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Richard Chilton: Tú decides (graduación de la clase 159 de la Escuela de Galaad)

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Decisiones.
Seamos niños o mayores,
constantemente todos tenemos
que tomar decisiones:
qué decir, qué hacer...
Es como si en cada momento
tuviéramos que elegir
entre una opción o la otra,
y con cada decisión
vienen consecuencias.
Por eso, ¿cómo tomamos
buenas decisiones?
Para saber la respuesta,
veamos un ejemplo que puso Jesús.
En el siglo primero,
cuando la gente se reunía para comer,
lo habitual era que se reclinaran
en unos divanes colocados en forma de U,
y en el medio había
una mesa baja donde comían.
Los romanos llamaban a este comedor
triclinium, que significa
“habitación con tres divanes”.
Pero no se trataba solo de comer.
Este comedor decía mucho
de la posición social de los invitados.
Por ejemplo,
uno de los divanes representaba
el lugar de menos honor.
Otro era visto como un lugar
de honor intermedio.
Y, por último,
estaba el diván de mayor honor,
para los invitados más distinguidos.
Pero es que, además,
la posición en el diván
que ocupaba cada invitado
indicaba también
su grado de importancia.
La persona que estaba a tu izquierda
se consideraba superior
a la que estaba situada a tu derecha.
Por ejemplo, fíjense en el dibujo.
Allí es donde se solía
colocar el anfitrión.
¿Y qué creen?
¿Cuál era entonces
el puesto de más honor
que podía tocarle a un invitado?
Era el que estaba
justo a la izquierda del anfitrión,
como se ve en la imagen.
Pero ahora la cosa
se pone interesante.
Y es que era el invitado
el que elegía el lugar
donde iba a sentarse.
Pero había un detallito.
En Lucas 14:1,
vemos que Jesús recibe
una invitación a comer
a la casa de un fariseo, en sábado,
junto con otros expertos en la Ley,
y ellos no le quitan
los ojos de encima.
Imagina la escena.
Todos están mirando a Jesús.
Pero Jesús también los miraba a ellos.
Veamos, volvamos a Lucas 14,
a partir del 7.
Hablando acerca de Jesús, dice:
“Al darse cuenta de que los invitados
estaban escogiendo
los lugares más destacados,
les enseñó esta lección”.
Les dijo lo siguiente;
leamos el 8:
“Cuando te inviten
a un banquete de boda,
no te sientes en el sitio
más destacado”.
¿Por qué?
Bueno, aquí viene el detallito:
“Puede que también
se haya invitado a alguien
más honorable que tú.
Entonces el que los invitó a los dos
vendrá y te dirá:
‘Déjale tu lugar a este hombre’.
Y tendrás que irte avergonzado
al último lugar”.
¡Auch!
Es interesante que el anfitrión
no iba a decirte
a qué asiento debías ir,
sino cuál deberías dejar libre.
Así que ahora nos toca volver a elegir.
Y, como explicó Jesús con su ejemplo,
esta vez nos toca levantarnos
e irnos al último lugar de la mesa,
todo para no volver a sentir vergüenza
delante de los demás.
Todos ustedes,
los 54 que están sentados
en las primeras filas,
han tomado muchas decisiones en su vida;
buenas decisiones,
decisiones que los trajeron hasta aquí.
Pero recuerden esto:
tendrán que seguir tomando
muchísimas decisiones más
de aquí en adelante.
Por eso,
¿cómo pueden asegurarse
de que esas decisiones
sean buenas decisiones?
Volvamos al ejemplo de Jesús
en Lucas, capítulo 14,
porque allí Jesús da la clave
para tomar buenas decisiones.
Retomemos la lectura
en el versículo 10,
Lucas 14:10.
Dice: “Más bien, cuando te inviten,
ve y siéntate en el último sitio
para que, cuando venga
el hombre que te invitó,
te diga:
‘Amigo, ven a un sitio superior’.
Así serás honrado
delante de los demás invitados.
Porque todo el que se engrandece
será humillado,
pero el que actúa con humildad
será engrandecido”.
¿Cuál es la clave para tomar
buenas decisiones?
