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James Mantz: Consolemos a otros mientras aguantamos las dificultades de estos tiempos críticos

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Nuestro texto temático
es 2 Corintios 1:3, 4.
Dice:
Desde el día en que nacimos
necesitamos que los demás
nos consuelen.
Ahora ya no lloramos
para que alguien nos dé de comer
o porque nos sentimos incómodos
o porque nos hace falta cariñito.
Pero todavía necesitamos
que alguien nos consuele
de vez en cuando.
Es probable que ahora mismo
algunos necesitemos consuelo.
Y no nos sorprende.
Recordemos cómo se describe
en el Salmo 90:10
la vida de los seres humanos:
Hay muchas cosas que pueden
causarnos dificultades,
penas, sufrimientos
y decepciones.
Algunas de ellas son comunes
a todos los seres humanos,
porque alguna vez en la vida
nos van a suceder:
nos podemos enfermar,
nos hacemos mayores
o podemos perder
algún ser querido en la muerte.
Otras cosas que nos causan sufrimiento
tienen que ver
con nuestras circunstancias:
un accidente,
problemas económicos,
una separación
o un divorcio,
un desastre natural,
ser víctima de un abuso
u otro delito,
conflictos civiles
o una guerra.
Y, además, puede que suframos
por ser siervos de Jehová.
Puede que estemos
solos en la verdad
o que seamos perseguidos
o encarcelados,
o que se burlen de nosotros
en la escuela o en el trabajo.
También podría suceder
que alguno de nuestros
seres queridos o un amigo cercano
abandone a Jehová.
Y quienes cometen un pecado
van a necesitar recibir consuelo
cuando vuelvan a la congregación.
Sea que estemos sufriendo
por problemas comunes a todos,
por nuestras circunstancias
o porque servimos a Jehová,
todos necesitamos
que nos consuelen.
No importa dónde vivamos.
1 Pedro 5:9 dice
que “toda la hermandad
en el mundo”
está pasando por la misma
clase de sufrimientos.
Sin embargo,
en los versículos 6 y 7
se nos revela quién puede consolarnos.
Ahí leemos:
Jehová siempre ha sido
la mejor fuente de consuelo.
Moisés, por ejemplo,
estaba seguro
de que Jehová lo consolaría
y de que, fuera cual fuera la situación,
le daría su apoyo.
Totalmente convencido,
dijo lo que leemos
en Deuteronomio 33:27:
Cuando estamos decaídos
y nos cuesta levantarnos,
Jehová pondrá sus brazos
debajo de nosotros
para levantarnos con suavidad
y ayudarnos a ponernos de pie.
Los salmistas también expresaron
muchas veces que agradecían
el consuelo y el cuidado de Jehová.
Por ejemplo,
lleno de gratitud, el escritor
del Salmo 94:19 le dijo a Jehová:
Y notemos lo que dice Romanos 15:4:
Para todas las cosas
que nos causan dolor,
podemos encontrar versículos
que nos consuelan.
El libro Textos bíblicos
para la vida cristiana,
bajo la entrada “Consuelo”,
presenta distintas
causas de sufrimiento.
Y no solo nos dice
qué versículos nos pueden ayudar
y nos confirman
el amor de Jehová,
también nos da ejemplos
de personajes bíblicos
que sufrieron por motivos parecidos
y nos muestra
cómo Jehová los ayudó.
Pero una de las mejores maneras
de recibir consuelo
es pedírselo a Jehová.
En el Salmo 145,
el rey David alaba a Jehová
por la forma en que responde
los ruegos por ayuda.
Leamos los versículos 18 y 19.
Allí dice:
Como un padre
que ayuda y consuela con cariño
a su hijo cuando llora,
Jehová también nos escucha
y nos consuela
cuando acudimos a él.
En 1 Samuel, capítulos 1 y 2,
se nos habla de Ana.
Recordamos que esta
pobre mujer de Israel
se sentía tan angustiada
por el hecho de no tener hijos
que ni siquiera podía comer.
Cuando llegó al tabernáculo,
se puso a orar a Jehová
“y no podía dejar de llorar”.
Jehová escuchó la oración
de esta humilde mujer
y la respondió.
La Biblia dice que después de eso Ana
“se fue y comió, y la tristeza
desapareció de su cara”.
De la misma manera,
Jehová nos va a consolar a nosotros
si abrimos nuestro corazón
en oración a él.
En vista de todo lo que dice
la Biblia sobre el consuelo,
las palabras de 2 Corintios 1:3, 4
que leímos antes
no nos sorprenden.
Este es el texto temático,
así que volvamos a leerlo.
