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David Schafer: La neutralidad cristiana: qué es, qué implica y por qué la adoptamos

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Este mes hablaremos del tema:
“La neutralidad cristiana: qué es,
qué implica y por qué la adoptamos”.
¿Qué opina?
¿Cuál es su postura?
¿Cuánto importará lo que crea
o haga una sola persona
para acabar con la injusticia?
Cuando otros hablan de política,
quizás pensemos
que se trata de simples teorías.
Pero cuando la injusticia
alcanza a nuestros seres queridos,
el asunto pudiera volverse personal.
Y no sorprende que la gente
se encuentre
tan dividida en materia de política.
De hecho, en los capítulos
8 a 13 de Revelación,
se predijo que en el tiempo del fin
la política sería un tema candente
y que se haría presión
para que la gente tomara partido.
Así que hay una pregunta
que todos debemos hacernos:
“¿Cómo reacciono yo
cuando la gente expresa sus ideas
para acabar con la injusticia?”.
Los cristianos queremos adoptar
la misma postura que Jesucristo.
Si ha habido alguien capaz
de luchar contra la injusticia,
esa persona fue Jesús.
Y es que de verdad
se compadecía por la gente.
Por su capacidad
de alimentar hambrientos,
curar enfermos, levantar muertos
y conquistar los corazones
de quienes lo escuchaban,
él podría haber sido un político
imposible de superar.
Oportunidades no le faltaron.
Satanás gustoso le ofreció
todos los reinos de la Tierra
a cambio de un acto de adoración,
pero Jesús rechazó la oferta
y no cuestionó
el poder del Diablo en el mundo.
Luego los judíos
intentaron hacerlo rey,
a lo que también se negó.
Y en otra ocasión,
alguien le preguntó
si se debían pagar impuestos a Roma,
y, una vez más, evitó tomar partido.
En efecto,
Jesús se negó
a ser líder mundial
o nacional,
o activista político.
¿Fue por falta de interés
o de ideas?
¡Todo lo contrario!
A él le importaba la gente
más de lo que nos podemos imaginar.
La trató de forma tal que demostró
lo que realmente significa
ser justo e imparcial.
Aun así, comprendía que la mejor forma
de ayudar a las personas
era hablándoles
sobre el Reino de Dios,
el cual acabará
con la injusticia para siempre.
Entonces, ¿qué nos enseña Jesús
sobre cómo debemos ver
a los gobiernos?
Retomemos lo que dijo
cuando se le preguntó
sobre el pago de impuestos.
Vayamos a Marcos 12:15-17:
¿Y cuáles son las cosas de César?
En Romanos 13:1-7,
el apóstol Pablo habla del impuesto,
el tributo, el temor y la honra.
Notemos que Jesús dijo
que se deben dar, o devolver,
ciertas cosas al César.
¿A qué se refería?
El gobierno romano
había producido cosas de valor,
como las monedas, por ejemplo.
Y tenía todo el derecho de pedir
que se le devolvieran
algunas de ellas,
pues con dichos fondos
brindaba al pueblo ciertos servicios.
Jesús era consciente de eso.
Ahora bien,
las cosas más valiosas que tenemos
nos las ha dado Dios:
el corazón,
la mente, las fuerzas
y la vida misma.
Así que no podemos darle
ninguna de esas cosas al César,
pues no fue este
quien nos las dio en un principio.
Más bien,
le damos a Jehová esas cosas
cuando nos dedicamos a él
y le demostramos nuestro amor.
Con esto en mente,
Jesús dijo las palabras
de Marcos 12:30:
Sí, a Dios hay que amarlo
con todo lo que tenemos:
con todas nuestras fuerzas,
habilidades y deseos.
Y quienes aman a Jehová
de esa manera
se ponen del lado de Jesús,
el Rey que ha nombrado.
¿Y cómo se ponen del lado de Jesús
los cristianos auténticos
cuando el Reino enfrenta oposición?
Lo que ocurrió la noche
antes de que Jesús muriera
nos ayuda a encontrar la respuesta.
Mateo 26 dice
que “vino [...] una gran muchedumbre
con espadas y garrotes”
para arrestar a Jesús.
Entonces, Pedro “sacó su espada,
e hiriendo al esclavo
del sumo sacerdote,
le quitó la oreja”.
Juan dice que aquel hombre
se llamaba Malco.
Y Lucas añade que Jesús
le “tocó la oreja y lo sanó”.
¡Qué impactante!
Jesús ni siquiera estaba molesto
con aquellos hombres.
E hizo más.
Según Mateo 26:52,
Jesús le indicó a Pedro:
¿Por qué no le gustó a Jesús
aquel acto heroico de Pedro?
Por la misma razón
por la que nunca en la vida
se había involucrado en política.
Y lo reafirmó horas después
ante Poncio Pilato.
Según Juan 18:36,
Jesús dijo:
Y, como su reino
no fue establecido por hombres,
no necesita
soldados que lo defiendan.
¿Es eso a lo que se refería Jesús?
Leamos el resto del versículo.
Es Juan 18:36:
Entonces, ¿qué postura
debemos asumir
los cristianos en temas políticos?
Una postura neutral.
