JW subtitle extractor

JW Broadcasting: Mayo de 2026

Video Other languages Share text Share link Show times

Bienvenidos a JW Broadcasting®.
¿Qué clase de padre es Jehová?
Hoy veremos la respuesta
a esta pregunta
y también veremos que estar dentro
de la familia de Jehová
nos hace sentir seguros.
Conoceremos a una hermana
que fue leal a su Padre, Jehová,
pese a las desgracias y pruebas
a las que se enfrentó.
Y descubriremos más tesoros bíblicos
en el libro de Nahúm.
Además, en el programa de este mes
se estrenan dos nuevas series.
La primera destaca cómo Jehová
ayuda a los que se ofrecen
para servir de tiempo completo
a cultivar cualidades cristianas.
Y la segunda nos mostrará
cómo es un día en la vida
de los que desempeñan
ciertas tareas en la organización.
Esto es JW Broadcasting.
¿Qué se te viene a la mente
cuando oyes la palabra padre?
¿Piensas en un hombre cariñoso,
que se preocupa por los suyos?
¿O en alguien irresponsable,
que hasta maltrata a su familia?
Por supuesto, mucho depende
de la clase de padre que hayamos tenido,
¿verdad?
¿Y por qué es tan importante
que hablemos de esto?
Porque Jehová desea
que todos nosotros
lo veamos como un padre.
De hecho, en la Biblia se llama
muchas veces a Jehová “Padre”;
y, aunque también
se le llama por otros títulos,
uno de los que más usó Jesús
fue “Padre”.
Y es interesante que,
aunque en la Biblia también
se llama a Jesús de distintas maneras
—como “la Palabra”,
el “obrero experto”,
“Miguel el arcángel”…—,
a él se le conoce sobre todo
como el Hijo de Dios.
¿Y cómo nos ve Jehová a nosotros,
que somos imperfectos?
Gracias al sacrificio que hizo Jesús,
Jehová nos ve como sus hijos.
Él quiere tener una relación
estrecha y cariñosa
—como la que debe tener
un padre con su hijo—
contigo.
Y que él se llame “Padre”
revela lo que siente por nosotros.
Porque Jehová ama a las familias.
Veamos lo que dijo Isaías sobre Jehová
en Isaías 64:8:
¡Qué expresión tan bonita!
“Jehová,
tú eres nuestro Padre”.
Y Jehová es un padre
muchísimo más maravilloso
que cualquier padre
que se nos pueda venir a la mente.
Esta faceta de Jehová
se destaca por toda la Biblia.
Por ejemplo, tan solo en los Evangelios,
Jesús usó el término “Padre”
¡más de 160 veces!
¿La lección?
Para Jehová,
somos familia.
Y, cuanto más entendamos
la clase de padre que es Jehová
—su personalidad,
su amor por nosotros…—,
mayor será la confianza
que tenemos en él
y el amor que le tenemos.
Para eso,
empecemos por examinar
cuál es la base de esa relación
que tenemos con Jehová.
Vamos a leer la primera parte
de Génesis 1:26.
En este momento,
Jehová va a crear a sus hijos terrestres
y le dice lo siguiente a Jesús.
Génesis 1:26:
“Entonces Dios dijo:
‘Hagamos al ser humano
a nuestra imagen y semejanza’”.
Así que Jehová hizo al ser humano
a su imagen.
Y esto tiene sentido para nosotros;
al fin y al cabo, los hijos
se parecen a sus padres.
¿Y en qué sentido nos parecemos
a nuestro Padre, Jehová?
No en sentido físico,
porque Jehová es un espíritu.
En 1 Juan 4:8 encontramos una pista.
Notemos lo que dice:
Que Dios nos haya hecho a su imagen
significa que podemos imitar
sus cualidades,
como el amor, su cualidad principal.
Jehová es un padre cariñoso
que ama profundamente a sus hijos.
Y, como él creó a sus hijos
a su imagen y semejanza,
todos podemos amarlo
y sentirnos amados por él.
Así que el amor
es la base de nuestra relación
con Jehová.
Veamos ahora tres maneras
en las que Jehová demuestra
que ama a sus hijos.
Primero,
¿qué padre amoroso
no se preocupa por sus hijos?
Pues 1 Pedro 5:7
nos recuerda lo siguiente:
Claro,
un padre que se preocupa
por sus hijos
cuida de ellos,
de sus necesidades físicas, por ejemplo.
Pero ¿cuida Jehová solo
de las necesidades físicas de sus hijos?
No.
Notemos lo que dice 2 Corintios 1:3, 4:
Esto nos muestra
que Jehová no solo nos da
lo que necesitamos en sentido físico.
Como leímos,
él es “el Padre de tiernas misericordias
y el Dios de todo consuelo”.
Así que él nos consuela con ternura
porque es nuestro Padre
y se interesa por nosotros.
Por eso nos cuida en sentido físico,
emocional y espiritual.
Pongamos un ejemplo de esto.
Te haces una herida en un accidente
y tienes que ir al médico.
El médico te dice que te va a curar
y que te va a dar un buen tratamiento.
Pero ahora digamos que ese doctor,
que tiene mucha experiencia,
además es tu padre.
¿Verdad que va a tener
muchas más ganas
de que te recuperes?
Además,
no solo te va a curar esa herida;
él te va a cuidar todos los días.
Para nuestro Padre, Jehová,
cuidar de sus hijos es algo personal,
porque nos quiere.
Como ese doctor,
Jehová tiene mucha experiencia,
y llegará el día
en el que nos va a librar
del dolor y el sufrimiento.
Y, como ya hemos dicho,
al ser “el Padre de tiernas misericordias
y el Dios de todo consuelo”,
él tiene muchas ganas de cuidarnos
y nos va a cuidar todos los días,
tanto antes como después
del fin de este sistema.
¿Y tú? ¿Has sentido cómo Jehová
te cuida y te consuela con cariño?
Tal vez te ha mostrado
amor y misericordia
por medio de los hermanos
de tu congregación
que tanto se esfuerzan por imitarlo.
O quizás te fortaleció y te consoló
por medio de un relato de la Biblia.
O aprendiste algo nuevo o animador
gracias a que leíste
un versículo en específico.
Esa manera tierna
en que Jehová nos cuida
nos demuestra que nos ama.
Y, como su amor no tiene fin,
nos cuidará por siempre.
Veamos la segunda manera
en la que nuestro Padre
nos muestra amor:
nos permite comunicarnos
abiertamente con él.
En las familias felices
hay buena comunicación.
Muchas aprovechan
la hora de la cena para conversar
y contar lo que les pasó durante el día.
