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Per Christensen: ¿Están preocupados? (graduación de la clase 159 de la Escuela de Galaad)

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Bueno, ¿están preocupados?
Quizás se preguntan por qué.
Pues por lo que se espera
de todos ustedes.
Han asistido a Galaad,
y pronto serán graduados de Galaad.
No es poca cosa.
Y creo que los ha cambiado,
ha cambiado sus vidas
y la forma en la que la organización
de Jehová los va a utilizar.
Es una de esas situaciones
en las que se les da mucho
y también en las que se espera
mucho de ustedes.
Y encima de eso
puede que se les encargue
una nueva labor,
que se les dé una nueva responsabilidad
o se les vaya a dar una en el futuro.
Esperamos mucho de ustedes.
¿Y ahora?
¿Ahora sí?
¿Están preocupados?
¿Sienten el peso?
Se parece mucho a la situación
a la que se enfrentó Josué
cuando Moisés murió.
En ese momento Josué
tuvo que convertirse
en el líder de la nación.
Él iba a tener que hacer
que cruzaran el Jordán,
que llegaran a la Tierra Prometida
y que conquistaran toda aquella zona.
Seguro que estaba preocupado.
Era solo un hombre,
un hombre a cargo
de millones de personas
que tenían que conquistar
muchas naciones.
Sí, seguro que estaba preocupado.
Pero lo que Jehová le dijo
debe de haberlo animado mucho.
Abran sus Biblias,
por favor, en Josué,
capítulo 1, desde el versículo 2.
Aquí Jehová le está hablando a Josué.
Le dijo:
“Mi siervo Moisés está muerto.
Ahora prepárate,
cruza el río Jordán,
tú y todo este pueblo,
y entra en la tierra
que les voy a dar a ellos,
al pueblo de Israel.
Voy a darles a ustedes
cada lugar donde pongan el pie,
tal como le prometí a Moisés.
Su territorio se extenderá
desde el desierto hasta el Líbano
y hasta el gran río, el río Éufrates
—por toda la tierra de los hititas—,
y hasta el mar Grande, al oeste.
Nadie podrá hacerte frente
mientras vivas.
Tal como estuve con Moisés,
también estaré contigo.
No te dejaré ni te abandonaré.
Sé fuerte y valiente,
porque eres tú quien hará
que este pueblo
herede la tierra que juré
a sus antepasados que les daría”.
Fíjense de nuevo en lo que dice el 3:
“Voy a darles a ustedes
cada lugar donde pongan el pie”.
¡Imagínense!
O el versículo 5:
“Nadie podrá hacerte frente
mientras vivas. […]
Estaré contigo.
No te dejaré ni te abandonaré”.
Debe haberse sentido bien,
es decir, saber que Jehová
estaba a su lado, que lo apoyaba…
Tenía por delante
una misión importante que cumplir,
había que conquistar una zona
muy extensa.
Iba a ser batalla tras batalla,
ciudad tras ciudad, nación tras nación.
Era una gran responsabilidad.
¿Cómo lo preparó Jehová
para lo que vendría?
¿Qué cosas le dijo
que tenía que hacer para estar listo?
Leamos desde el 7:
“Solo sé valiente y muy fuerte,
y obedece cuidadosamente toda la Ley
que mi siervo Moisés te mandó.
No te desvíes de ella
ni a la derecha ni a la izquierda,
para que actúes sabiamente
vayas donde vayas.
Este libro de la Ley
no debe apartarse de tu boca,
y tienes que leerlo
y meditar en él día y noche,
a fin de que obedezcas cuidadosamente
todo lo que está escrito en él;
porque entonces
te irá bien en tu camino
y entonces actuarás con sabiduría.
¿Acaso no te he ordenado yo
que seas fuerte y valiente?
No tengas miedo ni terror,
porque Jehová tu Dios
está contigo vayas donde vayas”.
Ah, en el versículo 8
se le dice a Josué
que tiene que leer la Ley cada día
y obedecerla,
y entonces le iría bien
y actuaría con sabiduría.
Claro, la primera reacción podría ser:
“Eso está muy bien.
Pero, sinceramente,
¿no haría falta hacer algo más?”.
Si lo piensan, tendría que pelear
muchas batallas,
ser el líder de una nación
y guiar al ejército
en una guerra tras otra.
¿No sería lógico
que además de leer la Ley
Jehová también le hubiera dicho:
“Cada día,
dos horas al día,
debes practicar con la espada,
practicar nuevos movimientos con ella”?
¿Eh?
“Y también dos horas al día
tienes que estudiar sobre la guerra,
cómo liderar un ejército
y también estrategias de combate”.
No, Jehová no le pidió nada de eso.
¿Y por qué no?
Porque sabía que él
se iba a encargar de todo;
Jehová iba a luchar por los israelitas.
Y la pregunta ahora sería:
“¿Cómo te preparas para luchar
siguiendo la estrategia de Jehová?”.
Pensemos en la primera ciudad
que ellos conquistaron,
la ciudad de Jericó.
¿Cuál fue su estrategia
para conquistar esa ciudad?
