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Stephen Lett: Nunca dejen que Satanás los intimide (Deut. 1:17)

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El tema del que voy a hablar es
“Nunca dejen que Satanás
los intimide”.
¿Qué es intimidar?
Es obligar a alguien
a hacer o no hacer algo,
acosándolo,
asustándolo o amenazándolo.
Y Satanás es el rey de la intimidación.
Es algo que usa para que la gente
haga lo que él quiere.
Jehová, por el contrario,
usa el amor para motivarnos.
El verbo intimidar
aparece varias veces
en las notas de la Biblia de estudio.
Y, en el texto principal de la Biblia,
también aparece,
por ejemplo, en Deuteronomio 1:17.
A los jueces que iban
a ayudar a Moisés se les dijo:
“No se dejen intimidar por nadie”.
Tenían que ser imparciales.
Y, bueno, pese a que esta palabra
no aparece tantas veces en la Biblia,
sí hay situaciones
en las que se ve esa acción.
Veamos algunos ejemplos.
Piensen en Goliat,
aquel enorme gigante
que trataba de intimidar
al joven David.
¿Recuerdan lo que le dijo?
En 1 Samuel 17 leemos:
“Acércate y verás.
Voy a echarles tu carne
a las aves del cielo
y a los animales del campo”.
“Si te me acercas, muchacho,
serás comida
para los buitres y las hienas”.
Eso sí que es intimidación.
¿Y qué hay de Rabsaqué,
que en los días de Ezequías
les habló en hebreo
y con voz potente a los judíos
para intimidarlos?
¿Y Sanbalat y Tobías,
que se burlaron
de Nehemías y los judíos
que intentaban reconstruir la muralla?
Y en el comentario de hoy,
tomado de La Atalaya,
tenemos otro ejemplo.
Nabucodonosor quería
que los tres hebreos adoraran un ídolo,
así que los intimidó.
¿Qué fue lo que hizo?
Daniel 3:1 dice que hizo
una imagen inmensa:
27 metros de alto, 90 pies,
y casi 3 metros de ancho, 9 pies.
Eso de por sí ya intimidaba bastante,
pero además reunió
a muchísimas personas.
El versículo 2 dice que fueron sátrapas,
prefectos, gobernadores, consejeros...
Con tanta gente importante,
¿quién no se intimida?
Y los versículos 4-6 dicen
que alguien anunció con voz fuerte:
“Se les ordena que, cuando oigan
el cuerno, la flauta, la cítara […],
tienen que caer de rodillas
y adorar la estatua”.
“El que no caiga de rodillas y la adore
será arrojado de inmediato
en el horno de fuego”.
¡Qué miedo!, ¿verdad?
Pero ninguno de los tres hebreos
se dejó intimidar.
Ahora bien, como ya dijimos,
Satanás también trata
de intimidarnos a nosotros.
“Si no te pones una transfusión,
te vas a morir”.
“Si no aceptas este empleo
(tal vez un empleo
que te perjudique espiritualmente),
tu familia se morirá de hambre”.
“¿Qué, no te atreves a fumar?
Eres un gallina”.
“Tú le gustas mucho,
¿por qué no quieres salir con ella?
Eso es que eres gay”.
Está claro que hoy
Satanás también nos intimida.
El apóstol Pedro compara al Diablo
con un león rugiente.
¿Y por qué ruge?
La mayoría de las veces
para intimidarnos,
como lo hace el león.
Según la obra Perspicacia,
con su impresionante rugido,
el león puede hacer que animales
que están encerrados tras una cerca
salgan en estampida
y queden desprotegidos.
Pero les hago una pregunta:
¿qué lecciones podemos aprender
de los tres valientes hebreos?
¿Cómo nos ayuda su ejemplo
a no dejar que Satanás nos intimide?
Aquí les doy algunas.
La primera:
nunca dejen de confiar en Jehová
con todo su corazón,
sin importar cuánto ruja Satanás.
Si vamos a Daniel, capítulo 3,
veremos cómo los hebreos
confían por completo en Jehová.
Y eso que la situación podía intimidar.
El versículo 16 dice:
“Sadrac, Mesac y Abednego
le respondieron al rey:
‘Oh, Nabucodonosor,
no es necesario que te demos
una respuesta sobre este asunto.
Si tiene que ser así, oh, rey,
el Dios al que servimos
puede librarnos del horno de fuego
y también de tus manos.
Pero, incluso si no lo hace, oh, rey,
debes saber que no serviremos
a tus dioses
ni adoraremos la estatua de oro
que tú has levantado’ ”.
Confiaban en Jehová.
Veamos otra lección.
El espíritu santo
nos ayudará a estar en calma,
a no asustarnos
y saber cómo responder
a quienes nos persiguen.