Jehová quiere
que nos comuniquemos con él.
De hecho, nos invita
a que echemos sobre él
todas nuestras inquietudes.
Pero él está en el cielo,
¿podemos comunicarnos
abiertamente con él?
Pues sí, al orar.
En nuestras oraciones le contamos
las cosas que nos importan:
nuestras metas,
lo que nos hace felices,
las cosas que nos preocupan.
También podemos darle las gracias.
Y Jehová nos escucha con atención,
igual que un padre cariñoso
escucha a sus hijos.
Pero Jehová no solo escucha
nuestras oraciones:
él también las contesta.
En la Palabra inspirada de Dios
podemos leer lo que él nos quiere decir
a nosotros.
También podemos leer y meditar
en todo el alimento espiritual
que nos provee
“el esclavo fiel y prudente”.
Por medio del espíritu santo
Jehová nos puede dar
exactamente lo que necesitamos.
Puede dirigir nuestra atención
a sus pensamientos.
También puede usar a sus siervos
o incluso a personas
que todavía no lo conocen
para respondernos.
Estemos atentos
para ver esas respuestas.
Hasta podríamos hacer una lista
y repasarla de vez en cuando.
Pero a veces parece que Jehová
se tarda en respondernos.
¿Por qué ocurre eso?
¿Es porque a Jehová no le importa
lo que nos pasa,
o que nuestra oración no tiene
prioridad para él, por decirlo así?
¡Claro que no!
Puede que eso solo signifique
que tenemos que ser más pacientes.
O tal vez Jehová ya nos respondió,
pero no es la respuesta
que nosotros esperábamos.
Quizás nos pasa como a un niño
que tiene que acompañar a sus padres
en un viaje de 10 horas.
Puede ser que el viaje
sea para visitar a sus abuelos.
¿Y qué es lo primero
que pregunta el niño?
“¿Falta mucho?”.
Es normal que el niño
quiera llegar lo antes posible.
Pero da igual lo que haga,
el viaje durará 10 horas.
Al final van a llegar;
el niño solo tiene que ser paciente
y mantenerse ocupado durante el viaje.
Nosotros estamos viajando con Jehová
hacia el nuevo mundo.
Y todos queremos que el fin venga ya.
En nuestras oraciones
le preguntamos a Jehová
“¿Falta mucho?”.
Y está muy bien que le pidamos
a Jehová que el fin llegue.
Pero, al igual que el niño del viaje,
es necesario que seamos pacientes.
Además, recordemos que en el viaje
el niño no está solo;
sus padres están con él.
De igual manera,
nosotros no estamos solos:
nuestro Padre celestial, Jehová,
nos está acompañando en este viaje.
El fin llegará a la hora fijada por él.
Y, si nos mantenemos
ocupados sirviéndole,
el trayecto nos parecerá más corto.
Por otro lado,
a veces, cuando pensamos que Jehová
no escucha nuestras peticiones,
es porque la respuesta es no.
El hecho de que un padre
le tenga que decir que no a un hijo
no significa que no lo ame.
Pensemos en el apóstol Pablo.
Él sufría por algo que llamó
“una espina en la carne”.
Recordemos que Jehová le había dado
el poder para curar a otras personas.
Pero, aunque Pablo
le suplicó “tres veces”
que le quitara esa “espina”,
¿cuál fue la respuesta?
No.
Jehová le dijo:
“Mi bondad inmerecida
ya es suficiente para ti”.
Jehová no le iba a quitar la espina,
pero lo que sí iba a hacer por Pablo
era darle el poder que necesitaba
para aguantar esa espina.
Para ayudarnos a nosotros a aguantar,
él nos da poder.
Y, cuando aguantamos,
le demostramos a Jehová
lo mucho que lo queremos
y confiamos en él.
Sea que tengamos que esperar
con paciencia a que Jehová nos responda
o, como en el caso de Pablo,
la respuesta sea no,
estemos seguros de que Jehová nos ama.
Nunca olvidemos lo que Jehová
inspiró al apóstol Juan a escribir
en Juan 14:21.
Jesús les dijo lo siguiente
a sus discípulos:
Si seguimos el ejemplo de Jesús
y obedecemos sus mandamientos,
Jehová sin duda nos amará.
Y, cuando Jehová dice que nos ama,
es porque nos ama.
Es un privilegio poder comunicarnos
abiertamente con Jehová,
nuestro Padre celestial.
Ahora veamos
una manera más en la que Jehová
nos demuestra su amor de Padre:
él trabaja duro a favor de su familia.
Los padres saben que criar a los hijos
es una labor muy bonita,
pero también muy difícil,
incluso cuando los hijos se portan bien.
Seguro que muchos de nosotros
les hicimos la vida un poco más difícil
a nuestros padres alguna vez.
Pensemos en algunas cosas
que hacen los padres por sus hijos.
Tienen que darles casa, comida, ropa
y oportunidades para que se entretengan.
También hay que cuidar de su salud,
educarlos y disciplinarlos.
Ahora bien, ¿qué es disciplinar?
A veces pensamos que disciplinar
es castigar,
y eso puede ser parte de la disciplina.
Pero, cuando la Biblia
habla de disciplinar,
se refiere a guiar al muchacho,
a dirigirlo,
a ayudarlo a aprender y corregirlo.
La disciplina es algo bueno,
es parte de la labor de educar.
Como Jehová nos ama
y quiere que vivamos para siempre,
él también tiene que disciplinarnos,
que corregirnos;
tiene que guiarnos, dirigirnos
y ayudarnos a aprender.
Su objetivo es que lleguemos a ser
cristianos maduros.
Para esto se vale de la Biblia.
Nos guía mediante
“el esclavo fiel y prudente”
y mediante hermanos maduros
en la congregación,
que pulen nuestras cualidades espirituales.
Sí, ser padres es un trabajo duro.
Pero ustedes, los que son padres,
lo hacen con gusto.
Y Jehová los entiende y los valora,
porque él también trabaja duro
para nosotros.
Además, tenemos que recordar que Jehová
lleva miles de años
trabajando por su familia.
Él hizo muchas cosas
para que pudiéramos
disfrutar de la vida:
deliciosos alimentos,
bellos atardeceres,
la música, el canto,
hermosas flores,
la compañía de amigos y familiares
y todas las dádivas espirituales
que nos fortalecen.
Todos estos son regalos
de nuestro Padre, Jehová.
Como él quiere a su familia,
trabaja duro por ella.
Al principio hicimos esta pregunta:
¿qué te viene a la mente
cuando escuchas la palabra padre?
