la medida que usen con otros
es la que usarán con ustedes.
¿Por qué miras la paja
que tiene tu hermano en su ojo
pero no te fijas en la viga
que tienes en el tuyo?
¿Y cómo puedes decirle
a tu hermano
“déjame sacarte
la paja del ojo”,
si resulta que tú tienes
una viga en el tuyo?
¡Hipócrita!
Primero sácate la viga de tu ojo
y verás claramente
cómo sacar la paja
del ojo de tu hermano.
Tengan la costumbre de dar
y también se les dará.
Les echarán
en el pliegue de su ropa
una medida generosa, apretada,
sacudida y rebosante.
Porque la medida
que usen con otros
es la que usarán con ustedes.
No les den cosas santas a los perros.
Tampoco echen sus perlas
delante de los cerdos,
no sea que las pisoteen,
se vuelvan contra ustedes
y los hagan pedazos.
Sigan pidiendo
y se les dará,
sigan buscando
y encontrarán,
sigan tocando a la puerta
y se les abrirá.
Porque todo el que pide recibe,
y todo el que busca encuentra,
y a todo el que toca a la puerta
se le abrirá.
Si su hijo les pide pan,
¿quién de ustedes
le da una piedra?
Y, si les pide un pescado,
¿verdad que no le dan
una serpiente?
Por lo tanto, si ustedes,
aunque son malos,
saben darles buenos regalos a sus hijos,
¡con mucha más razón
su Padre que está en los cielos
les dará cosas buenas
a quienes se las piden!
Por eso, todo lo que les gustaría
que hicieran por ustedes
háganlo también por los demás.
De hecho, en eso se resumen
la Ley y los Profetas.
Entren por la puerta angosta.
Porque ancha es la puerta
y espacioso es el camino
que lleva a la destrucción,
y son muchos los que entran
por esa puerta;
mientras que angosta es la puerta
y estrecho es el camino
que lleva a la vida,
y pocos lo encuentran.
Cuidado con los profetas falsos,
que se les acercan
disfrazados de oveja
pero por dentro
son lobos voraces.
Los reconocerán
por sus frutos.
Nunca se recogen uvas
de los espinos
ni higos de los cardos, ¿verdad?
Igualmente,
un árbol bueno
da frutos buenos,
pero un árbol podrido
da frutos malos.
Un árbol bueno
no puede dar frutos malos
y un árbol podrido
no puede dar frutos buenos.
Todo árbol que no da frutos buenos
se corta y se echa al fuego.
Así que a esos hombres
los reconocerán por sus frutos.
No todos los que me dicen
“Señor, Señor”
entrarán en el Reino de los cielos.
Solo entrarán
los que hacen
la voluntad de mi Padre
que está en los cielos.
Ese día, muchos me dirán:
“Señor, Señor,
¿acaso no profetizamos
en tu nombre
y en tu nombre
expulsamos demonios
y en tu nombre hicimos
muchos milagros?”.
Pero entonces les diré:
“¡Yo a ustedes
nunca los conocí!
¡Aléjense de mí,
ustedes que violan la ley!”.
Por lo tanto,
todo el que escuche
lo que he dicho y lo haga
será como el hombre prudente
que construyó su casa
sobre la roca.
Cayó la lluvia,
crecieron las aguas,
los vientos soplaron con fuerza
y golpearon contra aquella casa...,
pero la casa no se vino abajo,
porque tenía los cimientos en la roca.
En cambio,
todo el que escuche
lo que he dicho
pero no lo haga
será como el hombre insensato
que construyó su casa
sobre la arena.
Cayó la lluvia,
crecieron las aguas,
los vientos soplaron con fuerza
y sacudieron la casa...,
y la casa se vino abajo.
Su caída fue tremenda.
Cuando Jesús terminó
de decir estas cosas,
las multitudes
estaban impactadas
con su manera de enseñar
porque les enseñaba
como una persona
con autoridad,
y no como sus escribas.