¿Se fijaron en cómo lo hicieron
los tres hebreos?
Con una calma impresionante.
¡Qué bien le respondieron al rey!
Está claro que contaban
con la ayuda del espíritu santo.
Y Jehová nos dará
esa misma ayuda a nosotros.
En Lucas 12:11, 12, Jesús dice:
“Cuando los lleven
ante asambleas públicas,
funcionarios de gobierno y autoridades,
no se angustien
pensando [...] en lo que dirán,
porque el espíritu santo
les enseñará […]
lo que deben decir”.
La tercera lección:
para rescatarnos
de una situación peligrosa
Jehová puede utilizar a sus ángeles.
Sabemos que hizo un milagro
para rescatar a los tres hebreos.
Cuando el rey miró dentro del horno,
no vio a tres hombres
achicharrándose en las llamas;
vio a cuatro
caminando tranquilamente,
y el cuarto era un ángel, obviamente.
Y, cuando los sacaron
de aquel horno,
según Daniel 3:27,
“ni siquiera olían a humo”.
Ni un pelo se les había chamuscado.
¿Han estado alguna vez
con alguien que fuma?
Ese olor a tabaco
se te pega enseguida.
Y, hablando de cabello chamuscado,
el cabello arde rápidamente.
Una vez, intentando encender
una estufa de gas
con un fósforo,
cometí un error de cálculo,
y una llamarada me quemó
la mitad de los pelos del brazo.
Pero a los hebreos
no se les chamuscó ni un solo pelo,
ni olían a humo.
Ahora, es verdad que hoy
no podemos esperar que un ángel
nos salve de manera milagrosa,
pero Jehová sí puede usarlos
para ir moviendo los asuntos.
Puede que encontremos
ese trabajo que tanto necesitábamos.
O puede que encontremos un doctor
que respete nuestra postura
sobre la sangre
y esté dispuesto a atendernos.
O también puede usar a los ángeles
para fortalecernos,
para ayudarnos a ser leales
ante esta prueba tan difícil.
Veamos una cuarta lección.
Aunque nos amenacen con matarnos,
tener una fe firme
en la resurrección
nos dará fuerzas.
Seguramente los tres hebreos
se sabían de memoria Job 14:13.
Allí Job le pide a Jehová
que lo ocultara en la tumba,
le fijara un plazo
y se acordara de él
o lo resucitara.
Y sin duda sabían de las resurrecciones
de Elías y Eliseo.
Aquellos jóvenes no sabían
si Jehová los iba a rescatar,
pero estaban seguros
de que Jehová los resucitaría
si se mantenían fieles.
Y lo mismo pasará con nosotros.
Tener una fe firme en la resurrección,
en realidad, le quita a Satanás
la capacidad de intimidarnos.
Aunque nos tengamos
que enfrentar a la muerte,
esta esperanza
es nuestra arma secreta.
Pasemos a la última lección.
Si de ninguna manera
nos dejamos intimidar,
daremos un excelente testimonio.
¿Qué pasó cuando los hebreos
salieron del horno sanos y salvos?
El rey dijo:
“Alabado sea el Dios
de Sadrac, Mesac y Abednego,
[…] pues no existe otro dios
que pueda librar como este”.
Piensen en esto:
si Nabucodonosor y otros babilonios
que vieron el milagro
resucitan como parte de los “injustos”
mencionados en Hechos 24:15,
tendrán ventaja,
porque ya sabrán algo de Jehová
y tal vez decidan servirle.
Y piensen también en los hombres
que echaron a los hebreos al horno.
Ellos murieron.
Si al final resucitan,
se les va a contar lo que pasó
justo después de que murieran.
Seguramente eso los motivará
a acercarse más a Jehová
en el nuevo mundo.
Hoy no es distinto.
Cuando no nos dejamos
intimidar por nada,
damos un poderoso testimonio.
Y muchos han conocido la verdad
al ver esos ejemplos de lealtad.
En resumen, aquí tienen
los cinco remedios antintimidación,
y todos los sacamos del ejemplo
de los tres hebreos.
Primero, siempre confiemos
en Jehová,
aunque Satanás ruja
para intimidarnos.
Segundo, el espíritu santo
nos dará calma,
y así responderemos bien.
Tercero, Jehová puede usar
a sus ángeles
de varias maneras
para rescatarnos de situaciones
que nos resulten intimidantes.
El cuarto es tener fe
en la resurrección
nos dará fuerzas
para no dejarnos intimidar,
aunque tengamos
que enfrentarnos a la muerte.
Y el quinto es recordar
que, si no nos dejamos intimidar,
les daremos un impactante testimonio
a las personas.
Por eso, hermanos,
seamos como los tres hebreos:
nunca dejemos
que Satanás, el Diablo,
nos intimide.