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Cuando eres adolescente: ¿Cómo puedo resistir la presión para tener sexo?

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Mis compañeros de clase
estaban todos los días
hablando de sexo.
Se pasaban todo el día
hablando de sus novios
y de sus novias,
de lo que habían hecho con ellos,
de lo que iban a hacer con ellos
el fin de semana...
Ellos sabían que era testigo de Jehová
y que no iba a tener relaciones
antes de casarme,
pero les daba lo mismo.
Seguían presionándome.
Algunos compañeros
se me ponían muy cerca.
A veces, incluso intentaban
agarrarme o tocarme.
Un día, una chica de mi clase
me pidió que la tocara
de forma inapropiada.
Claro, yo le dije que no,
pero ella empezó a burlarse de mí
y a insultarme.
Me dijo que era un aburrido
y que seguro que era gay.
Para ellos era como un juego.
Intentaban convencerme
para que hiciera cosas con ellos.
Les parecía que era divertido,
que era gracioso
que siempre les dijera que no.
Mis compañeros hasta intentaron
obligarme a tocarla.
Dos de ellos se pusieron por detrás
a empujarme
y otros dos empezaron
a agarrarme de los brazos
y trataron de hacer que la tocara.
Me di cuenta de que
tenía que irme rápido de allí.
Ya por ser testigo de Jehová
era muy diferente
a mis compañeros de clase.
Pero además era muy tímida.
Por eso a veces
quería ser como los demás.
Quería encajar para
no llamar tanto la atención,
pero sabía que a Jehová
no le gustaría que tratara
de parecerme a ellos,
que hiciera todas las cosas
que hacían ellos.
Entonces hice una oración rápida
y en silencio, y dije:
“¡Jehová, por favor, ayúdame!”.
Y justo me vino a la mente
lo que hizo José.
Él pudo escaparse
de la esposa de Potifar,
pero lo hizo porque estaba decidido
a hacer feliz a Jehová.
Y eso es exactamente
lo que yo tenía que hacer.
Y lo hice.
Salí corriendo de ahí.
El estudio personal
me ayudó un montón.
Me ayudó a ver a Jehová
como alguien más real.
Y, como lo veía tan real,
no quería hacer nada
que hiriera sus sentimientos.
Tener esa amistad con él
y confiar en él
me ayudó mucho en esos momentos,
cuando me venían
las ganas de encajar,
de parecerme a los demás.
Decirle que no a esa chica
no fue nada fácil,
pero sabía que era
lo que tenía que hacer.
Yo ya me sentía preparado
para situaciones como esta
gracias a mi abuela.
Un poco antes
de que pasara todo esto,
ella buscó artículos de La Atalaya
que hablaban sobre
resistir las tentaciones.
Aunque hablar de esas cosas
con mi abuela
fue superultraincómodo,
la verdad es que me ayudó mucho
a estar fuerte en sentido espiritual
y a no caer en la tentación.
Mis papás siempre me decían
que tenía que pensar bien
antes de hacer algo,
que pensara en cómo mis acciones
afectarían mi futuro
y en cómo afectarían
mi relación con Jehová
y también con mis amigos
y con mi familia.
Pensar en eso de verdad que
me ayudó mucho durante esa época.
Al final, lo mejor es confiar en Jehová.
Porque, si confías en él,
todo saldrá bien.
Recuerdo que la publicación
que más me ayudó
fue el libro Los jóvenes preguntan
(volumen 2),
en especial el capítulo 5:
“¿Por qué debería
seguir siendo virgen?”.
Tener este libro fue como
si me hubieran lanzado un salvavidas.
Leer sobre otros jóvenes
que por toda la tierra
estaban pasando por
la misma situación que yo
me animó mucho y me dio fuerzas,
y también me ayudó a ver
que no estaba solo.
Le doy muchas gracias a Jehová
y a su organización
por demostrarnos tanto amor
a nosotros los jóvenes,
porque nos ayudan
a no sentirnos solos
y a superar situaciones difíciles
como estas.
En el libro Los jóvenes preguntan,
en el volumen 2,
hay un capítulo, el 14,
que se titula:
“¿Cómo puedo protegerme del acoso?”.
Este capítulo me dio fuerzas
mientras estaba en la escuela
para mantenerme firme,
y así hacer feliz a Jehová.
Estoy superagradecido a Jehová
por ayudarme a recordar textos
como el de 1 Corintios 6:​18,
que dice:
“¡Huyan de la inmoralidad sexual!”.
Y estoy feliz de que fui capaz
de hacer justo eso.
Pero lo que me hace más feliz
es saber que alegré
el corazón de Jehová,
y no hay mejor sentimiento que ese.