Y dijimos que más que nada
depende de cómo fue
nuestro padre biológico.
Sin embargo,
si por alguna razón
no tuviste padre,
conviene que repases
las cariñosas palabras
que encontramos en el Salmo 68:5:
Desde “su santa morada” en los cielos,
Jehová está viendo tu situación
y te dirige a ti estas palabras
porque eres una parte importante
de su familia.
Nota de nuevo lo que dicen:
“Padre de huérfanos
y protector de viudas
es Dios”.
O sea, Jehová te está diciendo:
“Sé que no tuviste padre.
Pero ser tu Padre
es muy importante para mí.
Cuenta conmigo.
Tú eres mi hijo”.
¿Pero y si tu padre o tu familia
te rechazan porque adoras a Jehová?
En ese caso Jehová te hace
una promesa muy especial
en Marcos 10:29, 30.
Jesús dijo:
Si tu padre o tus familiares
te han rechazado debido a tu fe,
recuerda:
eres parte de la familia de Jehová.
Por todo el mundo,
millones de siervos de Jehová
te quieren.
Y no pierdas la esperanza
de que tus familiares
que no son Testigos
algún día conozcan a Jehová
y lo amen.
Sea cual sea nuestra situación,
todos los siervos de Jehová
somos parte de una maravillosa familia.
Jehová ama a sus hijos
y él nunca dejará de amarlos.
Pronto acabará con este mundo;
y, cuando llegue el Paraíso,
los problemas que nos afectan hoy
serán cosa del pasado.
Mientras tanto,
él sigue cuidándonos con ternura;
escucha nuestras oraciones
y las contesta,
aunque no sea como esperamos,
y trabaja duro a favor de su familia,
para que estemos listos
para la vida eterna.
Él hace todo esto
y mucho, mucho, más
porque ama a su familia.
Por eso, llenos de gratitud,
repetimos las palabras de Isaías:
“Oh, Jehová, tú eres nuestro Padre”.
Cuando tenía 22 años,
a la hermana Bethel Rodish
la habían invitado a Betel,
pero un tumor cerebral
desbarató sus planes
y cambió su vida por completo.
Su biografía está en ¡Despertad!
del 22 de abril de 1990.
Desde entonces,
nuestra hermana ha visto
muchas más pruebas
de que Jehová es su Padre.
Presten atención a su historia.
Una mañana a finales de septiembre,
un hermano de la central mundial
me llamó para invitarme a trabajar
por tres meses allí.
Me disculpé con el hermano,
pero tenía que ir a una cita médica
y no podía quedarme hablando
mucho más con él.
El doctor me hizo pasar
después de hacerme una prueba
y me dijo que los resultados mostraban
que tenía un tumor
bastante grande en el cerebro.
“Tenemos que llamar
a tu familia”, me dijo.
La verdad es que el doctor que me operó
era un doctor muy bueno;
él me tuvo que operar dos veces.
Pero, después
de la segunda intervención,
el doctor nos dijo muy contento
que había podido quitar
completamente el tumor.
En menos de un año,
había recuperado mi vida.
A principios de 1990,
me fui a vivir a Brooklyn,
y ahí fue donde conocí a Bob Rodish.
Nos comprometimos
y solicitamos quedarnos en Betel,
y nos alegramos muchísimo
cuando nos dijeron que sí.
Después de un par de años,
nos enteramos de que un bebé
venía en camino.
Y, a los pocos años,
ya habíamos formado
una familia hermosa.
Teníamos dos hijos.
Y, cuando estaba
embarazada otra vez
—más o menos
en el cuarto mes—,
ocurrió algo terrible:
perdimos a nuestro bebé.
Mi mamá se había quedado
cuidando a los niños.
Cuando volvimos del hospital,
agradecimos mucho que ella
ya les hubiera dicho
que el bebé no regresaría
a casa con nosotros.
Cuando llegamos, los niños
vinieron corriendo a saludarnos,
pero yo no podía ni hablar;
es que estaba tan, pero tan triste…
Bob nos abrazó muy fuerte a todos
y les dijo a los niños
que el bebé había muerto.
Conociendo a nuestros hijos
y viendo cómo era esta situación,
tomamos una decisión:
no queríamos ser fríos,
pero sí directos,
y decirles con claridad
lo que había pasado,
que a veces ocurren cosas malas.
Pensamos que haciendo esto
sería más fácil
que nuestra familia
superara la pérdida.
Fue muy duro
entrar en el cuarto del bebé
y ver la ropita que justo había estado
arreglando y doblando el día antes.
Y, ahora, ¿qué iba a hacer yo
con todo eso?
Una vez, más o menos cinco meses
después de perder al bebé,
íbamos camino al Salón del Reino.
Y, apenas entré,
no me pude aguantar
y me puse a llorar.
Así que me di la vuelta,
salí del salón y me regresé al auto.
Dos buenas amigas se dieron cuenta
de lo que estaba pasando.
Así que salieron
y se sentaron conmigo en el auto;
y me escucharon:
les hablé de mi bebé,
les hablé de mis hijos...
Me dejaron hablar.
Y me tomaron de la mano,
me hicieron reír,
y volvimos las tres juntas
al salón enseguida.
Jehová siempre estuvo con nosotros.
Usó a los hermanos para ayudarnos.
Algunos estaban muy ocupados,
pero, a pesar de todo,
se tomaban un viernes por la noche
para venir a cenar con nosotros.
Y conversábamos de cualquier cosa,
de cosas positivas, alegres…
Eso nos ayudó a no pensar tanto
en lo que había pasado.
Nos distraía un poco
del peso de la carga
que yo sentía que llevaba.
Haber experimentado el amor de Jehová
de maneras tan específicas
me ha ayudado a estar más pendiente
de expresar ese mismo amor a otros.
Por eso me esfuerzo
por mostrarles cariño a los hermanos:
les mando un mensaje,
les escribo una tarjeta…,
o simplemente les digo que los queremos,
que nos importan mucho,
que estamos aquí
para lo que necesiten.
A lo largo de mi vida,
he visto cómo Jehová me ha ayudado
a superar las dificultades con su poder
de formas muy claras y específicas.
Creo que todos alguna vez
nos hemos sentido cansados
y hemos pensado
que no tenemos fuerzas
para ir a predicar
o asistir a la reunión.
A mí me pasó,
y Jehová me dio
la fuerza física que necesitaba.
Y, cuando necesitaba
energía mental y emocional,
pues Jehová también me la daba.
Las palabras de Deuteronomio 33:27
llegaron a tener un sentido
muy especial para mí:
“Dios es un refugio desde la antigüedad;
sus brazos eternos están debajo de ti”.
