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Art y Zanna Capers: Recuperamos nuestro matrimonio con la ayuda de Jehová

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Terminamos los estudios en junio,
nos casamos en julio
y tuvimos una niña en noviembre.
Fueron tiempos felices.
Un día,
dos testigos de Jehová
llamaron a mi puerta
y me mostraron Salmo 83:18,
donde dice
que el nombre de Dios es Jehová.
Me ofrecieron un curso de la Biblia
y lo acepté.
Pero dejé de estudiar
solo dos o tres semanas después.
Nos compramos un auto
y empezamos a ir a fiestas.
Empezamos a fumar,
a consumir drogas,
a emborracharnos,
y todas estas cosas
destrozaron nuestro matrimonio.
Pensamos que todo mejoraría
si nos mudábamos a otra ciudad
y nos alejábamos de nuestros amigos,
pero las cosas
se pusieron peor que nunca.
Me gustaba mucho el béisbol.
Para mí era hasta más importante
que mi esposa.
Se me hacía muy difícil
respetar a mi esposo.
A veces sentía que yo era
más inteligente que él
y que por eso
podía tomar mejores decisiones.
Más adelante,
Zanna me dejó por otra persona,
y eso me hizo
mucho mucho daño.
Ella estaba muy mal
por culpa de las drogas,
así que me dieron
la custodia de nuestros hijos.
En ese momento lo tuve claro.
Tenía que cambiar.
Y, entonces, de repente,
me acordé de Jehová.
Recuerdo que me arrodillé
y le dije a Jehová:
“Por favor, dime
lo que tengo que hacer”.
Abrí la guía telefónica
y busqué a los testigos de Jehová.
Ellos me dieron el libro
Cómo lograr felicidad
en su vida familiar.
Así que le mostré a Art ese libro
y le dije:
“Si desde el principio
de nuestra relación
hubiéramos hecho
lo que dice este libro,
nuestro matrimonio
nunca se habría terminado.
Nunca”.
Yo estaba pensando:
“¿Pero me estás hablando en serio?”.
Y con el tiempo vi que sí,
que me lo decía en serio.
Dejó de consumir drogas.
Vi que su manera de hablar
y de comportarse cambió.
En muy poco tiempo
las cosas empezaron a mejorar.
Y entonces empecé
a estudiar la Biblia con Zanna,
y eso fue un antes y un después
en nuestra vida.
Uno de los textos
que me ayudó a cumplir
con mi papel en el matrimonio
fue 1 Corintios 11:3.
Art es el cabeza de familia.
Ese no es mi papel.
Entender que todos
tenemos un cabeza,
menos Jehová,
me ayudó a ver que en realidad
el principio de autoridad me protege.
Ahora ya no tengo
que tomar decisiones yo sola.
A mí me ayudó mucho
Gálatas 5:22, 23.
Me ayudó a mostrar amor,
a ser un mejor esposo,
a ser un mejor padre…
Y, bueno, intento tratar a Zanna
como a una reina,
con respeto, con dignidad,
siempre tomo en cuenta
sus opiniones…
Me volví a casar con Arthur
el 2 de abril de 1979.
Yo les diría a los que están pasando
por problemas en su matrimonio:
“Sigan los principios bíblicos.
Pónganlos en práctica”.
Logramos que Jehová
fuera parte de nuestra familia,
y gracias a eso podemos superar
los problemas del día a día.
Este segundo matrimonio
es mucho mejor que el primero
porque ahora tenemos a Jehová
en nuestra vida.