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JW Broadcasting: Junio de 2026 (graduación de la clase 159 de la Escuela de Galaad)

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¡Bienvenidos a JW Broadcasting®!
El 14 de marzo de 2026,
los estudiantes
de la clase 159 de Galaad
terminaron sus cinco meses
de estudio de la Biblia.
El programa de graduación los preparó
para los cambios que vendrán
y para futuras asignaciones.
Los principios que se analizaron
también son prácticos para nosotros
cuando nos enfrentamos a cambios.
Busquemos maneras
de poner en práctica
las lecciones que escucharemos.
Bueno, solo queremos
darles la bienvenida
a todos los que están escuchando
y viendo este programa.
También les damos la bienvenida
a los estudiantes,
que se han esforzado mucho
estos cinco meses.
Sabemos que estaban llegando
al límite de tanto estudiar,
así que nos alegramos
de que estén aquí hoy.
Y qué bueno que estén aquí
su familia, sus amigos,
todos los que están presentes
y los miles que están conectados
por todo el mundo.
Bueno, ¿lo pueden creer?
Por fin llegó el día,
el de su graduación;
llevaban mucho tiempo esperándolo.
Lo sé.
Llegó el momento
de irse a sus destinos
y de poner en práctica
todo lo que han aprendido
en esta escuela,
tantas preciosas perlas,
y de trabajar hombro a hombro en paz
con sus queridos hermanos.
Y el tema de la paz, ¿te preocupa?
Quizás vas a un lugar nuevo
y te preguntes:
“¿Lograré mantener la paz?
¿Me llevaré bien con los demás?”.
O a lo mejor vuelves adonde estabas
y piensas:
“¿Me estarán observando
para ver si soy mejor
después de Galaad?”.
Es normal que se sientan así.
Por eso, el título de este discurso
es el siguiente:
“Mantengamos la paz”.
Todos sabemos
que mantener la paz
no siempre es fácil.
Jesús también lo reconoció
en Mateo, capítulo 5.
Vamos a buscarlo, Mateo 5.
Fijémonos en la situación
que él describe
y en cuál es la lección.
En Mateo 5:23, 24,
Jesús les dice a sus discípulos:
“Por eso, si estás llevando
tu ofrenda al altar
y allí te acuerdas
de que tu hermano
tiene algo contra ti,
deja tu ofrenda allí,
delante del altar,
y vete.
Primero haz las paces
con tu hermano,
y luego vuelve
y presenta tu ofrenda”.
A los que escucharon esto
hacer lo que Jesús estaba diciendo
podía haberles parecido imposible.
Imagínense: dejar la ofrenda en el altar
y ponerse a buscar
a alguien en la ciudad
durante la época de la fiesta
cuando allí había
cientos de miles de personas,
entre toda esa gente.
Buscar a alguien que, por cierto,
tiene algo contra ti.
Hacer las paces con esa persona
y volver al templo a tiempo
para presentar tu ofrenda.
Así que lo que Jesús nos enseña
con todos estos detalles
es que mantener la paz
a veces es difícil.
Y las preguntas que nosotros
debemos hacernos son:
“¿Por qué puede ser difícil
mantener la paz?
Y ¿qué hay que hacer
para mantenerla,
aunque sea difícil?”.
Para contestar esas preguntas,
vamos a hablar de tres miedos
que nos impiden mantener la paz.
Y luego veremos
cómo Abrán, o Abrahán,
fue capaz de superar esos miedos
y mantener la paz con Lot
en ocasiones en las que esa paz
se puso a prueba.
Empecemos con el primer miedo:
el miedo a parecer débiles.
Muchos luchamos
con sentimientos de inseguridad,
de creer que no valemos nada,
y una reacción natural a eso
es esforzarnos por parecer
mejores que los demás,
y eso hace que ellos
se sientan inferiores.
Y al final lo que ocurre
es que se pierde la paz.
¿Y podría Abrán llegar a superar
ese posible miedo?
Busquemos en la Biblia
Génesis, capítulo 13.
Este es el famoso relato
en el que los ganaderos
de Lot y Abrán
se peleaban por las tierras,
y parece que Abrán vio que aquello
podía afectar su relación con Lot.
Veamos lo que pasó
en Génesis 13:8, 9:
“Así que Abrán le dijo a Lot:
‘Por favor, somos hermanos.
No debería haber peleas entre tú y yo,
ni entre tus ganaderos y los míos.
Tienes a tu disposición
cualquier parte del país,
¿no es verdad?
Separémonos, por favor.
Si tú vas a la izquierda,
yo iré a la derecha.
Pero, si tú vas a la derecha,
yo iré a la izquierda’”.
¡Guau!
Abrán fue humilde
y trató a Lot como si fuera superior;
no tuvo miedo de parecer
menos importante que Lot.
Pudo haber intentado demostrar
que él era el más importante de los dos.
Pudo haber dicho:
“Espera.
¿Quién sigue a quién?
Tú eres el que me sigue a mí.
Yo fui el que recibió una misión
de parte de Jehová, no tú”.
Podía haberse salido con la suya,
pero seguramente
no habría mantenido la paz.
No, Abrán no hizo eso.
Aunque tenía inseguridades,
como tú y como yo,
él no quiso ser más importante.
Cedió y dejó que Lot eligiera.
¿Y qué fue lo que motivó
a Abrán a hacer eso?
En pocas palabras,
a él le importaba más
cómo lo veía Jehová
que cómo lo veían los demás.
A Abrán no le importaba en qué parte
de la Tierra Prometida viviría:
lo importante para él era estar
en la Tierra Prometida.
Estar allí significaba
que tenía la aprobación de Dios.
¿Y no es esa la lección
de Mateo 5:23, 24?
En realidad, Jesús
le dijo al que quiso hacer
las paces con su hermano:
“Vuelve.
Ven, vuelve al altar
y dale tu ofrenda a Jehová”.
Abrán quería eso
más que cualquier otra cosa:
la paz con Dios.
¿Entonces cuál es la lección,
la primera lección
que aprendemos de Abrán?
Que el miedo a parecer débiles,
a que otros no vean
la experiencia que tenemos
o nuestra posición,
o quizás que fuimos a Galaad…,
todo eso viene de inseguridades
que pueden impedir
que mantengamos la paz.
¿Y cómo evitamos tener este miedo?
Bueno, igual que Abrán,
estando contentos
con lo más valioso
que un humano puede tener:
la aprobación de nuestro Dios, Jehová.
Otras bendiciones o asignaciones
que podamos tener
son cosas adicionales.
Ahora bien,
Abrán fue humilde con Lot
y pudo haber pensado:
“Seguro que Lot me tratará
de la misma manera”.
Eso habría sido ideal.
Esto nos lleva al segundo miedo:
el miedo a que se aprovechen de nosotros.
Esto puede ocurrir
cuando cedemos en un desacuerdo
y entonces nos sentimos vulnerables
y tenemos miedo
de que, como cedimos,
ahora la otra persona
va a aprovecharse de nosotros.
¿Qué hizo Abrán?
Volvamos al capítulo 13 de Génesis
y sigamos leyendo.
Génesis 13, a partir del versículo 10.
Recordemos lo que pasó.
Abrán fue bueno con Lot,
se esforzó por mantener la paz,
y el versículo 10 dice:
“Entonces Lot levantó la vista
y vio todo el distrito del Jordán,
hasta Zóar.
Vio que era una región
con mucha agua,
igual que el jardín de Jehová
y que la tierra de Egipto.
Así era antes de que Jehová
destruyera Sodoma y Gomorra.
Lot eligió todo el distrito del Jordán
y mudó su campamento al este.
De modo que se separaron.
Abrán se fue a vivir
a la tierra de Canaán.
En cambio, Lot se fue a vivir
cerca de las ciudades del distrito”.
¿Estaba Lot aprovechándose
de la humildad que le mostró Abrán?
En realidad, no lo sabemos.
No tenemos todos los detalles
de lo que estaba pasando
en aquel momento.
Y en el discurso principal
de este programa
se hablará más de esto.
No se lo pierdan.
Pero ¿y si lo que hizo Lot
sorprendió a Abrán?
¿Y si aquello le molestó?
Abrán pudo haber pensado:
“¿¡Qué pasa aquí!?
Ser humilde no funciona.
¿De qué me sirve?
Tengo que ser más duro con Lot”.
Podía haber pensado así.
¿Pero se dejó llevar Abrán
por ese miedo?
No.
Noten que al final del versículo 11
y al principio del versículo 12
simplemente dice:
“De modo que se separaron.
Abrán se fue a vivir
a la tierra de Canaán”.
Sin quejarse,
sin reclamar sus derechos
o decir que era injusto...
Abrán demostró verdadera humildad.
No era una táctica
para al final salirse con la suya.
Para Abrán, la paz
era más importante
que sus gustos personales.
¿Vemos la lección
que podemos aprender?
El miedo a que alguien
se aproveche de nosotros
y se quede con una responsabilidad
que queríamos
o con el mérito, la alabanza…
puede hacer que empecemos a pensar
que ser amables, humildes y ceder
no nos conviene;
y eso acabará con la paz.
No nos dejemos llevar
por ese miedo.
En vez de eso,
hagamos como Abrán.
Confiemos en que mantener la paz
como Jehová quiere
siempre es lo mejor,
incluso cuando parece
que salimos perdiendo.