Le dijo a Josué
que el ejército tenía que marchar
alrededor de la ciudad
seguido de siete sacerdotes
—cada uno con un cuerno de carnero
tocándolo continuamente—
seguidos por los sacerdotes
que llevaban el Arca
y más soldados a la retaguardia.
Tenían que dar una vuelta a la ciudad
cada día durante seis días.
Y el séptimo día tenían
que hacerlo siete veces.
Y al final de la última vuelta,
cuando escucharan el cuerno,
tenían que dar todos un grito de guerra.
Y luego las murallas caerían
y podrían entrar a conquistar la ciudad.
Esa fue la estrategia
que les dio Jehová.
No creo que puedas encontrar algo así
escrito en un libro de guerra;
desde el punto de vista humano,
no tiene ninguna lógica.
Pero así es como lucha Jehová.
O pensemos ahora en otras batallas.
Por ejemplo, aquella ocasión
en la que Jehosafat
tenía que enfrentarse
a un poderoso ejército enemigo.
Jehová le dijo:
“La batalla no es de ustedes,
sino de Dios”.
En vez de pelear,
tenían que poner cantantes al frente
y cantarle alabanzas a Jehová.
Nunca tuvieron que pelear:
Jehová peleó por ellos.
¿Y se acuerdan de Gedeón?
Trescientos hombres
teniendo que luchar
contra un ejército de 135.000.
Sí, otra vez fuera de toda lógica.
No encontrarás ninguna
estrategia similar
en ningún libro de guerra
escrito por seres humanos.
Pero así es como lucha Jehová.
Y, claro, Jehová lo sabía,
lo sabía cuando habló con Josué:
sabía que lucharía por él.
Por eso, ¿qué es lo que le pidió
que hiciera?
Veámoslo de nuevo en el libro de Josué;
en el capítulo 1, versículo 8,
Jehová le dijo:
“Este libro de la Ley
no debe apartarse de tu boca,
y tienes que leerlo
y meditar en él día y noche”.
Así que le dijo que leyera la Ley
y que meditara en ella todos los días.
Pero ¿para qué?
¿Era para mantenerlo ocupado?
Porque Jehová iba a luchar por ellos.
Entonces, ¿era que Jehová
le estaba diciendo:
“Tú solo lee la Biblia”?
¿Era eso?
No.
Lo que Jehová le estaba
pidiendo a Josué
era algo muy importante.
Lo que le estaba pidiendo que hiciera
era la clave
para tener éxito
en todo lo que tenía por delante
durante los años siguientes.
Jehová le estaba pidiendo
la única cosa
que él no podía hacer por Josué.
¿Cómo?
¿De verdad hay algo que Dios
no puede hacer por nosotros?
Sí, lo cierto es que sí.
Jehová le estaba pidiendo a Josué
que le sirviera:
“Protege tu corazón;
haz lo correcto; obedece la Ley”.
Él no podía obligar a Josué
a hacer estas cosas.
Era algo que solo él podía decidir.
Y, si no lo hacía,
a la nación no le iba a ir nada bien,
porque iban a necesitar
la ayuda de su Dios.
Tendrían que luchar
contra muchas naciones
que, tal como dijo Jehová,
eran “más grandes
y más fuertes” que ellos.
Necesitaban que Jehová
peleara por ellos.
Así que imagínense
qué hubiera ocurrido si Josué
se hubiera alejado de Jehová.
Pero no hace falta imaginar
qué pasaba cuando eran infieles,
porque sí les pasó.
Cuando fueron a la siguiente ciudad
después de Jericó,
a la ciudad de Hai,
perdieron la batalla
y murieron hombres;
fue por culpa de lo que hizo Acán.
Y él solo era un soldado.
Imagínense qué hubiera pasado
si hubiera sido Josué.
Josué era el líder de la nación.
¿Qué hubiera ocurrido
si hubiera desobedecido a Jehová?
Sí, hubieran fracasado por completo.
Así que pedirle
que leyera las Escrituras
era muy importante,
era algo que solo Josué podía hacer:
proteger su corazón
y mantenerse fiel a Jehová.
Solo así Jehová los bendeciría
y tendrían éxito,
porque su Dios lucharía por ellos
aquellas batallas.
Creo que todos podemos
sacar una lección de todo esto,
y también ustedes, que pronto
se van a graduar de Galaad.
Van a salir, van a recibir
nuevas asignaciones...
Van a colaborar con la obra del Reino
y van a luchar las batallas de Jehová.
Recuerden que no son sus batallas:
son las batallas de Jehová.
Así que también necesitan su ayuda;
necesitan su bendición
para que puedan tener éxito.
Por eso, no olviden
lo que le dijo a Josué.
Ustedes también van a ganar
en “cada lugar donde pongan el pie”.
¿Y qué deben hacer?
“Este libro de la Ley
no debe apartarse de tu boca”.
En otras palabras:
lee la Biblia cada día,
obedécela, protege tu corazón;
y Jehová estará contigo,
te bendecirá y te hará tener éxito.
Y así no tendrás
que preocuparte de nada.