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Cuando eres adolescente: ¿Cómo te puede ayudar la Biblia?

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Cuando yo nací, mi papá y mi mamá
ya eran testigos de Jehová.
Así que estudiaba la Biblia con ellos,
íbamos a las reuniones
y también salíamos a predicar juntos.
Como mi familia era Testigo,
yo sabía que obedecer
lo que dice la Biblia
era lo mejor para mí.
Además, a mis papás les encantaba
hacer cosas espirituales,
y ahora me doy cuenta
de que en realidad
no quería decepcionarlos.
La verdad es que seguir
los principios bíblicos
no es una carga,
no es tan difícil.
Al final ves que hacer
lo que dice la Biblia
es lo mejor para nosotros,
siempre da buenos resultados.
A veces me preguntaba
cómo sería mi vida
si no fuera testigo de Jehová,
porque me gustaba estar
con mis compañeros de clase,
me reía mucho con ellos.
Tengo buenos recuerdos
de cuando iba a la escuela.
Me llevaba bien con mis compañeros,
también con los profesores…
La verdad es que fue una época
muy buena.
Mis papás siempre me decían
que no me hiciera tan amiga
de mis compañeros de clase.
Pero yo sentía
que ellos se portaban bien,
que eran buenas personas.
Por eso no entendía
por qué mis papás
se preocupaban tanto.
Muchos de mis compañeros de clase
iban a la iglesia,
y también tenía muchos profesores
que creían en Dios
o eran personas religiosas.
Un día, pasó algo
y todo el mundo se enteró
de que yo era testigo de Jehová.
Yo sabía que a veces la gente
tiene prejuicios contra nosotros,
pero me sorprendió mucho
que después de eso
ya nadie me tratara igual.
Comencé a pasar más tiempo
con mis compañeros de clase,
pero, mientras más tiempo
pasaba con ellos,
más claro veía que nuestras vidas
eran superdistintas.
Ellos siempre hablaban
de adónde habían ido el fin de semana,
de todas las cosas
que se habían comprado…
Pero yo lo único que había hecho
era ir a la reunión y a predicar.
La verdad, sentía
que me estaba perdiendo algo.
Veía que me dejaban de lado
y que ya nadie quería ser mi amigo.
Yo sabía que seguir
los principios bíblicos
era lo mejor para mí,
pero, cuando pasé
por esa situación tan difícil,
comencé a tener dudas.
Empecé a sentir que yo era aburrida
comparada con mis compañeros.
Así que, cuando hablaban
de lo que querían hacer en el futuro,
a mí me daba vergüenza
decirles cuáles eran mis metas.
Así que con todo lo que me estaba
pasando me pregunté:
“¿Qué debería hacer ahora?”.
Algo que me ayudó mucho
fue hablar con mis padres
y contarles cómo me sentía.
Y un día en la adoración en familia
nos pusimos a hablar de ese tema.
Leímos Mateo 5:11, que dice:
Pero, claro, ¿cómo puedes ser feliz
si te persiguen?
Porque, la verdad,
yo no me sentía nada feliz
en ese momento.
Un día mi mamá
me mostró Marcos 8:38,
y esa parte que dice
que, si nos avergonzamos de Jesús,
él se avergonzará de nosotros
de verdad me llegó.
Y me di cuenta de que en el fondo
me daba vergüenza
ser testigo de Jehová.
En medio de toda esta situación,
un hermano que estaba dando
el discurso público
en nuestra congregación
leyó Mateo 19:29.
Ahí dice que si dejamos
cosas que nos parecen importantes
para servir a Jehová,
recibiremos cien veces más.
Así que intenté seguir ese consejo.
Decidí dejar lo que yo pensaba
que era importante
para ver qué pasaba,
qué bendiciones me daba Jehová.
Entonces mis papás me ayudaron
a hacer planes
con hermanos y hermanas
que servían en diferentes facetas
del tiempo completo
para que pasara tiempo con ellos
y me contaran cosas que habían vivido.
Eso me ayudó a decidir
qué quería hacer con mi vida.
Una de las mejores bendiciones
que recibí por tomar esa decisión
fue que pude conocer
a un montón de hermanos y hermanas.
Me di cuenta
de que había muchos jóvenes
que pensaban igual que yo
y que se habían puesto
las mismas metas.
Ellos sí que eran buenos amigos.
Cuando mis compañeros
volvieron a hablar de sus metas,
ya me sentía más segura
y pude contarles las mías.
Estoy muy agradecida a mis papás
por ayudarme a tener el valor
para hacer eso.
He podido ver que Jehová
siempre cumple lo que promete.
Yo decidí vivir la vida
como Jehová quiere
y obedecer los principios de la Biblia,
y siento que Jehová
ha cumplido su promesa.
He recibido cien veces más
de lo que he dejado.
La verdad es que ahora
me siento muy contenta,
y estoy totalmente segura
de que, si sigo los consejos de la Biblia
al tomar decisiones,
siempre voy a tener
los mejores resultados.