Puede que las cosas
no salgan como nos gustaría,
pero tendremos lo más importante:
la aprobación de Dios,
la paz con él.
Cuando Lot empezó a sufrir
las consecuencias de sus decisiones,
¿cómo reaccionó Abrán?
¿Perdonó y olvidó?
¿O tuvo miedo de hacerlo?
Ese es el tercer miedo,
y lo analizaremos
al final del programa.
Ha llegado el momento de ver
De primera mano.
Esta es una parte del programa
de graduación de Galaad
que cada vez nos gusta más.
Esta vez será interesante,
será una buena oportunidad
para los que tienen
espíritu de misionero.
Les dará ideas
de lo que pueden hacer para predicar
donde hace falta más ayuda.
El hermano Jeremy Clarke
presentará esta edición
de De primera mano.
Bienvenidos a De primera mano.
En Mateo 5:6, Jesús dice
que felices son los que tienen
hambre y sed de justicia,
porque ellos serán saciados
en sentido espiritual.
¿Pero cómo satisface Jehová
la necesidad espiritual
de nuestros jóvenes?
Bueno, les da esa responsabilidad
a sus padres.
Pero ¿y si sus padres
no son testigos de Jehová?
¿Qué hace él entonces?
En tiempos antiguos,
Jehová se valió
de otras personas maduras;
por ejemplo,
el sumo sacerdote Jehoiadá
ayudó al rey Jehoás,
y Zacarías educó al rey Uzías.
En este episodio de De primera mano,
algunos estudiantes nos contarán
cómo Jehová los alimentó
en sentido espiritual
cuando eran jóvenes
y cómo esto los llevó a hacer
más por Jehová
y a disfrutar de su servicio sagrado.
Comencemos.
La primera pareja
viene de Estados Unidos,
y son Antron y Rebeca Carraway.
Les damos la bienvenida a ambos.
Ustedes llevan algunos años
sirviendo en Estados Unidos,
pero nos gustaría que nos contaran
un poco acerca de su crianza
y su juventud.
Claro.
Nací y me crie en Carolina del Sur.
Y mis padres me enseñaron
la verdad desde niño.
Mi papá me enseñó
a tratar bien a la gente.
Y mi mamá,
ella siempre estuvo ahí
ayudándome a que me pusiera
metas espirituales y a cumplirlas.
Y hubo otros hermanos
en la congregación
que se interesaron mucho por mí.
Uno de ellos se ofreció
a estudiar conmigo y con mi primo
el libro de Proverbios.
¿¡El libro de Proverbios!?
Es que éramos adolescentes,
y el hermano pensó que,
como el libro de Proverbios
está lleno de consejos prácticos,
sería una buena manera
de familiarizarnos
con la sabiduría de la Biblia.
También hubo otro hermano
que tuvo un impacto en mi vida.
Él estaba en mi congregación
y se fue unos años a Betel,
pero, cuando regresó, me dijo:
“Tienes que pensar
en ponerte la meta de ir a Betel”.
Así que eso hice.
También me dijo que debía
aprender otro idioma,
y le hice caso.
¡Qué bueno que lo escuchaste!
Es animador ver
que se interesaron tanto por ti.
Y tus padres,
¿te enseñaron la verdad, Rebeca?
Yo crecí en España
y mi familia vivía
cerca de la sucursal.
Recuerdo que con frecuencia
mis padres invitaban
a betelitas a la casa.
¿Qué efecto crees que tuvo eso en ti,
que vinieran tantos betelitas a casa?
Pues pude ver que, aunque
no tenían mucho en sentido material,
realmente no les faltaba nada.
Para mí estaba claro
que Jehová cuidaba de ellos
en todo sentido.
Y se notaba que eran felices;
siempre estaban sonriendo.
Creo que eso siempre
se me quedó en el corazón.
Yo también quería sentir
esa alegría en mi vida.
¡Qué bien!
¿Y qué más hicieron tus padres
para ayudarte en sentido espiritual?
Algo que recuerdo es que mi padre
oraba conmigo y mis dos hermanas
todas las noches.
Pero no solo eso:
él también quería escuchar
nuestras propias oraciones.
Así él podía ver si Jehová
era alguien real para nosotras.
Y mi madre, por su parte,
nos animaba a pasar
el mayor tiempo posible
con los precursores de la congregación.
Y, gracias a que hicimos eso,
las tres llegamos a amar
la predicación desde jovencitas.
Pues se nota que ambos
aprendieron mucho
de lo que les enseñaron sus padres.
Eso les dio fe y entusiasmo,
y los motivó a hacer más por Jehová.
¿Se les presentó
esa oportunidad de hacer más?
Pues sí.
Cuando Antron y yo
nos estábamos conociendo,
él ya era betelita en Nueva York.
Pero poco después
recibió una invitación
para servir en la sucursal de Uganda.
¡Guau!
Sí, para mí también fue una sorpresa,
pero tenía muchas ganas de ir a Uganda.
Rebeca y yo nos seguimos conociendo,
la boda fue en Madrid,
y pocos días después de casarnos
Rebeca viajó a Uganda
para comenzar su servicio en Betel.
Y ahí están los dos en Uganda, ¿no?
Sí, es en la sucursal.
¿Y cómo les fue?
La verdad es que fue
una experiencia inolvidable.
Pero tengo que reconocer
que al principio me costó,
porque eran
muchas cosas nuevas a la vez.
Tenía que acostumbrarme
a la vida de casada
y a la vida en Betel.
Y no solo eso, también a la cultura,
el idioma, la comida
y hasta la forma de pensar.
Te sirve para conocerte a ti mismo.
Te das cuenta de cómo piensas,
cómo piensan los demás,
y eso te ayuda a madurar.
Te deben haber venido muy bien
los proverbios que aprendiste de joven.
Sí, sí.
Por ejemplo, ahora en las clases
repasamos Proverbios 19:11,
que dice que “es un gesto hermoso”
pasar por alto la ofensa.
Es impresionante que Jehová
—quien ha creado tantas
cosas hermosas—
nos diga en este versículo
que pasar por alto una ofensa,
eso es hermoso.
Eso nos hizo pensar que,
cuando estuvimos en Uganda,
hicimos cosas que tal vez
ofendieron a los hermanos.
Pero nunca nos dijeron nada.
Tuvieron el hermoso gesto
de pasar por alto nuestras ofensas.
Sí, los hermanos de Uganda
llegaron a ser como nuestra familia.
Aprendimos que, cuando de verdad
amas a los hermanos,
ellos también te van a querer.
Y nos ayudaron mucho,
sobre todo cuando
nos entraba la nostalgia.
Por ejemplo, había
una pareja de misioneros
que estaban muy pendientes
de nosotros y de cómo nos sentíamos.
Nos prestaban mucha atención
y pasaban tiempo con nosotros.
Veíamos todo su amor y cariño
como una expresión del amor
y cariño que Jehová mismo
siente por nosotros.
¿Y cuánto tiempo
estuvieron en Uganda?
Estuvimos 10 años allí.
¿Fue duro irse?
Sí. Fue muy duro.
Lloramos muchísimo
cuando nos tuvimos que ir.
Sí, lloramos a más no poder.
Sí.
Pero lo bueno es que seguimos
en contacto con los hermanos de Uganda,
en particular
con las muchas amigas que hice allí.
Ellos tenían el don de hacer
sentir al extranjero
como alguien nacido allí.
Es más, cuando nos fuimos,
nos regalaron una cabrita
y un terreno por si nos da por volver.
Excelente.
Ustedes han puesto en práctica
todo lo que aprendieron en su niñez
y ahora están listos para satisfacer
las necesidades espirituales de otros.
Antron y Rebeca,
les agradecemos mucho
que hayan compartido
con nosotros su historia.
Algunos en esta clase
tienen a uno solo de sus padres
en la verdad.
Una de ellos es la hermana Jiahui Lin,
de Taiwán.
¡Démosle la bienvenida!
Nos alegra tenerte aquí, Jiahui.
Gracias.
¿Nos puedes contar un poquito
de tu crianza también?
Claro.
Nací y crecí en Taiwán.
Y tenía 10 años cuando mi mamá
aprendió la verdad y se bautizó.
Bien.
¿Y tu papá?
Él todavía no es Testigo,
pero no se opone y nos apoya.
Fue mi mamá la que nos enseñó
a mi hermano menor y a mí
a amar tanto a Jehová
como la predicación.
Esta eres tú con tu mamá…
Sí, en el Salón.
— … y con tu hermano.
— Mmm…
Qué bonita foto.
¿Qué hizo tu mamá
para que aprendieras a amar a Jehová?
Mi mamá empezó el precursorado
cuando éramos pequeños
y tenía un trabajo
de jornada completa.
Pero no era precursora
solo por un sentido de compromiso;
le encantaba predicar.
Todavía recuerdo
lo contenta que se veía
cuando llegaba a casa de predicar.
Siempre nos contaba
todas las experiencias bonitas
que había tenido ese día
en la predicación.
¿Se le hacía fácil a tu mamá
predicar en ese territorio?
Bueno, es verdad que en Taiwán
el estilo de vida de muchas personas
se centra en las cosas materiales
y no les interesa
o no tienen tiempo para la Biblia.
Pero mi mamá siempre
encontraba gente que la escuchaba.
Creo que atraía a las personas
por su entusiasmo
y por el amor sincero
que les mostraba.
