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Mark Sanderson: Siempre tenemos presente su aguante

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Quisiera hablarles brevemente
sobre el tema:
“Siempre tenemos presente
su aguante”.
¿Qué es el aguante?
El término original
usado en las Escrituras Griegas
conlleva la idea
de no darse por vencido,
perseverar y permanecer firme
bajo prueba.
Pero significa mucho más
que sacar fuerzas de flaqueza
en momentos de dificultad.
El cristiano que aguanta
tiene una firme esperanza.
Está plenamente convencido de que,
como dice 2 Corintios 4:17,
“la tribulación es momentánea
y liviana”
en comparación
con nuestra recompensa,
que es eterna.
Para mostrar la importancia
del aguante
usaremos estas maletas
que tengo aquí.
Algunas son pequeñas,
y otras, grandes.
Lo que no sabemos es
cuánto pesa cada una.
Eso depende de su contenido.
Algunas maletas grandes
pueden ser,
sorprendentemente,
muy livianas.
En cambio,
algunas maletas pequeñas
pueden ser muy pesadas.
En cierta forma,
esto ilustra lo que enfrentamos
cuando nos dedicamos a Jehová
e iniciamos la carrera
hacia la vida eterna.
Al principio,
no sabíamos cuánto peso
tendríamos que cargar.
Quizás nos angustiaba
la idea de afrontar duras pruebas,
y luego descubrimos
que no eran tan abrumadoras
como nos las imaginábamos.
En contraste,
algunas cargas
que parecían livianas,
como llevarnos bien con otros
y mostrar amor,
pudieran ser más pesadas
de lo que creíamos.
Además,
nuestra fe también se ve sometida
a pruebas inesperadas,
como problemas de salud,
económicos, familiares
o decepciones personales.
Necesitamos aguante
para soportarlas todas.
El Cuerpo Gobernante desea
que ustedes sepan, hermanos,
que los amamos
por su admirable aguante.
Pablo describe con exactitud
nuestros sentimientos
en 1 Tesalonicenses 1:2, 3.
Dirigiéndose a cristianos fieles,
dice: “Siempre damos gracias a Dios
cuando hacemos mención
respecto a todos ustedes
en nuestras oraciones,
porque incesantemente
tenemos presentes su fiel obra
y su amorosa labor
y su aguante
debido a su esperanza
en nuestro Señor Jesucristo
delante de nuestro Dios y Padre”.
¡Qué forma tan hermosa
de expresar lo que sentimos
por ustedes!
Nos alienta y nos fortalece su fe,
su integridad y su aguante.
Sin importar
qué dificultades enfrenten,
pueden estar seguros
de estas 2 cosas:
Jehová sabe cuánto pesa su carga
y les dará la fuerza para llevarla.
Piensen en esa afirmación:
Jehová sabe
cuánto pesa su carga.
¿Cómo lo sabemos?
Abran su Biblia en Hebreos 6:10.
Aquí, el apóstol Pablo,
quien nunca se dio por vencido,
explica por qué
vale la pena aguantar.
Hebreos 6:10 dice:
“Porque Dios no es injusto
para olvidar la obra de ustedes
y el amor que mostraron
para con su nombre,
por el hecho
de que han servido a los santos
y continúan sirviendo”.
Imagínense:
Jehová consideraría una injusticia
dar por sentado su aguante.
De hecho,
hace más que solo
reconocer nuestro trabajo;
también nos ayuda
a llevar la carga.
¿Cómo lo sabemos?
La Biblia responde
en Filipenses 4:12, 13.
Veamos lo que dice
el apóstol Pablo,
quien es un modelo de aguante
para todos nosotros.
Ahora bien, antes de leerlo,
quizás nos imaginemos que Pablo
era solo un recién convertido
a la fe cristiana y, claro,
comparado con muchos otros, lo era.
No obstante,
para cuando escribió
a los filipenses,
en el año 60 o 61,
ya había vencido muchos obstáculos
y llevado muchas cargas pesadas
sobre sus hombros.
Pablo menciona aquí
algunas de ellas,
pero en la segunda parte
del versículo 12, dice:
“En toda cosa
y en toda circunstancia
he aprendido el secreto
tanto de estar saciado
como de tener hambre,
tanto de tener abundancia
como de padecer necesidad”.
Y noten lo que agrega
en el versículo 13:
“Para todas las cosas
tengo la fuerza
en virtud de aquel
que me imparte poder”.
¿Qué nos enseña esto?
Que sin importar
qué carga llevemos como cristianos,
no lo hacemos
con nuestro propio poder;
Jehová siempre nos ayuda.
Él nos da las fuerzas necesarias.
Pablo confiaba en que Jehová
lo seguiría ayudando toda la vida,
pues había visto
de primera mano
el poder de Jehová.
