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Del pasado al presente: Asambleas

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¡Buenos días,
queridos hermanos y hermanas!
¡Qué felices nos sentimos
de estar todos juntos
en esta asamblea!
A los testigos de Jehová
nos encanta ir a las asambleas
para adorar a Jehová,
aprender de él
y cantarle todos juntos.
Pero el pueblo de Dios de nuestros días
no siempre ha tenido asambleas
tan grandes como estas,
con miles de personas reunidas.
¿Cómo empezaron?
Lo descubriremos
en este nuevo episodio
de “Del pasado al presente”.
En realidad,
la primera gran asamblea
del pueblo de Dios
se celebró hace miles de años,
cuando Moisés y los israelitas
se reunieron en el monte Sinaí
para recibir instrucciones de Jehová.
Después de eso
los israelitas empezaron a asistir
a tres fiestas cada año.
En estas fiestas
se reunían personas
de diferentes tribus
para alabar a Dios
como una gran familia,
tal como lo hacemos hoy.
En nuestros días,
las primeras asambleas
comenzaron a celebrarse
a finales de la década de 1880,
aunque no eran exactamente
como las de ahora.
Eran reuniones grandes
en las que unos pocos centenares
de estudiantes de la Biblia
se juntaban para conmemorar
la Cena del Señor.
Y todas se celebraban
en la ciudad de Allegheny,
en Pensilvania.
Pero eso cambió en 1893,
año en el que tuvo lugar
la Feria Mundial de Chicago.
Como la feria atrajo
a millones de personas,
bajaron las tarifas de los trenes,
y los Estudiantes de la Biblia
vieron la oportunidad perfecta
para invitar a los hermanos
a una asamblea de cinco días
allí en Chicago.
Asistieron unas 360 personas,
lo que puede parecer poco
comparado con las asambleas de ahora.
Pero estas primeras asambleas
ayudaron a los Estudiantes de la Biblia
a ver lo bueno que era
juntarse con hermanos
de otros lugares.
Con el tiempo se empezaron
a hacer asambleas todos los años.
Algunas se hicieron
al aire libre o en una carpa,
como la asamblea de 1908
en Put-in-Bay,
un complejo turístico ubicado
en el lago Erie, en Ohio.
Esta asamblea duró 10 días
y fue la más grande
hasta ese momento,
porque asistieron
unas 3.500 personas.
Fue una maravillosa oportunidad
para los hermanos y hermanas,
jóvenes y mayores,
de fortalecerse en sentido espiritual,
pasar tiempo juntos,
reír juntos,
comer juntos
y hacer lazos de amistad
que durarían para siempre.
Poco tiempo después,
el mundo sufrió los estragos
de la Primera Guerra Mundial
y de la gripe española de 1918,
que acabó con la vida
de unos 50 millones de personas.
Pero esto no detuvo
al pueblo de Dios.
La unidad y el amor
que había entre los hermanos
se vio claramente en 1919
en Cedar Point (Ohio).
Esta fue la primera gran asamblea
que se celebró
después de que el hermano Rutherford
y sus colaboradores
fueran liberados de prisión.
Los hermanos estaban muy contentos
de volver a juntarse otra vez
de forma segura.
Llegaron tantos
que el programa tuvo
que continuar al aire libre.
Al final asistieron unas 7.000 personas.
Solo tres años después, en 1922,
otra vez en Cedar Point
se celebró una asamblea
todavía más emocionante.
La asistencia fue
de aproximadamente
10.000 personas cada día.
Esta asamblea le dio fuerzas
al pueblo de Dios
para seguir predicando
con más entusiasmo aún.
En los años siguientes,
las asambleas tuvieron
un efecto muy poderoso
en el pueblo de Dios
y motivaron a los hermanos
a estar más unidos que nunca.
Una asamblea inolvidable
fue la que se celebró en 1931
en Columbus (Ohio).
Imagínese entrando
en el local de la asamblea.
Hay 15.000 personas;
el lugar está repleto;
no cabe ni un alfiler.
En el programa que tiene en su mano
hay dos letras muy grandes
en la portada: JW.