Empezaba conversaciones
con facilidad usando la sección
“Introducción a la Palabra de Dios”
que está al principio de la Biblia.
Se nota que era una precursora
muy entusiasta.
¿Y cómo es para los demás hermanos
predicar en un territorio
donde la gente está tan cómoda
en sentido material?
Pues no les va mal.
De hecho, tengo un video
que me gustaría mucho
mostrarles a todos.
¡Vamos a verlo!
Los portugueses llamaron a Taiwán
Ilha Formosa,
que quiere decir “Isla Hermosa”.
La belleza de este paraíso
del Pacífico
va desde la cima de sus montañas
hasta sus playas costeras.
Pero, como sucede
en todas partes del mundo,
lo más bonito de Taiwán es su gente.
En 1948, el hermano Stanley Jones
—que se había graduado
de la octava clase de Galaad—
visitó Taiwán.
Atravesó toda la isla
para llegar a una asamblea
donde se bautizaron 300 personas.
Las semillas de la verdad
que se sembraron en aquel entonces
han dado fruto,
y hoy hay más de 11.000
publicadores en Taiwán.
Taiwán es uno de los países
con mayor densidad
de población del mundo.
Solo en la ciudad de Taipéi
viven más de dos millones de personas.
En este lugar hay oportunidades
para hacer dinero por dondequiera.
Pero nuestros hermanos y hermanas
siguen el ejemplo
de los primeros misioneros
y apoyan de todo corazón
la obra de predicar
el mensaje del Reino.
Mis padres siempre discutían
por asuntos de dinero.
Por eso me propuse que de mayor
tendría mucho dinero;
quería que mi familia
estuviera contenta.
Pero a los 17
empecé a estudiar la Biblia
y aprendí una importante verdad:
Jehová quiere que vivamos
para siempre en el Paraíso.
También aprendí que somos felices
si estamos satisfechos
con lo que tenemos.
Me bauticé en 1999.
Después de casarnos,
teníamos la meta
de servir como precursores
en un lugar de necesidad.
Pero en aquel entonces mi padre
ya llevaba ocho años
sufriendo las secuelas de un infarto.
A medida que pasaba el tiempo,
mi trabajo me gustaba cada vez más.
Además, me hacía sentir
importante y valioso.
Ahora creo que, en el fondo,
aunque decía que estaba
proveyendo para mi familia,
en realidad me encantaba
mi estilo de vida.
Pero, cada vez que alguien
nos decía que iba a ir
a la Escuela para Evangelizadores
o que quería expandir su servicio,
se nos despertaba el deseo
de hacer más
y de hacer cambios
en nuestro estilo de vida.
Tiempo después,
cuando mi papá falleció,
vimos que teníamos la oportunidad
de simplificar nuestras vidas.
Poco después,
los dos renunciamos a nuestros trabajos,
nos mudamos a una zona
donde había más necesidad
de publicadores
y empezamos el precursorado allí.
Cuando mi jefe supo
que yo iba a renunciar,
estaba muy decepcionado,
no lo podía creer.
Y me preguntó: “Yi Hong, ¿estás loco?
¿En qué estás pensando?
¿Qué va a ser de tu futuro?
¿Qué va a ser de tu familia?”.
Pero no me iba a hacer
cambiar de opinión; estaba decidido.
Jehová nos bendijo muchísimo.
Enseguida me enamoré
de mi nueva vida.
Pasábamos muchísimo tiempo
con todos los hermanos
de la congregación
y también pudimos ayudar
a muchos estudiantes de la Biblia
a acercarse a Jehová
y conocerlo mejor.
Ahora pienso
que el mundo de Satanás
es puro engaño.
Te ofrece muchas cosas
que parecen muy atractivas,
pero nada de eso tiene ningún valor
si lo comparas con tener
una buena relación con Jehová.
Él te ofrece vida eterna en el Paraíso
y la oportunidad
de servirle para siempre.
Me arrepiento
de no haber tenido el valor
de renunciar a todo antes
a fin de poder servirle mejor a Jehová.
He aprendido lo ciertas
que son las palabras
de Proverbios 10:22:
“La bendición de Jehová
es lo que enriquece”.
Está claro que los primeros misioneros
que llegaron a Taiwán
hicieron un magnífico trabajo.
Su ejemplo ha inspirado
a miles de publicadores
a hacer sacrificios
para apoyar la predicación
aquí en esta zona.
¡Cuánto nos anima
ver a los hermanos trabajando duro
y ayudando a otros a conocer a Jehová!
Sí.
Y, Jiahui, además de tu mamá,
¿hubo otros hermanos
que te ayudaran a progresar?
Pues hubo una época
en la que estuve más débil
espiritualmente;
faltaba a las reuniones.
Pero había una pareja
de misioneros en mi congregación
que de verdad se preocuparon
mucho por mí.
Siempre que faltaba a una reunión
la hermana me preguntaba
si yo estaba bien.
Tenemos aquí una foto de ellos contigo,
tu mamá y tu hermano.
Ajá.
¿Ya habían ido a Galaad?
Sí.
De hecho, ellos salen en el video
Hasta los cabos de la Tierra.
Me encantaba estar con ellos,
pero más adelante
fueron enviados a otra ciudad,
y me puse triste.
Lo bueno es que Jehová
me bendijo con otra amiga,
una hermanita de Japón
que se mudó a Taiwán para ayudar.
Ella siempre me invitaba a predicar,
a hacer revisitas,
a dar clases de la Biblia…
¡Qué bueno que esa hermana hizo eso!
¿De qué otras formas te ayudó?
Recuerdo que,
cuando salió el primer video
de la serie “Los jóvenes preguntan”,
que se titula
¿Cómo conseguir amigos verdaderos?,
ella me invitó a su casa
para que lo viéramos juntas.
Mientras lo veía, me di cuenta
de que lo que estaba haciendo
la precursora por la joven del video
era esencialmente lo mismo
que estaba haciendo
la hermana de Japón por mí.
Hasta ese momento,
yo sabía que esta era la verdad.
Era algo lógico para mí.
Pero, cuando yo pude ver
lo mucho que esa hermana me quería,
también pude ver
lo mucho que Jehová
me quería a mí personalmente.
Desde entonces lo vi como un amigo
y quise estar mucho más cerca de él.
Qué hermoso.
¿Qué efecto tuvo
en tu progreso espiritual
la ayuda que te dieron tu mamá
y otros hermanos?
Comencé el precursorado regular
y luego me mudé a una congregación
de habla inglesa.
Es muy bonito ayudar a otras personas
a ver cuánto las quiere Jehová.
Y ver todo lo que los hermanos
sacrifican para servir a Jehová
y mudarse a Taiwán
desde distintas partes del mundo
es algo que siempre
me ha animado mucho.
Sí, nos da mucha alegría
ayudar a otros a conocer a Jehová
y enseñarles la verdad acerca de él.
Gracias, Jiahui.
Esperamos que Jehová te bendiga a ti
y a los demás hermanos de Taiwán.
Nos encantó tu historia.
Gracias.
A muchos de nuestros hermanos
no les enseñaron la verdad sus padres.
Conozcamos a uno.
Su nombre es Doug Terrell,
de Estados Unidos.
Bienvenido, Doug.
Cuéntanos, por favor,
cómo conociste a Jehová.
Pues tenía 18 años,
y mi vida era un desastre.
¿Por qué dices eso?
Mis hermanos y yo nos criamos
con mi mamá, que no era Testigo.
Y, aunque hizo un excelente trabajo,
yo tomé muy malas decisiones
cuando era adolescente.
Mis amigos no eran los mejores;
estaba siempre enojado,
deprimido, ansioso…
Y un día mi mamá tuvo que hablar
seriamente conmigo.
Hasta ese momento,
yo había visitado distintas iglesias
porque quería saber más acerca de Dios.
Fui a la católica, a la pentecostal,
la metodista…
¿Y qué te parecieron?
No veía mucha sinceridad,
nada me llegó al corazón.
Así que, cuando mamá
tuvo aquella conversación conmigo,
terminé arrodillándome ante Dios
y rogándole con lágrimas en los ojos
que me ayudara a conocerlo bien
y a encontrar respuestas
a mis preguntas.
¿Cuáles eran esas preguntas que tenías?
Quería saber si Dios tenía un nombre,
por qué tiene que sufrir la gente buena
y por qué hay tanta
hipocresía en la religión.
Hay muchas personas
que se hacen esas mismas preguntas.
¿Y luego qué pasó?
Dos semanas después de esa oración,
vinieron los testigos de Jehová.
Y en casa nunca les abríamos.
OK.
¿Y por qué les abriste esa vez?
Esta vez fue distinto.
Eran dos hermanas,
y una de ellas había sido
mi maestra en la escuela.
Todavía recordaba lo amable
que había sido esa maestra conmigo.
Así que, al verla, abrí la puerta.
Entonces ella me hizo una pregunta:
“¿Sabes cuál es el nombre de Dios?”.
Y me leyó Salmo 83:18.
Más tarde leyó 1 Juan 5:19
para destacar que “el mundo entero
está bajo el poder del Maligno”.
Y conocer estas verdades
me hizo sentir una alegría
que nunca antes había experimentado.
¡Qué bien!
Y, aparte de ella,
¿hubo alguien más que te ayudara
a aprender de la Biblia
y a progresar espiritualmente?