Al pasar por diferentes pruebas,
he aprendido que no hay nada
que no pueda superar
con la ayuda de Jehová.
Cultivar cualidades cristianas
—como la fe—
nos da fuerzas para aguantar
los problemas de la vida,
como ha hecho la hermana Rodish.
Una forma de cultivar estas cualidades
es participando
en el servicio de tiempo completo.
Esto nos ayuda a madurar espiritualmente
y a pulir nuestra personalidad
para que se parezca más
a la de nuestro Padre.
Teniendo en cuenta el buen efecto
que tiene en nuestra personalidad
el servicio de tiempo completo,
hemos preparado una nueva serie.
La nueva serie
destacará cómo este servicio
ha ayudado a hermanos y a hermanas
a manifestar aspectos
del fruto del espíritu
en su vida diaria.
Se titula:
“El servicio de tiempo completo
fortalece tus cualidades cristianas”.
Y el primer episodio hablará del amor.
Crecí en un pueblo pequeño
en el que básicamente
había una única cultura.
Y la gente tenía
la misma forma de pensar
y una sola forma
de hacer las cosas.
Todo cambió radicalmente para mí
cuando me uní a un Grupo de Construcción
de Salones del Reino.
Pasé de estar en un ambiente
en el que solo había una cultura
a otro en el que había muchos idiomas,
muchas culturas
y muchas tribus diferentes.
Me di cuenta de que estaba
limitando mi amor
porque solo se lo estaba demostrando
a una cultura, a una tribu.
En realidad,
vi que tenía algo de prejuicio.
Ahora sirvo en un grupo
de construcción de salones.
Me encanta,
porque tenemos un buen ambiente.
Trabajamos juntos,
vivimos juntos
y a veces incluso lloramos juntos.
Somos una gran familia.
Pero unirme a un grupo de construcción
implicó dejar atrás
mi zona de confort.
Dejé a los hermanos a los que conocía
y también a los amigos
que vivían cerca.
Empecé a sentir
que en mi nueva asignación
no recibía el mismo amor que antes.
1 Corintios 13:4
me ayudó a entender
que a lo mejor estaba acostumbrada
a una sola forma de demostrar amor
y me di cuenta de que tenía
que esforzarme
por cultivar otras formas
de amor cristiano.
Una de las cosas más importantes
que he aprendido al servir
en la obra de circuito en otro país
es que tengo que demostrar
mucho más amor y empatía.
Por ejemplo, un hermano llega tarde,
en medio del discurso,
y luego encima empieza a dormirse.
No es que yo sea
el mejor discursante del mundo.
Pero que el hermano llegue tarde
y que además se duerma
me molesta bastante.
Pero ahora sé que eso
no es muy amoroso,
porque se me olvida que el hermano
a lo mejor trabaja
de 12 a 16 horas al día,
seis días a la semana.
Como no tengo familia en la verdad,
los hermanos son mi familia.
Cuando visitamos a los hermanos,
veo que tienen muchos retos
y tienen que esforzarse para ser fieles.
Por eso quiero ser su amiga,
y que sea lo más pronto posible.
Y esto no siempre es fácil.
De hecho, a veces hasta me duele.
¿Y por qué?
No entendía por qué no querían
abrirse tan rápido.
Y entonces Mike me dijo:
“Pero si tú haces lo mismo.
A ti también te cuesta expresarte”.
Y me di cuenta.
Es verdad, yo hago lo mismo.
Y esto me está enseñando
a ser más paciente con las hermanas,
a ser más comprensiva
y a esforzarme por entenderlas
todavía mejor.
Jehová nos ayuda a todos
a seguir madurando
en sentido espiritual.
Y, en mi caso, creo que participar
en la construcción de Salones del Reino
ha acelerado ese proceso.
Ahora ya no me fijo en el color,
en el idioma o en la tribu,
sino en la persona.
Al comenzar a trabajar
con el grupo de construcción
fue como si Jehová me dijera:
“Mira, tú crees que sabes
lo que es el amor.
Pero yo te voy a enseñar
lo que es el verdadero amor
y otras formas de demostrarlo”.
Y, ahora, gracias a este aprendizaje,
cuando vamos a otros lugares,
soy capaz de formar
vínculos muy fuertes,
tan fuertes como los de antes.
Los dos nos hemos beneficiado mucho
de servir a Jehová a tiempo completo.
Hemos aprendido nuevas formas
de demostrar amor
y a ponernos
en el lugar de los hermanos.
El servicio de tiempo completo
me ha ayudado
a querer más a los hermanos.
Ahora me esfuerzo por entenderlos,
y esto me ayuda
a quererlos todavía más.
Me ayuda incluso
en mi relación con mi esposo.
Ahora le presto más atención
porque aprendí a hacerlo
con las hermanas del circuito.
¿Notaron lo que sucede
cuando fortalecemos
el amor que nos une?
Mostramos más empatía,
comprensión, paciencia,
y nos sentimos
como parte de una familia.
Esperamos que esta nueva serie
motive a muchos más de nosotros
a pensar en la posibilidad de participar
en el servicio de tiempo completo.
Al principio de este programa,
dijimos que Jehová
es un padre amoroso
que a veces nos tiene que disciplinar.
Y en ocasiones lo hace
mediante recordatorios.
En la siguiente adoración matutina,
el hermano Troy Snyder
nos ayuda a ver
los recordatorios de Jehová
como una bendición.
¿Qué te viene a la mente
cuando escuchas frases como esta?
“Recuerda esto”.
“Déjame que te recuerde algo”.
“Como recordatorio…”.
¿Cuando lo oyes
te desconectas?
¿Dejas de escuchar
porque ya lo sabes?
O quizás te molestas
porque te están recordando algo
que no has hecho.
O puede que te sientas mal
porque recibir un recordatorio
te hace sentir que no estás a la altura.
Pero los recordatorios de Jehová
son especiales,
y por eso debemos verlos diferente.
Abramos la Biblia en el Salmo 119
y fijémonos, por favor,
en el poder que tienen
los recordatorios de Jehová.
Salmo 119:2, 3:
“Felices los que hacen caso
de sus recordatorios,
los que lo buscan con todo el corazón.
No practican la injusticia.
Andan en los caminos de él”.
Como dice aquí,
somos felices al obedecer
sus recordatorios.
Nos ayudan a entender las cosas.
Amplían nuestra perspectiva.
Fortalecen nuestra decisión
de mantenernos fieles.
Como dice el versículo 3,
nos ayudan a hacer
lo que está bien
y a andar en los caminos de Jehová.
