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Samuele Podestà: Ahora juego en un equipo mejor

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Jugaba en la Serie A,
que es la liga más importante
de básquetbol de Italia.
También representé a mi país
en las categorías juveniles
hasta llegar
a la selección nacional de Italia.
No solo era gratificante saber
que era muy bueno en lo que hacía;
además, era una profesión
en la que ganaba mucho dinero.
Mis padres y mi hermano mayor
eran testigos de Jehová.
Llegó un momento
en el que me sentí dividido,
especialmente cuando
quise tener
mi propia amistad con Jehová.
Porque ya no veía la verdad
solo como la religión de mi familia.
Con el tiempo algo fue creciendo
dentro de mí como un fuego,
como un pequeño fuego.
Al final
decidí dedicarme a Jehová y bautizarme,
aunque seguía jugando.
Pero creo que… bueno, no creo,
estoy seguro
de que no le estaba dando
lo mejor a Jehová.
El problema era que estaba tratando
de organizar mi vida espiritual
en torno a mi trabajo,
y no al revés.
Y me justificaba diciendo:
“Solo es mi trabajo, es mi profesión.
Y, claro, es verdad que esto
me quita mucho tiempo,
pero solo va a ser por unos años
porque la carrera de los deportistas
no es tan larga.
Uno se retira antes
que en otros trabajos”.
Pero mientras más me acercaba a Jehová,
más grande era el conflicto
que sentía en mi interior.
Un hermano que me ayudó mucho fue
el superintendente de circuito
que visitaba la zona donde yo vivía.
Él me conocía desde que yo era pequeño.
Cuando nos volvimos a encontrar,
me hizo una pregunta.
Él me dijo:
“¿Estás contento con tu vida?
¿Eres feliz?”.
En teoría,
esa parece una pregunta
fácil de responder.
Pero esa pregunta
me dejó pensando.
Estoy muy agradecido por todo el tiempo
que él y su esposa me dedicaron.
Ellos tenían una vida muy ocupada,
pero siempre se esforzaron
por pasar tiempo conmigo.
A veces lo hacían en sus días libres
o también en las tardes,
al terminar su día.
Y, cuando jugué en otros equipos
y me mudé a otras ciudades,
ellos, por así decirlo,
me buscaron dos familias
para que me cuidaran.
Estos hermanos hicieron todo lo posible
por darme lo que yo necesitaba.
Pasaron mucho tiempo conmigo
y nunca me hicieron sentir mal
por lo que estaba haciendo.
Tampoco me presionaron
para que tomara una decisión.
No me dijeron que tenía
que dejar el básquetbol
porque era yo el que tenía
que tomar la decisión de
si seguía jugando
o lo dejaba.
Pero su ejemplo, su modo de vida…
Eso fue lo que me ayudó
a tomar la decisión correcta.
Me fijé en las cosas que hacían,
en cuáles eran sus prioridades
y en lo felices que siempre se veían
por estar sirviendo a Jehová.
Su ejemplo me ayudó
mucho más que cualquier cosa,
más que cualquier cosa
que pudieran decirme.
Entonces
me di cuenta de que yo quería tener
una vida así.
Jugué desde el año 1995
hasta abril del año 2008,
que fue cuando jugué mi último partido.
Así que al final
dejé mi carrera como deportista,
y estoy muy contento
de haber tomado esa decisión.
A veces pienso:
“Ojalá lo hubiera hecho antes.
Tendría que haber sido más valiente”.
Tuve el privilegio de
servir como precursor regular
por dos años y medio.
Algunos hermanos me animaron
a que llenara la solicitud
para servir en Betel,
y, para mi sorpresa,
me invitaron a servir
en la sucursal de Italia,
y estuve ahí cinco años.
Unos meses después
de salir de Betel,
tuve el privilegio
de asistir a la Escuela
para Evangelizadores del Reino.
Fue una experiencia inolvidable.
El básquetbol
es un deporte muy bonito.
Es emocionante, es divertido…,
pero no es lo que te hace
realmente feliz.
Es verdad que lo que este mundo ofrece
puede darte cierta satisfacción,
pero al final siempre tienes
que sacrificar algo.
A mí me tomó mucho tiempo entenderlo,
pero ahora que sé
que le estoy dando a Jehová
lo mejor de mí
me siento feliz de verdad.
En realidad formamos parte
de un equipo muy grande
y todos jugamos para Jehová.
El premio es maravilloso y emocionante,
y la victoria está asegurada.