Sí.
Ya cuando estaba estudiando la Biblia,
fui a Atlanta (Georgia).
En ese viaje conocí a mi mejor amigo.
Cuéntanos sobre él.
Pues llevaba como un año
estudiando la Biblia,
pero se me hacía difícil
poner en práctica
lo que había aprendido.
Pero este hermano me quiso ayudar.
Él era un precursor muy bueno
y se preocupaba mucho por mí.
Por eso, decidí mudarme a Atlanta
y seguir estudiando la Biblia con él.
Al final compartimos casa por siete años.
¡Guau, qué bien!
El hermano se interesó por ti
y también
por tus necesidades espirituales.
¿Qué pasó después?
Un día mi amigo invitó
al superintendente de circuito
al curso de la Biblia,
y el hermano me trató con mucho cariño.
Así que, después de hablar con él,
decidí hacerle una oración a Jehová
y pedirle que me ayudara
a ponerme metas espirituales.
Nos trajiste una foto.
¿Quiénes están aquí?
Este es el día en que me bauticé.
A la derecha está la hermana
que había sido mi maestra
y que tocó a mi puerta,
y a la izquierda está mi mejor amigo.
OK.
Ese amigo te puso en contacto
con el superintendente de circuito.
¿Cómo te ayudó eso?
Para ese entonces,
estaba tratando de lidiar
con los efectos de todo lo que pasó
antes de que me hiciera
testigo de Jehová.
Y el superintendente de circuito
me ayudó mucho con eso.
Me enseñó a mejorar en el ministerio.
También me enseñó
a ser un buen maestro
y pastor en la congregación,
y a manejar mejor
algunas de mis emociones.
Y, poco después, pasé a ser
superintendente de circuito.
¡Qué impresionante!
Y ahora, al recordar
a todas las personas
que te ayudaron en sentido espiritual,
¿cómo te sientes?
Pues creo que me siento
un poco como Onésimo.
Antes de ser cristiano,
él había huido de su amo.
Y un esclavo valía poco,
era una simple posesión.
Pero, cuando se hizo cristiano,
Pablo lo ayudó
a ser una parte importante
de la congregación.
Creo que antes de ser Testigo
yo me sentía también como Onésimo.
Me parecía que mi vida no tenía valor,
no tenía futuro.
Pero, igual que Jehová usó a Pablo
para ayudar a Onésimo,
también usó a mi maestra,
a mi mejor amigo
y al superintendente de circuito
para que yo me diera cuenta
del potencial que tenía.
Nos alegra que hayas
alcanzado tus metas, Doug.
Eso nos enseña la importancia
de dedicarles tiempo
y atención a los jóvenes
y ayudarlos a amar a Jehová.
Gracias por habernos acompañado.
Cuando alguien satisface
nuestra necesidad espiritual,
nos sentimos impulsados
a hacer más por Jehová.
Veamos ahora la historia
de una pareja que sirve en Tailandia.
Son Andy y Julia Alton.
Bienvenidos.
Ambos son del Reino Unido,
pero sirven en Tailandia.
Cuéntennos cómo llegaron allá.
Pues, por mucho tiempo,
nosotros lo que queríamos
era servir en el Betel de nuestro país.
Rellenamos la solicitud, y nada.
Así que estábamos
bastante desanimados
y no sabíamos muy bien qué hacer.
Es verdad que a veces
nos ponemos metas
y nos desanimamos
si no las alcanzamos
cuando nosotros queremos.
¿Qué los ayudó a ustedes?
En ese entonces,
pues orarle a Jehová.
Pero luego se nos presentó
la oportunidad de servir en Tailandia.
¿Ah, sí? ¿Y cómo?
Resulta que mi hermana y su esposo
ya se habían ido a servir allí
y nos invitaron para que lo probáramos.
Y en Mánchester
ya estábamos sirviendo
en un grupo tailandés
que se había formado allí.
Eso nos hizo mucho más fácil
la decisión de ir a ver qué tal nos iba.
¿Y cómo les fue?
Sí, ¡genial!
Lo que pasa es que,
más o menos cada seis meses,
teníamos que volver
al Reino Unido para trabajar.
Mientras tanto, otros hermanos
tenían que hacer las revisitas
y dirigir los cursos bíblicos
que habíamos conseguido.
Y, cada vez que volvíamos,
teníamos que volver a empezar.
Y todavía teníamos la esperanza
de recibir aquella invitación
para servir en Betel.
Pero pronto nos dimos cuenta
de que teníamos que tomar una decisión:
o nos quedábamos
de una vez por todas en Tailandia,
o regresábamos a casa
y servíamos de precursores.
Y Betel seguía sin darles
ninguna respuesta.
¿Qué decidieron hacer?
Bueno, pues, después de orar y orar,
nos quedamos en Tailandia.
¿Qué fue lo que los convenció?
Después de sopesar todos los factores,
lo que nos convenció
es la gran necesidad
que hay en Tailandia.
Hay tanto trabajo que hacer...
Eso tuvo más peso
que nuestra preferencia personal.
Así que en eso nos enfocamos.
Además, irnos a Tailandia
era lo que más miedo nos daba.
¿Y se fueron a Tailandia
aunque era lo que más miedo les daba?
Pues sí, porque queríamos
salir de nuestra zona de confort.
Solo cuando sales de tu zona de confort,
empiezas a confiar
completamente en Jehová.
Luego pasó algo maravilloso:
nos sentimos mucho más cerca de Jehová.
Les damos las gracias
por tener el valor de hacer
lo que más miedo les daba.
¿Cómo es la predicación en Tailandia?
Oh, es buenísima.
Aquí estamos Julia y yo,
un día que salimos
a predicar en Bangkok.
Encontramos muchísimas personas
que querían saber más de la Biblia.
Como muchos de ustedes sabrán,
en Bangkok y en Tailandia
la mayoría de la gente es budista;
sin embargo, hay muchas personas
—en especial las más jóvenes—
que están buscando algo mejor.
Y esa es una buena oportunidad.
Trajimos un video sobre eso.
¡Pues vamos a verlo!
¡Bienvenidos a Tailandia!
Este es un país muy colorido.
El aire está impregnado
de deliciosos aromas,
y dondequiera que vayas
te topas con una sonrisa.
Aquí la hospitalidad no es un deber;
es una forma de vida,
porque la familia y los amigos
son muy importantes.
Y, aunque son felices,
muchos están buscando algo mejor.
Quieren darle propósito a su vida
y sentir verdadera paz.
Conozcamos a Narumon y a Kanitta.
En la zona donde me crie,
había monjes,
y ellos se supone que tenían
que ser buenos ejemplos.
Pero la realidad era
que no ponían en práctica
sus propias enseñanzas.
Y yo me preguntaba:
“Si ellos no hacen lo que deberían,
¿por qué la gente los sigue
y los respeta tanto?”.
Siempre recibía la misma respuesta:
“Es un monje; tienes que respetarlo”.
Esa respuesta para mí
no tenía mucho sentido.
Mi papá era un hombre
muy bueno y cariñoso,
pero tenía un problema:
se había hecho adicto al alcohol.
Los budistas enseñan que,
si alguien bebe mucho
y tiene una adicción al alcohol,
podría ir al infierno.
Pero yo no quería que mi papá
terminara en el infierno;
por eso fui al templo,
para saber qué podía hacer
para ayudar a mi papá y salvarlo.
Ellos me dijeron
que no había nada que hacer,
que las obras buenas
nunca van a borrar las malas.
Lo que me sugirieron fue que hiciera
donaciones al templo,
porque eso le podría
ayudar a mi padre
cuando fuera al infierno.
Eso no me convenció,
y ahí fue que empecé a buscar
otras respuestas.
Quería saber qué enseñaban
otras religiones sobre este asunto.
Me habían enseñado a creer
sin cuestionar nada.
Tenías que creer ¡y punto!
Pero yo quería más,
necesitaba respuestas
que tuvieran sentido.
Empecé a buscar
en las redes sociales
grupos que hablaran
de cambiar de religión.
Y me di cuenta
de que había mucha gente
que no estaba contenta
con la religión que tenía.
Algunos me invitaban a su iglesia.
Y me llamaba la atención,
pero me daba miedo ir.
En cierto lugar vi una Biblia.
Y pensé:
“Tal vez aquí están
las respuestas que estoy buscando”.
La pedí prestada para leerla en casa.
Pero me dijeron
que no me la podía llevar,
que tenía que comprarla.
¡Y costaba 1.000 bats!
(Como 31 dólares).
Yo pensé:
“Debe haber una Biblia
en internet que se pueda leer gratis”.
Fui a Google, puse “Biblia”
y le di al primer resultado, jw.org.
Seguí explorando la página
y vi que ofrecían
un curso de la Biblia gratis.
Pero yo tenía mis dudas.
Me preguntaba:
“¿Será gratis de verdad?”.
Decidí hacer una prueba.
Puse mis datos y me dije:
“Si al final me dicen
que tengo que pagar,
les voy a decir que no”.
A los dos días me llamó una hermana.
Y yo le pregunté varias veces:
“Dígame, ¿en verdad
es gratis el curso?”.
“Sí, es gratis”, dijo.
Resulta que un día
comí con mi jefa.
Cuando nos trajeron la comida,
vi que cerraba los ojos;
y me llamó la atención,
no sabía lo que estaba haciendo.