Y sin duda sus recordatorios
nos ayudan en los momentos difíciles.
Estos recordatorios
se pueden comparar
a señales en una carretera transitada.
Nos ofrecen la guía que necesitamos
en este mundo caótico.
Nos confirman que estamos
en el buen camino
y, si nos desviamos,
nos indican cómo regresar
al camino correcto.
Bueno, el texto que analizamos hoy
es un ejemplo
de los recordatorios de Jehová.
Busquémoslo, por favor.
1 Pedro 2:13, 14.
Fíjense en el recordatorio.
Dice:
“Por causa del Señor
sométanse a toda creación humana,
ya sea al rey, como alguien superior,
o a los gobernadores,
como sus enviados
para castigar a los que actúan mal
y alabar a los que actúan bien”.
Esto les recordaba
a los cristianos del primer siglo
que tenían que permanecer neutrales;
debían someterse a los gobernantes
que Jehová había permitido
que existieran.
Eso no era una enseñanza nueva,
era un recordatorio.
Ellos ya sabían
lo que había dicho Jesús
sobre el Reino
y sobre apoyar el Reino.
Entendían que Jesús
les había enseñado
a darle al césar
las cosas del césar
y a Dios las de Dios.
Y recordaban
que los apóstoles habían dicho
que hay que “obedecer a Dios
como gobernante
más bien que a los hombres”.
¿Por qué necesitaban
este recordatorio?
Les iba a ayudar
porque vivían
en un mundo dividido.
La situación era difícil
en ese momento.
La gente estaba dividida
por la política
y los presionaban
para tomar partido,
por eso necesitaban
que se les recordara
que debían permanecer neutrales.
¿Cómo los ayudó este principio?
Bueno, el versículo 13 lo explica.
Al decir “por causa del Señor”,
pudieron verlo desde otra perspectiva.
Les recordó que someterse
a los gobiernos
no implica apoyar
todas sus decisiones o las guerras.
Significa respetar a Jehová,
que les permite tener autoridad,
y esperar a que él
cambie las cosas.
Entendieron que no debían
oponerse al gobierno,
sino que debían centrarse en el Reino
y en predicar las buenas noticias
de ese Reino.
Y este no fue el único recordatorio
sobre este tema.
Unos cuantos años antes,
los cristianos también recibieron
la Carta a los Romanos
en la que se les explicaba
el papel que tenían
las autoridades superiores
y cómo debían tratarlas.
Y por ese tiempo los cristianos
también recibieron la Carta a Tito,
que les recordaba
que también debían someterse
a los gobernantes.
Todos aquellos recordatorios
los ayudaron a permanecer neutrales
y de esta manera
seguir la guía de Jehová.
Este recordatorio les fue muy útil
porque muy pronto
iban a ser perseguidos;
comenzaría una persecución
contra los cristianos.
Y, si obedecían este recordatorio,
sin duda Jehová los iba a ayudar.
Veamos lo que dice
el versículo 15 sobre esto.
En los versículos 13 y 14,
que acabamos de analizar,
se les recordaba que tenían
que someterse a las autoridades.
Y ahora leamos el versículo 15:
“Porque la voluntad de Dios
es que, al actuar ustedes bien,
hagan callar a los insensatos
que hablan sin saber”.
Si ellos obedecían este recordatorio
que venía de Jehová,
él podría ayudarlos
a seguir adorándolo
en medio de aquella situación difícil.
Y estamos seguros
de que eso es lo que hicieron.
Y hoy día está pasando
exactamente lo mismo.
Por ejemplo,
esto es lo que les pasó
a los hermanos de cierto país.
Ellos también recibieron el recordatorio
de permanecer neutrales.
Y, poco después,
estalló una guerra civil en ese país.
Obedecieron el recordatorio.
Se mantuvieron neutrales
y al mismo tiempo
se sometieron a las autoridades.
Cuando acabó la guerra,
el Gobierno trató de hacer
que la gente se mantuviera unida.
Para ello hicieron varias leyes.
Una les obligaba
a utilizar la bandera
en una ceremonia
si querían que su matrimonio
quedara registrado.
Eso iba en contra de la neutralidad
de los hermanos.
¿Qué hicieron?
Acudieron a las autoridades
y les explicaron
que en la guerra civil
habían permanecido neutrales.
Los funcionarios de gobierno
lo sabían bien y los respetaban.
Y uno de ellos les dijo:
“No queremos ponérselo difícil”.
Así que poco después
modificaron la ley
y ya no les pidieron
violar su neutralidad.
Todo gracias a que obedecieron
el recordatorio de Jehová
y a su buena conducta.
El pueblo de Jehová
recibe recordatorios
de forma constante.
Piensen en los informes
del Cuerpo Gobernante.
Por ejemplo,
nos han recordado
que debemos ponernos
metas en la predicación,
que debemos predicar
donde está la gente,
porque la amamos, ¿verdad?
Es un buen recordatorio,
y obedecerlo nos hace felices.
Se nos ha recordado
cómo ve Jehová
a los que se han ido alejando de él
o a los que han pecado
y cómo podemos cooperar con Jehová
y recibirlos de vuelta.
Hemos ampliado
nuestra perspectiva
sobre estos principios.
Otro buen recordatorio.
Y nos han dado recordatorios
sobre cómo arreglarnos.
Aunque los tiempos han cambiado
y cada uno tiene su estilo,
nuestro arreglo personal
tiene que mostrar respeto
por Jehová y su adoración.
Nos han recordado
que debemos orar
por quienes están
encarcelados por su fe.
Y que, si se nos persigue
o incluso se nos llegara a encarcelar,
debemos seguir predicando.
Y últimamente
también se nos ha recordado
que debemos permanecer neutrales.
Igual que aquellos hermanos
y hermanas del primer siglo,
nosotros también vivimos
en un mundo muy dividido.
La gente tiene opiniones
muy distintas sobre la política,
las leyes, los temas sociales…
En uno de los informes
del Cuerpo Gobernante
se nos recordó que Satanás
está presionando al pueblo de Dios
para que tomemos partido
en estos temas,
en temas políticos.
Y nos animaron a repasar
los principios del libro
Textos bíblicos para la vida cristiana,
en especial la sección “Gobiernos”.
Hacerlo grabará estos principios
en nuestro corazón
y nos ayudará a responder
a quien nos pida explicaciones
sobre este tema;
también contribuirá
a la unidad del pueblo de Dios.
Aquí en Betel también
se nos recuerdan muchas cosas.
Por ejemplo, que debemos perdonar
a nuestros hermanos y hermanas.