La humildad.
Cuando dejamos que la humildad
marque el rumbo
de nuestras decisiones,
lo que nos espera es la honra,
no la vergüenza.
Jehová nos ha dado a todos
la libertad de elección.
Y él quiere que usemos
este valioso regalo
de la mejor manera.
Por ejemplo,
si te asignan ir a otro país,
a un país del extranjero,
¿qué actitud tendrás al llegar?
¿Llegarás como Jesús,
sobre un burro,
un simple animal de carga?
¿Serás humilde y trabajador?
¿O llegarás como un purasangre,
un caballo imponente y majestuoso,
captando la mirada de todos?
¿O qué pasa si vuelves
a la misma sucursal
y digamos que no sacan
precisamente una alfombra roja
ni te dan un lugar honorífico?
¿Mostrarás la misma actitud
que el hijo pródigo o perdido
de la otra parábola de Jesús,
siendo humilde y aceptando
cualquier trabajo que te asignen?
¿O darás por sentado
que, por haber ido a Galaad,
ahora mereces recibir
nuevas responsabilidades?
¿Elegirás con gusto el último lugar,
o te estarás muriendo de ganas
por el más destacado?
Recuerda, tú decides.
Claro, como en estos cinco meses
hemos podido conocerlos bien,
estamos completamente seguros
de que todos ustedes
tomarán la mejor decisión.
Sigan así.
Sigan usando
cualquier autoridad que reciban
para ayudar,
para apoyar a los hermanos y hermanas
que están bajo su cuidado.
Hacer cosas buenas por otros
siempre será la mejor decisión.
Si lo hacen,
lograrán que las vidas
de quienes los rodean
mejoren mucho
y sean más felices;
eso lograba Jesús.
¿Se acuerdan
de las palabras que él dijo,
las de Mateo 11:28?
Es una invitación preciosa.
En Mateo 11:28, Jesús dijo:
“Vengan a mí,
todos ustedes,
que trabajan duro
y están sobrecargados”.
¿Se fijaron en que Jesús
invita a todas las personas,
incluidas las que tienen problemas?
Él no pensó: “Esto no es para mí.
Me dan mucho trabajo”.
Él no se escondía de ellas.
No.
Por eso les dijo
lo que aparece en el 29:
“Pónganse bajo mi yugo
y aprendan de mí”.
¡Qué invitación tan bonita!
En aquella época,
había un tipo de yugo
donde toda la carga
la llevaba un solo animal,
y había otro doble,
que servía para que dos
llevaran la carga.
¿En qué yugo creen
que estaba pensando Jesús?
¿A qué creen
que se estaba refiriendo aquí?
Lo que él estaba diciendo era:
“Pónganse bajo mi yugo conmigo”.
Por eso ustedes, varones,
cuando salgan de aquí,
no se limiten a repartir
trabajo o tareas.
¡Trabajen con los hermanos!
Y noten lo que dijo después Jesús:
“Porque soy apacible
y humilde de corazón”.
En otras palabras,
así es como Jesús era.
Él no lo decía por aparentar;
él era así de verdad.
Y Jesús termina diciendo:
“Conmigo encontrarán alivio”.
Por eso ustedes, hermanas,
¿se esforzarán por buscar maneras
de aliviar o animar
a aquellos con quienes trabajen?
Sabemos que sí.
Seguro.
Para terminar,
pensemos de nuevo
en el ejemplo de Jesús.
Sencillamente, con estar a su lado
e interactuar con él,
la gente se sentía entendida,
valorada y aliviada.
Y en su caso, graduados,
si ustedes lo deciden,
pueden tener ese mismo efecto
en todos los que los rodean
si recuerdan la lección del triclinium.
Con la ayuda de esta comparación,
Jesús les enseñó a sus seguidores
la importancia de la humildad,
una cualidad preciosa
que hace que los demás
quieran estar con nosotros.
Si permiten que la humildad
sea lo que más pese
a la hora de tomar decisiones,
la honra los acompañará
en todo lo que hagan.
Entonces,
¿dónde te sentarás?
Recuerda: tú decides.