Cuando los abrió,
le pregunté por qué había hecho eso.
Ella me explicó que era cristiana
y que estaba haciendo
una oración a Dios
para darle las gracias por la comida.
Enseguida le dije:
“Oh, pues yo quiero
cambiarme de religión.
¿Qué crees que debería hacer?”.
Ella me contestó:
“Pues yo doy clases de la Biblia gratis”.
Y yo le dije: “Pues yo quiero”.
Mi papá falleció en el 2019.
Para mí fue muy duro,
pero ya no tenía
el mismo temor de antes,
porque ahora estoy segura
de que en el futuro lo volveré a ver.
Sé que va a resucitar;
tengo muchas ganas
de volver a hablar con él.
La lección 27 del libro
Disfrute de la vida
me impresionó mucho.
Cuando la estudié,
mi maestra me ayudó a darme cuenta
de cuánto nos quieren Jehová y Jesús.
Jesús no solo nos dijo
que nos amaba;
lo demostró con acciones,
porque sacrificó su vida por nosotros.
Aprendí que sí vale la pena
seguir a Jehová y a Jesús
porque ellos nos aman
y se sacrifican por nosotros.
¡Nos alegra muchísimo que Narumon
y Kanitta hayan aceptado la verdad!
Por eso seguimos buscando
a más personas,
para que puedan aceptar la verdad
y cambiar por completo sus vidas.
¿Conocen a esas dos hermanas?
Sí, sí.
Cuando llegamos a Tailandia,
Narumon estaba estudiando la Biblia
y ella iba a la misma congregación
a la que íbamos nosotros.
Ya veo por qué les gusta tanto
predicar allí.
¿Y hubo alguien que los ayudara
a adaptarse a la vida en Tailandia?
Sí, muchos hermanos nos ayudaron.
En particular, una pareja de misioneros
que había ido a Galaad.
Nos recordaron que,
aunque teníamos que esforzarnos,
también teníamos que ser equilibrados,
porque nos estábamos adaptando.
Nos dieron muchas buenas ideas
para que nos sintiéramos a gusto
en nuestra casa,
para que fuera un lugar
en el que pudiéramos descansar
y renovar nuestras fuerzas
para seguir predicando.
Los misioneros son siempre
un buen ejemplo,
y qué ayuda tan práctica les dieron.
Y, díganme una cosa:
¿qué fue exactamente
lo que hizo que naciera en ustedes
ese deseo de hacer más por Jehová?
En mi caso, diría que fueron mis padres.
Los dos aman mucho a Jehová.
Además, son muy amables
y generosos con todos los hermanos.
Mi papá también ayudaba mucho
en la construcción de Salones del Reino
cuando yo era joven
y nos gustaba mucho
hacer ese trabajo juntos.
Además, había dos ancianos
en mi congregación
con los que trabajaba seglarmente
y también en la construcción
de Salones del Reino.
Gracias a mis padres y a ellos,
llegué a amar a Jehová
y a ponerme metas en su servicio.
¿Ese eres tú?
Sí, soy yo con mis padres.
Lindo.
Y yo diría que en mi caso
también fueron mis padres.
Mi mamá se bautizó
cuando yo era pequeña
y mi papá lo hizo unos años después.
Desde ese momento en adelante,
siempre tuvimos una buena
rutina espiritual,
cosa que no es fácil
cuando hay siete niños en casa.
Pasara lo que pasara,
siempre íbamos a predicar
y no nos perdíamos las reuniones.
Eso no se discutía.
Recuerdo con cariño
llegar a casa de la escuela
y ver a mi mamá
en la mesa de la cocina estudiando.
Y por las mañanas,
cuando me levantaba,
veía a mi papá leyendo La Atalaya.
Yo quería ser como ellos
y tener una relación con Jehová
así de fuerte.
¿Y esa niña rubia de las fotos eres tú?
Sí, en una foto estoy con mi mamá
y en la otra con mi papá.
Ambos nos han mostrado
cómo los padres,
los misioneros y otros hermanos
pueden ayudar a los más jóvenes
a amar a Jehová,
a confiar en él
y a sentirse impulsados
a ampliar su servicio y hacer más.
Fue muy lindo tenerlos a ambos
aquí con nosotros.
Jehová puede usar
a cualquier hermano
para satisfacer
nuestras necesidades espirituales.
¿Te has visto reflejado
en estos ejemplos?
¿Te está usando Jehová
para satisfacer la necesidad espiritual
de alguien más?
Si eres padre,
te felicitamos por los esfuerzos
que haces por ayudar a tus hijos
a amar a Jehová y darle lo mejor.
Aun si estás criando a tus hijos solo,
puedes tener éxito.
Y si eres alguien mayor, un precursor,
un misionero o un anciano,
recuerda que puedes tener
una gran influencia
en la vida de los jóvenes.
Puedes hacer mucho
por ayudarlos a que den
lo mejor a Jehová
y ellos a su vez satisfarán
las necesidades de otros.
Esperamos que hayan disfrutado
de todas estas entrevistas.
Nos veremos de nuevo
en otro episodio de De primera mano.
Muy bien.
Gracias, hermano Clarke,
y a todos los participantes;
fue muy animador escucharles.
Es muy conmovedor
saber que ahí afuera
todavía podemos encontrar
a mucha gente de buen corazón.
No sé ustedes,
pero yo sentí muchas ganas
de volver a ser misionero.
Bueno, total, no tengo elección.
Bueno, cuando hablamos
al principio del programa
sobre lo que pasó
entre Abrahán y su sobrino Lot,
¿qué fue lo que pensaste de Lot?
¿Te pareció que es
el malo de la película?
Pues el hermano David Splane
del Cuerpo Gobernante
hablará de Lot desde otro punto de vista
muy interesante.
Su discurso se titula
“Denles el beneficio de la duda”.
Pues, estaba pensando
que el mes que viene
se cumplen 60 años
desde que llegué al 107
de Columbia Heights
para asistir a la Escuela de Galaad.
¡Qué buenos recuerdos!
Y, claro, cinco meses después
tuvimos la graduación.
Así que creo que tengo una idea
de cómo deben sentirse ustedes ahora.
Este es un día especial
para los que están
a punto de graduarse.
Y queremos decirles que estamos
orgullosos de ustedes.
Se han esforzado mucho,
y Jehová los ha bendecido.
Y sabemos que se han esforzado
con buenos motivos,
no para impresionar a los demás
con todo lo que saben,
sino para acercarse más a Jehová
y también a sus hermanos.
Y de esta última idea
hablaré en este discurso:
cómo debemos ver
a nuestros hermanos y hermanas.
Bueno, sabemos
que Jehová lo sabe todo
sobre cada uno de nosotros.
Y por eso nos sentimos
tranquilos y seguros
de que, cuando llegue el día,
se nos juzgará con justicia.
Jehová lo sabe absolutamente todo.
A él no se le escapará ningún detalle,
no se va a olvidar de nada.
No hay ninguna duda
de que Jehová tomará en cuenta
todos los factores.
Por otro lado,
como Dios le dijo a Samuel,
el hombre solo “ve
lo que tiene ante los ojos”.
No tenemos la capacidad de saber
toda la información necesaria
para juzgar bien a otra persona.
Y, como dijo Jake,
vamos a seguir analizando
el ejemplo de Lot.
La pregunta es:
¿qué aprendemos
del ejemplo de Lot
sobre darles a los demás
el beneficio de la duda?
Y, por si lo estaban pensando,
Jake y yo
nos pusimos de acuerdo para esto.
¡Nos aliamos!
Bueno, Pedro tenía
algo que decir sobre Lot.
Veamos lo que él escribió,
2 Pedro, capítulo 2,
y leeremos los versículos 7 y 8.
Aquí tenemos una descripción de Lot.
¿Les doy un momento?
Si tienen artritis en los dedos como yo,
sé que les costará un poco encontrarlo.
2 Pedro 2:7, 8.
Hablando de Jehová, dice:
“También rescató al justo Lot,
que estaba muy angustiado
por la conducta descarada
de los malvados,
porque día tras día
aquel hombre justo
tenía su justa alma atormentada
por las cosas malas que veía y oía
mientras vivía entre ellos”.
Pero ¿quién afirmaba
que Lot era “justo”?
¿Acaso se trata
de la opinión personal de Pedro?
Pues no, porque esta es
la segunda carta inspirada de Pedro.
Así que el espíritu santo
impulsó a Pedro
a elegir ese adjetivo para Lot.
Fue el espíritu santo
el que hizo que Pedro
dijera en tres ocasiones
que Lot era “justo”.
Ahora bien,
¿quién usaba el espíritu santo?
Jehová.
En realidad,
cuando leemos tres veces
que Lot era un “hombre justo”,
es el propio Jehová
el que nos está dando
su opinión de Lot.
Cuando piensas en Lot,
¿es así como lo ves,
un hombre justo y bueno?
¿O a veces lo ves como un hombre
que cometió muchos errores?
Bueno, alguien podría decir
que, cuando su tío Abrahán
le dio a elegir
en qué parte de Canaán quería vivir,
Lot eligió la mejor zona
cuando debió haber insistido
en que el mayor se la quedara.
¿No demuestra eso
que era egoísta?
Bueno, cuando uno lee este relato,
cuando uno lee la poca información
que se da en este relato,
podría llegar a esa conclusión,
y quizá sea la correcta.