Se nos recuerda que,
cuando hay un problema entre nosotros
o con algún otro departamento,
debemos buscar la paz
para seguir unidos y felices.
A eso nos ayudan los recordatorios.
También se nos recuerda
que leamos la Biblia cada día.
¿Y eso por qué?
Porque estamos ocupados.
Por eso nos dicen que debemos
escuchar a Jehová
mediante la Biblia todos los días.
A los superintendentes
nos recuerdan que lo más importante
es que seamos buenos pastores.
¿Por qué nos recuerdan eso?
Porque a veces
nos centramos más en el trabajo
que en los hermanos,
las ovejas de Jehová.
También nos recuerdan que,
cuando sentimos que no valemos nada,
tenemos que luchar contra eso
y pensar que Jehová nos quiere,
que ve lo mejor de nosotros
y que es misericordioso.
Él nos consuela,
especialmente si estamos tristes.
Así que, cuando escuchemos
los recordatorios de Jehová,
no los ignoremos.
Escuchémoslos con atención,
porque miren lo que dice
el Salmo 119:111:
“Acepto tus recordatorios
como mi propiedad permanente
porque son la alegría de mi corazón”.
Sin lugar a dudas,
nos hacen felices.
Nos mantienen unidos.
Nos ayudan a ir por el camino correcto
y a estar muy cerca de Jehová.
¡Qué bueno que el hermano nos recordó
cómo debemos ver
los recordatorios de Jehová!
Al escuchar a Jehová,
crecemos en sentido espiritual.
Y también crece el deseo
de servir a nuestros hermanos.
La verdad es que hay muchas maneras
en las que podemos ampliar
nuestro servicio.
Puede que ya estés
colaborando en una tarea.
¿Pero te imaginas cómo sería
colaborar en otra diferente?
Pues, bueno, hemos preparado
otra nueva serie
que te ayudará a visualizar
esa experiencia.
Se titula “Un día en la vida de…”.
Cada episodio nos va a mostrar
cómo es el día a día
de hermanos y hermanas
de distintas partes del mundo
que trabajan duro
realizando diferentes tareas.
Veamos el primer episodio; se titula:
Un día en la vida de una traductora.
Saludos, hermanos.
Me llamo Han Na Kim
y soy traductora
a la lengua de señas coreana.
En nuestro departamento,
traducimos el alimento espiritual
que se publica en inglés
y tratamos de que la traducción
suene bien,
sea fácil de entender
y no contenga ningún error.
Las traducciones a lengua de señas
se hacen directamente en video,
y transmitimos las ideas
usando las manos
y expresiones faciales.
Ahora estoy estudiando la información
que vamos a traducir hoy.
Primero trato de identificar
las ideas principales
y luego pienso
en cuál es la mejor manera
de ordenarlas y expresarlas
en lengua de señas.
Para ser un buen traductor
hay que conocer bien el idioma.
Al principio yo pensaba
que dominaba muy bien
la lengua de señas coreana,
así que empecé a traducir
con mucha seguridad.
Pero después me di cuenta
de que tenía mucho que aprender.
Durante mi capacitación,
empecé a prestar más atención
a la gramática
y a la estructura de las expresiones.
Algo que me ayudó a mejorar
fue fijarme en el vocabulario
que realmente usan las personas sordas
y estudiar las traducciones
a otras lenguas de señas.
Por lo general trabajo
con otros dos traductores.
Los tres somos responsables
de traducir la información,
de que digamos lo mismo que el original
y de que se entienda.
No hay publicaciones escritas
en lengua de señas,
así que tenemos que grabar
la traducción en video.
En lo que estamos traduciendo hoy,
se mencionan las ballenas.
Pero cada uno de nosotros
usa una seña distinta,
así que tenemos que decidir
cuál es la más común.
A veces es difícil
encontrar la mejor solución.
Pero en esos casos el grupo
sigue conversando y dando ideas
hasta que por fin
todos nos quedamos contentos.
Ver cómo Jehová nos ayuda
en esos momentos es muy bonito.
En el equipo de traducción hay hermanos
y hermanas de distintos antecedentes.
Mis compañeros y yo trabajamos juntos,
salimos a predicar juntos,
vamos a la misma congregación…
¡Somos como una familia!
Uno, dos…, ¡ya!
Hace poco hubo un cambio
en el proceso de traducción:
ahora los traductores
también hacemos la grabación final
y la edición de los videos.
Al principio estaba muy preocupada
porque era difícil
y no sabía si lo iba a hacer bien.
Pero ahora estoy muy contenta
porque he aprendido mucho
gracias a la capacitación
y el apoyo de los hermanos.
Tres, cuatro… ¡Muy bien!
Mi compañera de cuarto, Hyun Ji,
trabaja en el mismo departamento que yo,
¡y hasta vamos a la misma congregación!
Pero a mí me gusta
que podemos hablar de todo.
Cuando estoy trabajando
en la traducción,
no pienso tanto en lo que aprendo
yo de la lección,
sino en encontrar una forma natural
de expresar las ideas en señas.
Pero después, cuando sale el video,
en mi estudio personal,
me doy cuenta de lo que Jehová
me está diciendo a mí
y de cómo lo tengo
que poner en práctica.
Incluso en los videos
en los que he trabajado
y que he tenido que ver muchas veces
descubro cosas nuevas e interesantes
durante mi estudio personal.
Por eso, sé lo importante
que es dedicar tiempo a estudiar,
para que esas verdades
me lleguen al corazón.
Mis padres son sordos,
así que aprendí señas de niña.
Cuando empecé a hacer esta labor,
me sorprendió que hubiera
tantos hermanos trabajando
para el beneficio de los sordos,
aunque sean pocos.
Ver ese amor que Jehová
siente por ellos me conmueve.
Estoy decidida a hacer todo lo posible
por que la traducción sea sencilla
y les llegue al corazón.
Me hace muy feliz saber
que el trabajo que hago aquí
beneficia a los hermanos y hermanas
que utilizan la lengua de señas coreana.
Ver el valor que mi trabajo
tiene para mis padres
y cómo fortalece su relación con Jehová
me llena el corazón de alegría.
Estoy muy contenta
de poder ser traductora
y ver de cerca
todas las cosas maravillosas
que Jehová está logrando.
Espero que muchos otros
también tengan la oportunidad
de disfrutar de este servicio especial.
La hermana Kim nos ha regalado
una idea muy valiosa.
Aunque su tarea es traducir
el alimento espiritual,
ella reconoce que necesita
apartar tiempo extra
para nutrirse en sentido espiritual.