Y, mientras lo leemos de nuevo,
pensemos en cómo estas palabras
nos ayudan a consolar a otros
mientras nosotros mismos
tratamos de soportar
las dificultades de estos
tiempos tan críticos.
2 Corintios 1:3, 4 dice:
La expresión “tiernas misericordias”
viene de una palabra
que se usa para describir
la compasión por quienes sufren.
En este caso nos ayuda
a ver lo que siente Jehová
cuando sus siervos fieles
pasan por problemas.
Pablo también dice
que Jehová es “el Dios
de todo consuelo”,
porque todo el consuelo
que recibimos viene de Jehová.
De hecho, el versículo 4 menciona
una forma especial
en que Jehová nos consuela:
por medio de nuestros
hermanos y hermanas.
Vamos a repasarlo.
Ahí dice
que Jehová “nos consuela
en todas nuestras pruebas
para que nosotros
podamos consolar
con el consuelo
que recibimos de Dios
a los que están sufriendo
cualquier clase de prueba”.
¿Vieron la relación que existe
entre el consuelo
que nosotros recibimos
y el que damos a otras personas?
Jehová nos consuela a nosotros,
y, como fuimos creados
a la imagen de Dios,
el espíritu santo nos mueve
a compartir ese consuelo con otros.
Por lo tanto,
no es que estemos
divididos en dos grupos,
los que dan consuelo
y los que lo reciben.
No, todos tenemos la obligación
de dar consuelo,
aunque nosotros mismos
necesitemos consuelo.
¿Pero cómo se hace eso?
Pensemos en el caso de Pablo.
Cuando estuvo preso
en Roma por primera vez,
Pablo dijo que agradecía mucho
el apoyo de hermanos
que habían sido “una fuente
de gran consuelo” para él.
En Colosenses, capítulo 4,
mencionó a algunos
de ellos por nombre:
Aristarco,
Tíquico
y Marcos.
Vamos a hablar un poco más de ellos
en otra sección de nuestro programa.
Pablo se sentía muy agradecido
porque estos hermanos
habían ido a visitarlo,
lo habían consolado
y le habían dado ayuda práctica.
Pero el apóstol no solo quería recibir.
Aunque estuviera en prisión,
Pablo estaba decidido a dar,
a animar a los que lo visitaran
y a escribir cartas que fortalecieran
a las congregaciones.
En Sudáfrica,
una hermana llamada Clodean
imitó el ejemplo de Pablo
después de haber sido sometida
a una operación.
Como la operación
fue durante la pandemia,
no podía recibir visitas.
Pero Clodean no quería sentir pena
de sí misma debido a esta situación,
así que le rogó
a Jehová en oración
que la ayudara
a consolar a otros.
Se puso en contacto
con una señora
que había estudiado
la Biblia en el pasado.
La mujer reanudó su curso
y empezó a ir a las reuniones
por videoconferencia.
Después, Clodean
inició un curso bíblico
con la hermana
menor de la mujer,
quien le dio los nombres
de cuatro mujeres
que también querían estudiar.
Como estaba decidida
a consolar a otros
a pesar de su difícil situación,
Clodean pudo comenzar
cursos de la Biblia
con 16 personas en total.
Pero hay veces
que quienes necesitan consuelo
no se sienten inclinados a aceptarlo.
Por ejemplo, cuando Moisés
les anunció a los israelitas
que Jehová los rescataría
de la esclavitud en Egipto,
al principio
“no le hicieron caso”
porque el pueblo
estaba desanimado.
Pero más adelante
le prestaron atención.
¿Y recuerdan a Noemí?
Ella se había ido a vivir al extranjero
porque hubo una época
de hambre en Israel.
Después quedó viuda
y se le murieron sus dos hijos.
Al volver a Israel estaba de duelo,
y quienes la conocían
se preguntaban:
“¿De veras es Noemí?”.
Recordemos que ese nombre
significaba “mi deleite”.
Sin embargo, Noemí
estaba amargada
y pensaba que Dios
tenía la culpa.
Por eso les contestó
así a las mujeres:
“No me llamen Noemí.
Llámenme Mara,
porque el Todopoderoso
ha llenado mi vida de amargura”.
Con el tiempo,
Noemí aceptó la ayuda
de familiares y vecinos,
así como su amistad,
y su amargura
se convirtió en alegría.
Si estamos sufriendo,
es normal que queramos estar solos,
pero tratemos de evitar esa tendencia.
Es más fácil decirlo que hacerlo,
pero se ha demostrado que,
si nos esforzamos por buscar
la compañía de los demás,
le abrimos la puerta al consuelo
que Jehová nos da
por medio de las bondadosas
palabras y acciones
de nuestros hermanos y hermanas.