Pero ¿de verdad era Lot egoísta?
¿O habrá detalles que no conocemos
y que nos ayudarían
a entender la situación
y cambiar la opinión que tenemos de Lot?
Supongamos lo siguiente.
Aunque Lot era el sobrino de Abrahán,
quizás era mayor que Abrahán,
incluso mucho mayor.
¿Cambiarías entonces de opinión?
Si eres betelita, deberías:
antigüedad.
Aquí en Betel,
cuando algunas habitaciones
se quedan vacías,
tenemos una manera curiosa
de decidir para quiénes son.
No se reparten al azar.
No se decide a cara o cruz.
No jugamos a piedra, papel o tijeras.
No se la lleva el más rápido.
¿Entonces qué hacemos?
Bueno, a los que les interesen
las habitaciones
pueden ir a verlas
y, cuando alguien ve una que le gusta,
se lo puede informar
a la Oficina de Betel.
¿Pero qué pasa si dos betelitas
quieren la misma?
Bueno, la habitación se le da
al que tenga más antigüedad,
es decir, el que lleva más años
en el servicio de tiempo completo.
La persona que no consiguió la habitación
no va y le dice al que se la dieron:
“Eres un egoísta.
Yo quería esa habitación.
¡Deberías dármela a mí!”.
No.
El betelita con más antigüedad se la queda.
Así es como funciona.
Supongamos que Lot
era mayor que su tío,
quizás lo suficiente
como para ser su padre.
No podemos asegurarlo,
porque en el relato de Génesis
no se dan todos los detalles.
Pero sí tenemos
algunos datos interesantes.
Abrahán tenía dos hermanos,
Harán y Nacor,
y es muy probable que Abrahán
fuera el menor de los tres.
¿Y por qué decimos eso?
Bueno, ¿qué edad tenía
el padre de Abrahán
cuando Abrahán nació?
¿Tenía 60 años?
No.
¿Tenía 100 años?
No.
El padre de Abrahán
tenía alrededor de 130 años
cuando Abrahán nació.
¡Qué irónico!
Porque Abrahán pensaba
que era demasiado viejo
para tener un hijo a los 100 años
cuando su padre
lo había tenido a él con 130.
En cualquier caso,
esto significa que Abrahán
tenía hermanos mayores.
Y sabemos por las Escrituras
—si hacemos cuentas—,
sabemos que el hermano mayor de Abrahán
tenía 60 años cuando Abrahán nació.
Y puede que fuera el padre de Lot,
porque fue el primero de los tres en morir.
En aquella época,
lo normal era tener hijos a los 30.
Así que, si el padre de Lot tenía 60
cuando Abrahán nació,
es muy probable que Lot
fuera un adolescente
o incluso un adulto
cuando su tío nació.
Si ese es el caso,
Abrahán simplemente
le estaba dando a elegir
dónde vivir en la Tierra Prometida
a aquel que tenía más antigüedad.
Si alguna vez te ha tocado
una habitación por antigüedad,
estarás de acuerdo
en que Lot no hizo nada mal.
Alguien podría decirme:
“Bueno, eso está muy bien,
pero no puedes demostrar
que Lot fuera mayor que Abrahán,
porque la Biblia
no dice que lo fuera”.
Me estás dando la razón,
porque tampoco puedes
demostrar lo contrario.
Este discurso no es para demostrar nada.
No es sobre Lot.
Lot es solo un ejemplo.
La idea de este discurso
es que debemos darles
el beneficio de la duda a los demás
cuando no tenemos todos los datos,
y en este caso no tenemos
todos los datos.
Está bien, pero y si alguien dice:
“Lot ya no quería vivir en tiendas.
Quería una vida más cómoda,
por eso se mudó a Sodoma.
¿No demuestra eso
que era materialista?”.
Bueno, es una posibilidad.
Pero insisto, ¿tenemos todos los datos?
¿De verdad sabemos la razón
por la que Lot quería
vivir en Sodoma?
¿Era porque deseaba
una vida más cómoda?
¿O era porque quería
proteger a su familia?
Recuerden que a Lot lo secuestraron.
Si a ti te hubieran secuestrado,
¿te arriesgarías a vivir con tu familia
en una tienda en el campo,
o preferirías la protección
de una ciudad amurallada?
Recuerden que muchos de nuestros hermanos
viven en barrios peligrosos.
Y no es porque les guste,
no es porque quieran vivir cómodos
en una gran ciudad:
es porque no tienen
otra alternativa.
El apóstol Pedro sabía sobre Lot
lo mismo que nosotros.
Aun así, dijo que era
un “hombre justo”,
no un hombre egoísta
ni materialista.
Un “hombre justo”.
A Lot no se le considera justo
por haber dejado Sodoma.
Se le ayudó a huir
de la ciudad de Sodoma
porque había sido justo.
Había hecho cosas
que para Jehová
eran buenas.
Bueno, puede que Lot fuera egoísta
cuando aceptó
la mejor parte de la tierra
y puede que haya sido materialista
cuando se mudó
con su familia a Sodoma.
Pero, si es así, entonces Lot
tuvo que haber hecho otras cosas
—muchas otras cosas buenas—
para que Jehová dijera
que era un “hombre justo”.
Cosas que nosotros desconocemos.
La idea es esta:
necesitamos ver el cuadro completo
y a veces no lo tenemos,
porque no tenemos todos los datos.
Si sacamos conclusiones
sin tener todos los datos,
nos estamos arriesgando
a meter la pata.
Eso es lo que les pasó a los israelitas
después de conquistar
una parte de la Tierra Prometida.
Los rubenitas, los gaditas
y la media tribu de Manasés
se quedaron en el lado este del Jordán
porque la tierra tenía
suficiente pasto para su ganado.
Vamos a buscar Josué, capítulo 22,
y leamos lo que pasó.
Les doy un momento para encontrarlo.
En Josué, capítulo 22,
vamos a leer el versículo 10:
“Cuando llegaron
a las regiones del Jordán
en la tierra de Canaán,
los rubenitas, los gaditas
y la media tribu de Manasés
construyeron un altar
allí junto al Jordán,
un altar enorme, impresionante”.
En vez de darles
el beneficio de la duda a sus hermanos,
los otros israelitas pensaron
que estas tribus
habían caído en la apostasía.
Hasta decidieron luchar contra ellos.
¿Pero qué sabemos
de estas dos tribus y media?
Antes de aquello,
habían peleado lado a lado
con los israelitas
en la conquista de la Tierra Prometida,
pero no solo eso:
habían arriesgado su vida para hacerlo.
¿Cómo lo sabemos?
Ellos se colocaban
en la primera línea de batalla.
Los de esas dos tribus y media
eran los primeros
en entrar en la batalla,
y por lo tanto siempre
se enfrentaban a lo peor.
Eran valientes.
Y en ningún sitio leemos
que alguno de ellos
fuera desleal a Jehová.
Pero, en vez de darles
a sus hermanos
el beneficio de la duda,
las otras tribus fueron adonde ellos
y les dijeron lo que leemos
en Josué 22:16-18:
“Esto es lo que todo
el pueblo de Jehová dice:
‘¿Cómo pudieron cometer
semejante acto de infidelidad
contra el Dios de Israel?
Hoy han dejado de seguir a Jehová
al construirse un altar
y rebelarse contra Jehová.
¿No teníamos bastante
con el error cometido en Peor?
Hasta el día de hoy,
no hemos podido limpiarnos de él,
y eso que una plaga azotó
al pueblo de Jehová.
¡¿Y ustedes quieren dejar
de seguir a Jehová?!
Si hoy ustedes se rebelan contra Jehová,
entonces mañana él estará indignado
contra todo el pueblo de Israel’”.
Y ahí no termina todo.
Siguieron hablando.
Y, cuando los representantes
de las diez tribus
por fin se callaron,
los ancianos
de las dos tribus y media explicaron
que el altar no era
para adorar a nadie,
sino que lo construyeron
para recordarles a las tribus
del otro lado del Jordán
que las dos tribus y media
también adoraban a Jehová.
¿Se imaginan la vergüenza que sintieron
el sumo sacerdote y los ancianos
cuando se dieron cuenta
de que armaron un escándalo por nada?
Al principio,
dijimos que Jehová lo sabe
absolutamente todo sobre nosotros.
Por lo tanto,
cuanto más sepamos
de nuestros hermanos
—sus antecedentes,
los problemas que tienen…—,
menos probable será
que los juzguemos.
Cuando nos enteramos
de todo lo que han luchado
por estar donde están ahora,
¡cómo no los vamos a querer!
Nunca menospreciemos
a alguien que Jehová valora.
Supongamos que tenemos
un problemita con alguien,
pero nos enteramos
de que ha tenido una vida difícil:
quizás es el único Testigo de su familia,
quizás tuvo una vida inmoral…
Y ahora es una joya,
una persona a la que Jehová ama.
Por eso, si alguien nos saca
un poco de quicio,
tenemos que preguntarnos:
“¿Piensa Jehová
que esta persona es justa,
un hombre justo,
una mujer justa?
Es verdad que me saca
un poco de quicio.
Pero quizás para Jehová
es una persona justa
y mi problema es
que solo me estoy fijando
en lo que me molesta de ella;
no estoy viendo
el cuadro completo”.