Los primeros dos días de la asamblea
todos los asistentes
están intentando adivinar
qué significan esas dos letras.
Finalmente se sube a la plataforma
el hermano Rutherford.
Antes de terminar su discurso,
presenta una emocionante resolución,
que en parte dice:
“Deseamos ser conocidos
como testigos de Jehová”.
Entonces todos entendieron
que las letras JW
eran por Jehovah’s Witnesses
(testigos de Jehová en inglés).
Para los años cuarenta,
la Segunda Guerra Mundial
había dejado muchos países
devastados y divididos.
Pero el pueblo de Jehová
seguía creciendo
y estando cada vez más unido.
En 1946,
nuestros hermanos
se reunieron en Cleveland (Ohio)
para celebrar la Asamblea Teocrática
“Naciones alegres”,
y no podrían
haber elegido un título mejor.
Esta fue una verdadera
asamblea internacional
porque asistieron
55.000 delegados de 33 países.
Algunos incluso se quedaron
en tiendas de campaña
o en casas rodantes.
Estos campamentos,
que parecían ciudades,
eran muy comunes
en las grandes asambleas
de esa época.
Como nuestra familia espiritual
seguía creciendo,
en los años cincuenta
se celebraron asambleas
por todo el mundo,
incluso en lugares
con menos recursos.
Un ejemplo destacado
de lo internacional que era
para entonces el pueblo de Dios
fue la inolvidable
Asamblea Internacional
“Voluntad Divina”,
que se celebró
en Nueva York en 1958.
Asistieron más de 250.000 personas
de 123 países y territorios.
Esta fue la asamblea internacional
más grande celebrada
en una sola ciudad.
Se llenó el Estadio de los Yankees
y el cercano Polo Grounds.
Pero lo que de verdad unía
a los hermanos en estas asambleas
no era simplemente
que fueran muy grandes
y que hubiera miles de Testigos;
era el programa espiritual,
que incluía discursos emocionantes,
series de discursos muy prácticas,
nuevas publicaciones
y, a partir de los años sesenta,
representaciones dramáticas
con trajes de época.
Esos regalos espirituales,
más la alegría de reencontrarse
con antiguos amigos
y conocer otros nuevos,
han hecho que las asambleas
sean una auténtica bendición.
Pero celebrar asambleas
no siempre ha sido fácil.
En Georgia,
donde los Testigos
sufrieron mucha oposición,
se hicieron planes
para celebrar
la asamblea de distrito
del año 2006
“¡Nuestra liberación se acerca!”
en la sala de conciertos
de la Filarmónica de Tiflis.
Pero la junta directiva
canceló el contrato
con nuestros hermanos
solo una semana antes
de que empezara la asamblea.
En muy pocos días,
un ejército de hermanos
y hermanas muy decididos
convirtieron dos terrenos
sembrados de papas
en un lugar apropiado
para celebrar la asamblea.
Cosecharon las papas,
construyeron una plataforma
y bancos de madera
e instalaron el equipo de sonido.
Todo estuvo listo
para el inicio de la asamblea,
y hubo más de 17.000 asistentes,
contando tanto
a los que estaban en persona
como a los que se conectaron
por teléfono.
La asamblea fue todo un éxito.
Pero, además, los asistentes
se alegraron muchísimo
cuando recibieron
un regalo inesperado:
la Traducción del Nuevo Mundo
en georgiano.
Esto los hizo sentirse
todavía más unidos
a sus hermanos y hermanas
de todo el mundo.
En años recientes,
se han celebrado
asambleas especiales
e internacionales
por todo el mundo.
Y, cuando ha sido imposible
reunirnos en persona,
nos hemos reunido de forma virtual.
No importa si son en Polonia,
en Corea del Sur,
en Australia
o en Sudáfrica.
Las asambleas fueron
y siguen siendo ocasiones
que hacen muy felices
a todos los siervos de Dios.
Nos animan,
nos fortalecen,
nos unen a nuestros hermanos,
pero sobre todo
nos acercan más a Jehová.