La gente no siempre entiende
nuestra posición.
Hay quien afirma que,
si no apoyamos determinado gobierno,
es porque apoyamos uno distinto.
En la década de 1950,
en lo que es hoy
la República del Congo,
las autoridades acusaron
a los testigos de Jehová
de ser comunistas.
Pero después, en los años setenta,
un gobierno diferente
—uno comunista—
atacó a los Testigos
por no ser comunistas.
Cabe señalar
que hace casi treinta años
se otorgó reconocimiento oficial
a los testigos de Jehová
en ese país.
Y, mientras unos consideran
que nuestra postura neutral
no es más que una señal de apatía,
otros piensan que es una amenaza.
¿Qué podemos decir al respecto?
Primero, que existe
una gran diferencia
entre la neutralidad y la apatía.
“Apatía” se define como falta de interés
o de entusiasmo.
Pero a nosotros no nos falta
interés en la gente
o en cómo se siente.
Igual que Jesús,
tratamos de aligerar sus cargas
ayudándoles de maneras prácticas.
Y una de ellas es hablarles
sobre el único gobierno
que va a acabar con la injusticia.
Al enseñar a la gente
la verdad de la Biblia,
aspiramos a cambiar corazones,
no políticas.
Y nos parece lo más práctico,
pues los mayores problemas
de la humanidad
no tienen su origen en lo político,
sino en el deterioro moral.
¿Y por qué podemos decir
que los testigos de Jehová
no somos una amenaza,
sino personas de bien?
Porque cumplimos
a cabalidad con la ley,
apoyamos a la comunidad
realizando servicio voluntario
u obligatorio
y somos escrupulosos
en el pago de impuestos.
Es cierto que no votamos
a favor de ningún partido
o candidato político,
pero tampoco
obstaculizamos las elecciones
ni interferimos
con el derecho al voto.
Es cierto que no abogamos
por ninguna ley
ni hacemos campaña
ni nos postulamos,
pero tampoco criticamos
a quienes están en el poder
o sus propuestas,
ni protestamos para lograr cambios.
Es cierto
que no saludamos la bandera,
pero tampoco la quemamos
o la escupimos
o injuriamos
a la nación que esta representa,
ni siquiera
en donde eso se considera
libertad de expresión.
Es cierto que no cantamos
el himno nacional,
pero tampoco tratamos de impedir
que otros lo canten
ni buscamos llamar la atención
con nuestros actos,
sencillamente
nos abstenemos de participar.
Es cierto que no vamos
a la guerra a matar,
pero tampoco atacamos a nadie
en nuestra propia comunidad.
En resumen, ni apoyamos
ninguna ideología política
ni la condenamos,
ni siquiera en nuestro corazón.
En eso consiste
la verdadera neutralidad:
en no tomar partido.
Pero, ¿qué haremos
si el gobierno nos exige algo
que va en contra
de los mandatos de Cristo?
Hay un principio bíblico para eso.
Seguro que recuerdan
lo que dice Hechos 5:28, 29,
que “tenemos que obedecer
a Dios como gobernante
más bien que a los hombres”.
Y no es por falta de respeto
a las autoridades,
sino por el profundo respeto
que merece Dios.
Si el gobierno exige
que hagamos algo que Dios prohíbe
o que dejemos de hacer algo
que Dios ordena,
esa orden no sería válida
a los ojos de Dios.
Tal vez alguien diga:
“Pero esa postura pudiera meterlos
en problemas con las autoridades”.
Y, sí, en Mateo 24:9
Jesús predijo que así sucedería.
Allí dice:
En Revelación 2:10
fue más específico al predecir
que algunos de sus discípulos
—no todos—
serían echados en prisión.
Obviamente, no nos vamos a desanimar
si no nos encarcelan,
pero tampoco lo haremos
si nos echan en prisión.
Esto nos hace pensar
en los miles de hermanos y hermanas
que han sido encarcelados
a lo largo de los años
debido a su neutralidad cristiana.
Oramos por ellos.
Su lealtad nos llena de orgullo.
Y estamos seguros
de que Jehová también los valora.
Su aguante ha sido una victoria
para la entera hermandad.
¿Por qué lo decimos?
Veamos lo que Pablo escribió
a los efesios:
Él estaba preso en Roma
cuando escribió aquella carta.
¿Por qué dijo Pablo
que sus tribulaciones
significaban gloria
para los efesios?
Porque el hecho de que Pablo
siguiera fiel pese a las pruebas
les demostraba que ser cristianos
era algo valiosísimo.
¿Qué mensaje
les habría transmitido Pablo
si se hubiera rendido?
Que su fe, su ministerio
y su esperanza en el Reino de Dios
no tenían ningún valor.
El aguante de Pablo
fue una victoria
para el cristianismo.
Demostró que cualquier sacrificio
que se haga
con tal de ser fiel a Dios
vale la pena.
De igual modo, el aguante
de nuestros hermanos en prisión
demuestra que tienen muy claro
cuál es su esperanza,
que el Reino es real para ellos
y que saben que representan,
no a ningún gobierno humano,
sino al Reino de los cielos,
un gobierno que les dará vida eterna
en un mundo de paz y unidad.