Hace muchos años,
en otra sucursal,
un hermano joven tuvo que trabajar
con una hermana mayor
durante mucho tiempo.
La hermana y su esposo eran ungidos.
El esposo era el hombre
más dulce del mundo.
La esposa era una hermana muy fiel
(por darle el beneficio de la duda).
Pero, si no hacías las cosas
como a ella le gustaba,
tenía menos tacto que un ladrillo.
Creo que, en vez de sentirse
como una hermana,
ella se sentía como la mamá de todos.
Yo admiraba mucho la madurez
de aquel hermano joven.
En vez de enojarse y decir
“¿Qué derecho tiene esta hermana
de hablarle así a un hermano?”,
invitó al matrimonio
a su cuarto una tarde
y supo lo fieles
que fueron esos hermanos
cuando la obra
estuvo prohibida en ese país.
Y, a partir de ese momento,
él empezó a ver a la hermana
de otra manera,
y quizás ella también
empezó a verlo diferente a él.
Así que, si hay hermanos
que a veces nos irritan,
tratemos de conocerlos mejor,
pasemos tiempo con ellos,
salgamos a predicar con ellos,
invitémoslos a un café.
Conocerlos es quererlos.
Ya saben, si los invitan a un café
la próxima semana…
Una persona puede ser tímida
o tener una cara muy seria,
casi nunca sonríe...
Podríamos pensar que es frío,
orgulloso, seco…
Pero puede que no sea así.
Quizás esa es la cara
que le dio el Señor.
O puede que por problemas de salud
u otra razón
alguien no pueda trabajar
tanto como nosotros.
Quizás no le ha dicho
a nadie lo que tiene.
Quizás nosotros pensemos que es vago.
Pero Jehová ve que está haciendo
todo lo que puede.
Por otro lado,
puede que alguien
tenga mucha energía
y haga mucho más que nosotros,
y pensemos que lo que quiere es lucirse
para hacernos quedar mal.
Pero es posible
que le enseñaran a ser así;
esa es su manera
de darle lo mejor a Jehová.
Cuando estábamos en el circuito,
fuimos a una congregación
donde muchos decían
cosas negativas sobre una hermana.
Los hermanos decían:
“Según ella, está enferma,
pero la vemos comprando
en el supermercado.
Resulta que tiene energías
para ir a comprar,
pero no para ir a las reuniones”.
Fui a ver a esa hermana,
¡y qué bueno que lo hice!
Descubrí que tenía una enfermedad
que la limitaba muchísimo.
Sufría dolores casi todo el tiempo.
Pero, de vez en cuando,
el dolor disminuía.
Y, cuando eso pasaba,
ella aprovechaba
para ir a comprar lo que necesitaba.
La hermana vivía sola;
no tenía ayuda.
Cuando el dolor volvía,
casi no podía salir de la cama.
¿Verdad que habría sido mejor
ofrecerle ayuda
en vez de criticarla?
Como ya dije, este discurso
no es para demostrar nada sobre Lot
o cualquier otra persona.
La idea es recordar que Jehová
es el único que tiene todos los datos.
Él ama a nuestros hermanos
y quiere que nosotros
los amemos también.
Y a él le gusta que les demos
el beneficio de la duda.
Sabemos que ustedes lo harán
cuando trabajen hombro a hombro
con sus queridos hermanos.
No olviden
que los queremos muchísimo a todos.
Que Jehová los bendiga
por todo lo que hacen para servirle.
Bueno,
¿les gustaría saber adónde irán?
Sí, esta es nuestra parte favorita.
Y aquí tenemos a Ronald Curzan,
que nos ayudará
a entregarles los diplomas
a los estudiantes de Galaad.
Empezamos con Hervé Ajavon,
que volverá a la sucursal
de África Occidental.
Dorin y Georgiana Alimănescu
volverán a la sucursal de Rumania.
Andy y Julia Alton irán
a la sucursal de Zambia.
Lasha Arsiashvili volverá
a la sucursal de Georgia.
Kurt y Amanda Bueche volverán
a la sucursal de Estados Unidos.
Baptista y Silvana Capece volverán
a la sucursal de Mozambique.
Brandon y Rosemary Carlisle
irán a la sucursal de Portugal.
Jason y Kristy Carmichael volverán
a la sucursal de Estados Unidos.
Antron y Rebeca Carraway irán
a la sucursal de Zambia.
Jonathan Collymore irá
a la sucursal de África Occidental.
Tomáš Figely volverá a la sucursal
de la República Checa y Eslovaquia.
Takuya Fujita volverá
a la sucursal de Japón.
Ivan y Céline Gatembasi
irán a la sucursal de Ruanda.
Yonas y Helen Girma volverán
a la sucursal de Etiopía.
Jonatan y Lidia González
vuelven a la sucursal de España.
Géraud y Julienne Hayega volverán
a la sucursal de África Occidental.
Jesse y Kristin Herron
irán a la sucursal de Nigeria.
André y Salina Hugó volverán
a la sucursal de Escandinavia.
Kini e Imeri Lagavakatini
vuelven a la sucursal de Fiyi.
Bruno y Denisse Lattanzi
irán a la sucursal de España.
Jiahui Lin vuelve
a la sucursal de Taiwán.
Andrey Lopes irá
a la sucursal de Sudáfrica.
Barry MacDonald vuelve
a la sucursal de Estados Unidos.
Aidan y Chantelle Mauri vuelven
la sucursal de Australasia.
Cris Mutahi vuelve
a la sucursal de África oriental.
Sebastian Nelson vuelve
a la sucursal de Escandinavia.
Michael y Oluwatoyin Osogu
vuelven a la sucursal de Nigeria.
Juan Peralta vuelve
a la sucursal de Colombia.
Ivana Šakić vuelve
a la sucursal de Croacia.
Christian y Valentina Spina
van a la sucursal de Ruanda.
Doug Terrell vuelve
a la sucursal de Estados Unidos.
Lukas Vaitiekus vuelve
a la sucursal de Finlandia.
John Yoon vuelve
a la sucursal de Estados Unidos.
Riley Zapp vuelve a la sucursal
de Estados Unidos.
Bueno,
¿les gustaría ver a toda la clase junta?
¡Levanten el telón!
Estamos muy orgullosos de ustedes.
Sabemos todo lo que se han esforzado
en esta escuela,
y ya por fin llegó este día.
Nos alegra mucho ver
cómo Jehová los bendice.
Ahora escucharemos
la carta de la clase.
El hermano Aidan Mauri,
de la sucursal de Australasia, la leerá.
“Queridos hermanos
del Cuerpo Gobernante:
Les damos las gracias
de todo corazón
por el gran honor de asistir
a la Escuela Bíblica de Galaad
de la Watchtower.
Desde que llegamos,
vimos lo hospitalarios
que son ustedes
y la familia Betel.
Nos arroparon con su amor
y nos abrieron el apetito
por el banquete espiritual
que nos esperaba.
Gracias por el valioso tiempo
que dedicaron a nuestra clase.
Lo que ustedes nos enseñaron,
el cariño de sus ayudantes
y de nuestros queridos instructores,
junto con el gran apoyo
del Departamento
de Escuelas Teocráticas,
nos tocó el corazón
y nos permitió ver
a nuestro Gran Instructor
con nuestros propios ojos.
Esta escuela
nos ha ayudado a reflexionar
en el tierno amor
que Jehová nos ha demostrado
y a valorarlo todavía más.
Desde el momento
en que los primeros humanos pecaron,
Jehová ha hecho todo lo posible
para que podamos
reconciliarnos con él.
Meditar en la promesa
que Dios hizo en Edén,
en los pactos con Abrahán y David,
y en aspectos de la Ley de Moisés
como el Día de Expiación
profundizó nuestro agradecimiento
por el sacrificio de Jesús.
Nos convencimos todavía más
de que Jehová nos ama
al estudiar la vida de Jesús,
su ministerio
y la forma en la que imitó
a la perfección a su Padre.
Sobre todo nos conmovió la paciencia
que les mostró a sus apóstoles,
la dignidad y la amabilidad
con la que trató a las mujeres
y el gran amor que demostró
al sufrir y morir
en el madero de tormento.
¡Qué agradecidos estamos
de que Jesús sea nuestro Rey
y nuestro compasivo Sumo Sacerdote!
Analizar el cumplimiento
de las profecías bíblicas
fortaleció nuestra esperanza
en las promesas de Jehová
y nos dio valor para enfrentarnos
a lo que vendrá.
Por ejemplo, la visión de Zacarías
de los cuatro carros que salen
hacia los cuatro extremos de la Tierra
—y el espíritu de Jehová
que descansa ‘en la tierra del norte’—
nos asegura que los poderosos ángeles
son un ejército que protege
al pueblo de Jehová;
lo hizo en el pasado
y lo hace en nuestros días.
Saber que hay un ejército celestial
de nuestro lado
nos ayudará a defender con valor
la soberanía de Jehová
a medida que las cosas empeoren
y cuando venga la gran tribulación.
Los talleres Hacer discípulos:
una obra de amor
fueron muy útiles;
aumentaron nuestro entusiasmo
por la predicación.
Vimos escenificaciones
que nos ayudaron a ver
qué cualidades necesitamos
para predicar
en diferentes circunstancias.
Todo esto ha fortalecido
nuestro deseo de predicar
las buenas noticias del Reino
con más amor y urgencia,
pues ‘los campos están
[…] listos para la cosecha’.