Cuando Jehová nos consuela
por medio de nuestros hermanos,
aprendemos a estar atentos
a las necesidades de los demás,
y ese es el primer paso
para dar consuelo:
tenemos que ser observadores
para darnos cuenta
de quiénes necesitan consuelo.
Muchas veces,
la situación es obvia.
Un hermano tuvo un accidente
o se quedó sin trabajo,
o perdió a un amigo
o a un familiar en la muerte.
Pero otras veces
la situación no está tan clara.
Tal vez veamos
que alguien actúa diferente,
o se le nota en la cara que hay
algo que no está del todo bien.
No hay que ser entrometidos,
pero, si les hablamos con cariño,
tal vez se sientan
más dispuestos a hablar.
Es probable que necesiten tiempo
para sentirse cómodos
y abrir su corazón.
Por eso hay que ser pacientes.
El segundo paso
para dar consuelo
es pedirle a Jehová
que nos ayude a ver
qué podemos hacer.
A veces no hay nada
que podamos hacer
para acabar con el problema
que alguien tiene.
Por ejemplo,
un misionero que perdió
a su esposa dijo una vez:
“No quiero dejar de llorar.
Lo que quiero es aprender
a vivir con el dolor”.
Lo importante
es que pongamos en práctica
las palabras de Proverbios 3:27:
“No dejes de hacerles el bien
a quienes debes hacérselo
si está a tu alcance ayudarlos”.
Es verdad que no es fácil.
Quizás no sepamos
qué hacer o decir.
En ese caso,
pensemos en el significado
de la palabra griega
que se traduce
“consuelo” en la Biblia.
Literalmente significa
llamada al lado de uno.
Es decir,
hay que estar ahí
para quien nos necesite.
Ese es el tercer paso.
No es que tengamos que hablar
demasiado o dar un discurso.
Lo que el hermano necesita
es saber que alguien
se preocupa por él.
Estar ahí con ellos
es ya de por sí un consuelo.
Tal vez lo que necesite
sea desahogarse.
Si es así, escuchemos con atención.
Y, si leemos un texto bíblico,
asegurémonos
de que el hermano entienda
que Jehová sabe
cómo se siente.
Lo que cuenta
no es lo que hacemos o decimos,
sino que el hermano vea
que fue algo que nos salió del corazón
y que se sienta comprendido.
Por ejemplo, una hermana
que sirve en la central mundial
perdió tanto a su papá
como a su mamá
durante la pandemia.
Después de pasar
un día con su mamá,
que ya estaba agonizando,
se encontró con una gran canasta
de frutas al regresar a casa.
Se la habían enviado
los hermanos de Betel.
Ella dijo:
“No fueron las frutas
que me regalaron,
que ya había comido
muchas veces,
ni tampoco lo bonita
que estaba la canasta.
Fue el cariño
y la consideración
que me mostraron
con ese detallito
lo que llenó
mi corazón de alegría
justo en ese momento
tan difícil de mi vida”.
Y, cuando un terremoto
y un tsunami
azotaron el este de Japón
en marzo de 2011,
los hermanos locales
y de otros países
respondieron de inmediato.
Dos años y medio después,
mi esposa y yo estábamos en Japón
y visitamos algunas
congregaciones afectadas.
En una de ellas nos mostraron
mensajes que les habían enviado
hermanos de Nepal.
En otra congregación
nos mostraron un tablero
con mensajes escritos
en varios idiomas de Filipinas.
Y nos dijeron:
“No podemos leerlos,
pero sabemos lo que dicen”.
¡Cuánto consolaron
esos breves mensajes
a nuestros hermanos de Japón!
Mientras estábamos allí,
el supertifón Haiyan
devastó las islas Filipinas.
En ese momento,
los hermanos de Japón dijeron:
“Ahora nos toca a nosotros
consolar a los hermanos de Filipinas”.
A medida que nos vayamos
adentrando más
y más en los últimos días,
necesitaremos cada vez más consuelo.
Por eso, qué bueno
que contamos con Jehová,
“el Padre de tiernas misericordias
y el Dios de todo consuelo”.
Él es muy generoso
y nos ha regalado la oración
y las palabras llenas de consuelo
que hallamos en la Biblia,
así como hermanos compasivos
por toda la Tierra.
¿Verdad que nos beneficiamos
muchísimo de estos regalos?
Pero no olvidemos estar atentos
para ver quién necesita consuelo
y qué tipo de ayuda práctica
podemos ofrecer.
Demos los pasos necesarios
para consolar a otros
mientras aguantamos las dificultades
de estos tiempos críticos.