¡Qué buen recordatorio
para los que estamos muy ocupados
en el servicio a Jehová!
Y ustedes, jóvenes,
esperamos que esta serie los motive
a ponerse nuevas metas
en el servicio a Jehová.
Nuestro video musical
destaca otra cosa muy buena
de la familia de Jehová.
Ya sea que estemos
predicándole a un vecino
o hablando con un hermano
en la congregación,
siempre buscamos
oportunidades para animar.
Veamos ahora el video.
♪♪ Pueden dejar una cicatriz
o ser un regalo
que hace muy feliz.
Son una llama
que hay que controlar,
usarlas bien para no incendiar.
Ya ves que hoy igual que ayer
las buenas palabras
son más dulces que la miel.
Puedes mostrar
amor y compasión,
puedes conseguir
que sane un corazón.
¿Y qué vas a decir?
¡Qué bueno es elegir
palabras más dulces que la miel!
Y, siendo sinceros,
hay que recordar
que el aire de este mundo
se nos puede contagiar.
Igual que Jehová,
en nuestro interior
solo habrá cariño, bondad y amor.
Ya ves que hoy igual que ayer
las buenas palabras
son más dulces que la miel.
Puedes mostrar
amor y compasión,
puedes conseguir
que sane un corazón.
¿Y qué vas a decir?
¡Qué bueno es elegir
palabras más dulces que la miel!
Ya ves que hoy igual que ayer
las buenas palabras
son más dulces que la miel.
Puedes mostrar
amor y compasión,
puedes conseguir
que sane un corazón.
¿Y qué vas a decir?
¡Qué bueno es elegir
palabras más dulces que la miel! ♪♪
¡Es hora de descubrir tesoros!
El libro de Nahúm
será el séptimo de esta serie
en la que profundizamos en los 12 libros
de los profetas menores.
¡Fíjate en lo que puedes aprender!
Y, si te gusta algún detalle,
anótalo, para que busques
más información.
Me encanta que investiguemos juntos
sobre la lectura semanal.
En el libro de Nahúm
hay principios muy importantes.
¿Verdad que sí?
Habla de la soberanía de Jehová
y la santificación de su nombre.
Entonces, ¡comencemos!
El esclavo fiel y prudente
nos recomienda que, cuando leamos,
lo hagamos despacio
y que tratemos de ser
un poquito curiosos.
¡Qué buen punto!
La velocidad es enemiga
de la buena lectura.
Por ejemplo, el capítulo 1,
versículo 1, dice:
¿A ver? Detente ahí.
Nínive… hace poco leímos de esto,
—¿verdad?
—Sí.
Jehová ya había mandado
a un profeta ahí: a Jonás.
Y ya sabemos lo que pensó
sobre aquella misión.
Los asirios eran aterradores,
por eso Jonás huyó.
Así es.
Me pregunto cómo se habrá sentido Nahúm
cuando comenzó a escuchar
el mensaje de Jehová.
¿¡Cómo habrá reaccionado
ahora que le estaba hablando a él!?
Me imagino que se angustió muchísimo,
y no me extraña después de lo que vi
cuando estudié sobre Nínive.
Fui al Índice
y busqué “Nínive”,
y ahí encontré
una entrada que decía
“Ciudad de derramamiento de sangre”.
¡Qué buena idea usar el Índice!
Ahí uno puede encontrar
más información del tema.
En una de las publicaciones
que leí en el Índice,
un investigador decía
que “los muchachos y las muchachas
eran quemados vivos”
y que “los hombres eran empalados,
desollados, cegados,
o privados de sus manos,
pies, orejas o narices”.
¡Ay, qué terrible!
Yo creo que decir que Nahúm
estaba angustiado se queda corto.
Y mira la línea de tiempo.
Parece que Nahúm comenzó a profetizar
durante el reinado de Josías.
Él puso en marcha
una campaña muy firme
para eliminar
la adoración falsa del país.
Seguro que Josías y el pueblo
tenían algunos temores
ahora que querían volver
a la adoración pura.
En especial porque Asiria
era la nación más poderosa
en aquel entonces.
Podían hacer lo que ellos quisieran.
Quizás los israelitas estaban asustados
de que las reformas
que había hecho Josías
pudieran enojar a los asirios.
Tal vez pensaban
que los iban a torturar
como a algunos en Samaria.
Imagínate a nuestra hija ahí,
¡qué miedo!
Pero mira en el versículo 3
lo que hace Jehová.
Dirige la atención a la forma
en la que ejerce su soberanía.
En ese versículo él les asegura
que “es paciente,
y también muy poderoso”.
Me puse a investigar,
y resulta ser que este es uno
de los pocos lugares en la Biblia
en los que Jehová conecta
su paciencia con su gran poder.
Parece que Jehová quería
que se centraran en su poder
y en su forma de gobernar,
y no en lo que los asirios
podían hacerles.
¡Qué tranquilizador!
Pero Jehová hace algo más;
en el versículo 15 dice:
Jehová les dice:
“Aunque todavía no he destruido a Asiria,
adórenme sin miedo.
Celebren las fiestas”.
Claro. “Pueden confiar en mí”.
Exactamente.
Al final, Jehová demostró su gran poder
dejando Nínive tan arrasada
que por mucho tiempo
ciertos críticos de la Biblia
creyeron que no había existido.
¡Ay, qué alivio para Nahúm, Josías
y todos los siervos de Jehová
de ese tiempo!
Podían adorar a Jehová felices y en paz.
Al centrarse en la forma
de gobernar de Jehová,
pasaron del miedo a la confianza.
Ay, ¡qué bonita perla!
Déjame anotarla.
La forma de gobernar de Jehová
nos da confianza.
Sí. Y esa perla
se convertirá en un tesoro
si la aplicamos
a nuestra relación con Jehová.
Exacto.
La forma en que Jehová
ejerce su soberanía
nos enseña muchísimo
sobre su personalidad.
Sigo pensando en eso que leímos:
“Jehová es paciente,
y también muy poderoso”.
Con los humanos muchas veces
pasa lo contrario:
cuando tienen poder,
no son pacientes.
Si Jehová fue paciente
con gente tan cruel y violenta
como los asirios,
¿no tendrá paciencia conmigo?
Bueno, cuando me equivoco,
normalmente siento como si Jehová
me rechazara de inmediato.
Pero meditar en este relato
me ayuda a ver a Jehová
como un padre amoroso y muy paciente.
Él es paciente conmigo
porque me quiere mucho.
Y entender esto
me hace tener la seguridad
de que él es mi amigo.
¡Qué bonito!