¿Cómo?
Repasemos lo que tuvo
que enfrentar
en su primer viaje misional.
A Pablo, Bernabé
y sus compañeros de viaje
les aguardaba una obra emocionante.
¿Pero sería esta
una carga liviana,
llena de buenas experiencias,
o su asignación conllevaría retos,
algunos quizá más grandes
de lo que esperaban?
Veamos qué pasó.
Pablo visitó primero
Antioquía de Pisidia.
Allí Pablo y sus compañeros
tuvieron mucho éxito.
De hecho, la gente les rogó
que regresaran el sábado siguiente
a enseñarles más.
Aquella parecía ser
una carga liviana,
¿verdad?
Pero en la siguiente visita de Pablo
surgieron algunos contratiempos.
Aunque algunas personas
aceptaron el mensaje,
sus detractores agitaron a la gente
a tal grado
que a todos ellos
los echaron de la ciudad.
Luego, Pablo viajó a Iconio,
a unas 100 millas —160 kilómetros—
de Antioquía.
No podía tomar un tren,
un autobús o un taxi;
tenía que ir a pie.
¿Mejoró la situación
cuando por fin llegó a Iconio?
¿Sería la predicación allí
una carga más llevadera
que en Antioquía?
Bueno, algunos
sí aceptaron el mensaje.
Pero, otra vez,
surgió férrea oposición.
Poco después,
Pablo y sus compañeros
volvieron a huir.
Esta vez caminaron 20 millas
—unos 30 kilómetros—
hasta Listra.
Al principio todo salió bien.
Luego, cuando a Pablo y Bernabé
los creyeron dioses,
ellos disiparon la idea hábilmente
hablando a la gente
sobre su poderoso Creador.
De pronto,
llegaron opositores
desde Antioquía e Iconio
con el fin de agredir a Pablo.
Algunos lo odiaban a tal grado
que no dudaron en caminar
100 millas— o 160 kilómetros—
para atacarlo.
Al verlo,
lo apedrearon y lo arrastraron
fuera de la ciudad,
dándolo por muerto.
¿Pensó Pablo
que esta carga se estaba volviendo
demasiado pesada para él?
¿Se desmoralizó
y tiró la toalla
porque sus enemigos
lo odiaban tanto
que habían querido matarlo?
No.
Pablo sabía aguantar.
Quien sabe hacerlo
nunca pierde la esperanza,
ni siquiera ante la persecución.
Entonces, ¿qué hizo Pablo?
Siguió predicando
contra viento y marea,
esta vez en Derbe.
Imagínense el esfuerzo
que hizo Pablo:
caminó un tramo de 60 millas
—unos 100 kilómetros—
hasta Derbe,
¡justo un día después
de casi morir apedreado!
Sin embargo,
el esfuerzo valió la pena,
pues él y sus compañeros
lograron hacer muchos discípulos.
Como pueden ver,
Pablo llevó una carga
muy pesada,
pero nunca se rindió.
Siguió predicando.
Pero hizo más que eso.
Abran su Biblia
en Hechos capítulo 14.
Aquí vemos una prueba
de que Pablo
era un ejemplo de aguante.
Hechos 14:21 dice:
“Y después de declarar
las buenas nuevas
a aquella ciudad
y de hacer una buena cantidad
de discípulos,
volvieron a Listra
y a Iconio y a Antioquía”.
Imagínense:
Pablo y sus compañeros
regresaron a las mismas ciudades
donde los habían
atacado brutalmente.
¿Para qué?
El versículo 22 dice
que volvieron
para fortalecer
“las almas de los discípulos,
animándolos a permanecer en la fe,
y diciendo:
‘Tenemos que entrar
en el reino de Dios
a través de muchas tribulaciones’”.
A simple vista
eso pudiera sonar extraño.
¿Cómo animaría Pablo
a los discípulos
diciéndoles que sufrirían
muchos problemas?
Aquello podría
haberlos descorazonado,
más bien que animarlos.
Pero analicemos bien
sus palabras.
Él no dijo simplemente:
“Tenemos
que aguantar tribulaciones”.
Les dijo:
“Tenemos que entrar
en el reino de Dios
a través de muchas tribulaciones”.
En efecto,
fortaleció a los discípulos
haciendo hincapié
en el resultado positivo
del aguante.
Es como Jesús dijo
en Mateo 10:22:
“El que haya aguantado
hasta el fin
es el que será salvo”.
¿Qué lección aprendemos?
El aguante no equivale
a simplemente
sacar fuerzas de flaqueza
ante la adversidad.
Aguantar significa
mantener viva la esperanza
y estar plenamente convencidos
de lo que dice 2 Corintios 4:17:
“La tribulación
es momentánea y liviana”...
pero la recompensa es eterna.