Nuestro Gran Instructor
nos ha enseñado mucho
estos cinco meses,
y estamos decididos
a hacer todo lo posible
por ponerlo en práctica.
Estamos resueltos a imitar
a nuestro Rey, Jesucristo,
al trabajar ‘hombro a hombro’ con ustedes
y con toda la hermandad
para la gloria y alabanza
de nuestro Padre celestial, Jehová.
Sus hermanos,
la clase 159 de Galaad”.
Vamos a retomar la idea
que habíamos dejado pendiente.
Estábamos hablando de cuando Lot
empezó a sufrir las consecuencias
de las decisiones que había tomado.
Y la pregunta es
cómo reaccionaría Abrán,
qué haría.
Esto nos lleva al tercer miedo,
un miedo que puede impedirnos
mantener la paz:
el miedo a dejar atrás el pasado.
Dejar atrás el pasado.
Sabemos que,
poco después de que Lot
se fue a vivir a la zona
de Sodoma y Gomorra,
allí se desató una guerra,
y a Lot y a su familia
los secuestraron.
Si en ese momento Abrán
le hubiera estado guardando rencor a Lot,
¿qué creen que podría haber pensado?
“Pues, se lo merece.
Él se lo buscó.
Eso le pasa por ser egoísta”.
Podría haber pensado eso.
¿Pero qué hizo Abrán?
Bueno, busquemos en la Biblia
Génesis, capítulo 14.
Abrán podía haber temido
que, si dejaba atrás el pasado,
estaría minimizando
o quitándole importancia
a lo que Lot le había hecho antes,
¿verdad?
Pero veamos lo que hizo cuando supo
lo que le había pasado a Lot.
Génesis 14:14.
Veamos cómo reacciona Abrán:
“En cuanto Abrán se enteró
de que su sobrino
había sido capturado,
reunió a sus hombres
adiestrados para pelear
—318 siervos
que habían nacido en su casa—
y fue tras los invasores
hasta llegar a Dan”.
Eso fue lo que hizo Abrán.
Sabemos que de Mamré a Dan
había unos 200 kilometros,
y puede que le tomara varios días.
Y está claro que eso implicó gastos
y asumir ciertos riesgos.
Pero lo hizo aunque no era fácil.
Después, en los versículos 21 a 23,
leemos que a Abrán
se le da la oportunidad
de recibir dinero
por lo que había hecho
para ayudar a Lot,
pero lo rechazó.
Él no quería aprovecharse
de la situación.
Abrán fue humilde
y estuvo dispuesto a ayudar a Lot
aunque sufría por decisiones
que él había tomado
y que pudieron generar
tensión entre ellos.
Abrán quería mantener la paz
y dejar el pasado atrás.
¿Cuál es la lección
que podemos aprender
del ejemplo de Abrán?
¿Alguna vez has tenido que ceder?
Quizás al tomar una decisión
cediste a lo que pensaba la mayoría
pero al final las cosas
no salieron bien.
Quizás pensaste que era
una oportunidad de decirles
“Se lo dije”.
O quizás quisiste dejar claro
que tú no estabas de acuerdo
con esa decisión.
Esto nos ha pasado a todos.
Esforcémonos por no guardar rencor.
Hagamos como Abrán.
Apoyemos la decisión de la mayoría
aunque no hayamos estado
de acuerdo con ella.
Y, si sale mal, imitemos a Abrán.
Seamos humildes
y ayudemos a arreglar la situación
sin echarles la culpa a los demás.
¿Por qué?
Bueno, porque así
mantendremos la paz.
Y, si mantenemos la paz,
estaremos en paz con Dios.
Y no hay nada más importante que eso.
Así que, ¿qué hemos aprendido
al hablar de estos tres miedos?
Bueno, hemos aprendido mucho sobre Abrán.
Él mantuvo la paz.
No tuvo miedo de parecer débil.
No tuvo miedo
de que se aprovecharan de él.
Y no tuvo miedo
de dejar atrás el pasado.
¿Le fue mal a Abrán
por haber tomado
esas decisiones?
Bueno, no sabemos si alguna vez
Lot le dio las gracias
por haber hecho tanto
para mantener la paz entre ellos.
La Biblia no lo dice,
como explicó el hermano Splane.
Pero en realidad no importa,
porque esa no fue la razón
por la que Abrahán hizo lo que hizo.
¿Y cuál fue?
Es interesante
que en esas dos ocasiones,
justo después
de que Abrán se esforzara
por demostrar que quería
mantener la paz con Lot,
Jehová hizo algo especial por Abrán.
Tanto en Génesis 13:14-17
como en Genesis 15:1,
Jehová le demuestra a Abrán
que lo ama
y que tiene su aprobación.
Y eso era lo que Abrán quería.
Él quería ir al altar,
estar en paz con Dios.
Y eso fue exactamente
lo que consiguió.
Así que cuando la paz esté en peligro,
cosa que ocurrirá
—quizás esto ocurra en Betel,
o pase en tu familia,
o suceda en la congregación—,
no dejes que el miedo te venza.
Sé humilde
y ve a hablar con la persona
con la que surgió el problema.
Y haz todo lo posible
por mantener la paz.
¿Será fácil?
No.
¿Reaccionará bien
la persona con la que intentas
mantener la paz?
Tal vez no.
Pero Jehová sí.
¿Y qué pasará?
Que podrás volver al altar
y presentar tu ofrenda.
Y Jehová estará ahí,
esperándote, listo para aceptarla.
¿Por qué?
Porque te esforzaste
por mantener la paz.
Queridos estudiantes ya graduados
de la clase 159 de Galaad,
los queremos y oramos
para que Jehová los siga bendiciendo
adonde quiera que vayan.
Dentro de poco estarán disponibles
más discursos de la graduación
en jw.org y en JW Library®.
Antes de irnos
visitaremos a los hermanos
del otro lado del mundo,
en Australia.
Este enorme país
es la masa continental
más llana de la Tierra
y la más seca después de la Antártida.
Su nombre viene
de una frase en latín
que significa
“tierra del sur desconocida”.
En esta tierra abundan
las piedras preciosas
como el ópalo blanco.
Australia es uno de los países
con la población más variada,
pues conviven personas
de más de 270 grupos étnicos.
Más de un cuarto de los australianos
nacieron fuera del país.
A la mayoría de los australianos
les encantan
las actividades al aire libre.
Muchos practican surf,
juegan fútbol australiano (o footy)
o se juntan para hacer una barbacoa
(o barbie, como ellos la llaman).
La barbacoa o parrillada
es una parte muy importante
de la cultura australiana.
Los invitados suelen llevar
alimentos para compartir.
Así que la comida
finalmente se compone
de una gran variedad
de platos regionales
e internacionales.
Otro alimento emblemático de Australia
es la pasta de untar Vegemite,
que se inventó en Melbourne en 1923.
Es marrón oscuro
y lleva como ingrediente principal
la levadura de cerveza.
Tiene un sabor característico, umami,
que recuerda a la carne.
A los australianos les encanta
untar una fina capa
en tostadas y en galletitas,
para darles un toque de sabor salado.
En este país les fascina el café.
Tres cuartas partes de la población
beben una taza diariamente.
Y el 95 % de las cafeterías
son negocios independientes.
Normalmente se prepara
con café importado de buena calidad
y se decora con dibujos
hechos con leche.
Todo un deleite para los ojos
y para el paladar.
En 1788,
cientos de ejemplares de la Biblia
llegaron a Australia en barco
desde Inglaterra.
Unos 100 años después
algunas traducciones de la Biblia
en idiomas aborígenes
incluyeron el nombre de Dios
y lo tradujeron como Yehóa y Jehovah.
El mensaje de la Biblia
llegó al corazón de la gente,
como en el caso de Kartanya,
una joven del pueblo kaurna,
que escribió en su idioma materno:
“Adoremos siempre a Jehová.
Jehová es nuestro Creador.
Jehová nos libra del pecado”.
Arthur Willis, de Australia occidental,
quería ayudar a la gente
a aprender sobre Dios.
En 1931, con 19 años,
se hizo precursor
y viajó a zonas aisladas del país.
Y en 1932 empezó a predicarles
a los aborígenes australianos.
En 1943, Arthur
se estableció en Pingelly
y contactó con una familia aborigen
del pueblo Noongar, los Collard.
James y su esposa, Mabel,
tuvieron 17 hijos.
En su casa se daban
clases de la Biblia,
y con el tiempo
los miembros de esta familia
llegaron a ser
los primeros publicadores
aborígenes de Australia.
Los nietos de James y Mabel Collard
están entre los 71.000 publicadores
que predican el Reino de Dios en el país.
Los hermanos buscan
a personas de buen corazón
en las playas,
en el campo
y en las ciudades.
También intentan aprender
nuevos idiomas,
como el chino mandarín,
y se sumergen en su cultura.
Una congregación muy entusiasta
es la congregación Carlton,
en Melbourne.
Su territorio está en plena zona
de negocios de la ciudad,
un lugar multicultural muy concurrido.
En esta congregación
hay hermanos de 21 países,
y tienen un mensaje muy especial
para todos nosotros.
Y nosotros también les mandamos
nuestro cariño a todos ustedes.
Desde la central mundial
de los testigos de Jehová,
esto es JW Broadcasting.