La verdad es que a veces
somos demasiado críticos
con nosotros mismos
y no dejamos de darles vueltas
a esos pensamientos negativos.
Pero Jehová no nos ve así.
Así que, si Jehová
es tan paciente conmigo,
¿no debería serlo yo también?
Creo que debo esforzarme más
por verme como Jehová me ve.
¿Y cómo puede ayudar esto
a quien tiene cierta autoridad
en la familia o en la congregación?
En mi caso, puedo preguntarme
si soy paciente.
¿Cómo me verá Jehová?
Si no soy paciente y me enojo rápido,
¿a quién estoy imitando?
Sí, qué buen punto.
Yo también he estado pensando
en el poder de Jehová.
Los israelitas no tenían razones
para tener miedo.
Los asirios no eran nada
comparados con el Dios todopoderoso.
En nuestro caso,
vivimos en el mundo de Satanás,
que es horrible,
pero no tenemos nada que temer.
Jehová usa su poder para ayudarnos.
Así que, cuando me enfrente
a una prueba,
voy a centrarme
en su forma de gobernar.
No voy a tener miedo
porque, en vez de verme
a mí misma frente a la prueba,
voy a ver a Jehová frente a la prueba,
y eso me va a tranquilizar.
Es cierto.
También quiero esforzarme
por leer las experiencias
que aparecen en jw.org.
Ver cómo los hermanos y las hermanas
están aguantando persecución
me da la seguridad de que,
cuando yo también
tenga que enfrentarme
a la persecución,
Jehová me dará la actitud
y las herramientas necesarias
para aguantarla.
Los ejemplos de estos hermanos
demuestran que Jehová
está usando su poder
para ayudar a su pueblo hoy día.
Realmente es paciente y muy poderoso.
Sí, es cierto.
OK, mira lo que escribí
para que no se me olvide.
Leer despacio y con curiosidad,
usar el Índice para buscar
más información del tema
y ver lo que nos enseña
la soberanía de Jehová sobre él.
Y aún hay mucho más por investigar.
Por ejemplo,
¿cómo fortalece nuestra fe
el cumplimiento de otros detalles
sobre esta profecía
de la destrucción de Nínive?
Entonces, sigamos investigando un ratito.
Mira, yo encontré esto que también…
En este programa,
se nos ha recordado
que tenemos al padre
más cariñoso del universo, Jehová.
Todo esfuerzo que hagamos
por ser parte de su familia
vale la pena.
Por eso fortalecemos el amor,
ese “lazo de unión perfecto”
que existe entre nosotros.
También nos nutrimos
en sentido espiritual
para poder realizar distintos trabajos
que apoyan la organización
y la obra del Reino.
Y, cuando pasamos por dificultades,
nunca dejamos de confiar
en nuestro Padre, Jehová.
Finalmente,
la videopostal de este mes
viene de Gabón,
en la costa oeste de África central.
Gabón es conocido
como el Edén de África
por sus hermosos paisajes,
que incluyen la selva tropical
(que cubre el 85 % del país)
y las cataratas de Kongou.
En el parque nacional de Loango
se pueden ver elefantes
cerca de la costa.
Son elefantes de bosque,
que es una especie
en peligro de extinción,
y la mayoría de ellos
se encuentran en Gabón.
Allí también viven gorilas,
coloridos mandriles
y miles de chimpancés.
Gabón también es el hogar
de una abundante vida marina.
Hay más de 20 especies
de delfines y ballenas,
lo que da a los visitantes
muchas oportunidades de ver de cerca
a estas majestuosas criaturas.
Aunque hay animales
que es mejor ver de lejos,
como la víbora de Gabón,
que tiene los colmillos más largos
que cualquier otra serpiente venenosa.
Llegan a medir 5 centímetros
(o 2 pulgadas),
pero lo bueno es que son tranquilas
y casi nunca muerden.
La capital, Libreville,
la fundaron en el siglo diecinueve
personas que habían sido esclavas.
Hay edificios modernos,
parques y playas.
Al sureste del país está Franceville,
que queda muy cerca
de lugares muy bonitos,
como las cataratas Poubara.
En 1957 dos hermanos emigraron
de lo que ahora es la República del Congo
para buscar trabajo
y pasaron por el sur de Gabón.
Ellos le predicaron a Antoine Moubanga,
que enseguida progresó
y se bautizó en junio de 1957.
Antoine fue el primer
testigo de Jehová en Gabón.
Por ese tiempo,
unos Testigos del Congo
que trabajaban
para una empresa de construcción
se mudaron a Gabón.
Ellos, junto con el hermano Moubanga,
comenzaron a predicar
y a celebrar reuniones
en una cabaña de madera que alquilaban.
Los sábados por la tarde
daban discursos públicos
y ponían unos bancos al aire libre,
por eso se los conocía
como “la religión de los bancos”.
En 1964, cuando la obra
recibió reconocimiento oficial,
llegaron los misioneros.
Para llegar al mayor número de personas,
los domingos transmitían
por radio discursos bíblicos.
Pero de repente, en abril de 1970,
el Gobierno prohibió
la predicación y las reuniones,
y deportó a los misioneros.
Aun en estas difíciles circunstancias,
los hermanos siguieron
sirviéndole lealmente a Jehová.
Para que no los descubrieran,
celebraban sus reuniones
y asambleas de noche.
Poco a poco las cosas fueron mejorando.
Los hermanos pudieron
construir Salones del Reino,
celebrar reuniones y asambleas,
y hasta empezaron a transmitir
de nuevo un programa de radio.
Este programa fue muy conocido.
De hecho, en el 2004,
se publicó un artículo sobre él
en un periódico nacional.
Uno de los presentadores dijo
que la gente reconocía su voz
y así le era muy fácil
comenzar cursos de la Biblia.
Hoy día hay más de 4.600 publicadores
predicando las buenas noticias.
Dirigen más de 8.000 cursos bíblicos
en distintos idiomas
como enyebi, fang, francés,
miene, punu y tequé.
Recientemente,
28 hermanos y hermanas
asistieron a la primera clase
de la Escuela
para Evangelizadores del Reino
en Gabón.
Las clases se llevaron a cabo
en un moderno Salón del Reino
en la zona de Okala, en Libreville.
Los 116 publicadores
de la congregación Okala
dirigen nada más y nada menos
que 140 cursos bíblicos,
¡han roto su propio récord!
A la última Conmemoración
asistieron 287 personas.
Nuestros hermanos
de la congregación Okala
les envían un cariñoso saludo.
Desde la central mundial
de los testigos de Jehová,
esto es JW Broadcasting.