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Los valientes soldados de Cristo

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Se me presentó la oportunidad
de ir a una universidad
para seguir estudiando.
Mis maestros y compañeros
de clase me decían
que no me lo pensara dos veces.
Me decían que no dejara pasar
esta oportunidad de oro.
Cuando llegábamos a casa
de la predicación
o de las reuniones,
las vecinas venían
y nos decían cosas como...
“¿Por qué le haces esto a tu hija?
Es una chica tan buena,
es una estudiante tan aplicada...,
¿por qué no la dejas ir
a una buena universidad?”.
Así que me puse a pensar
qué quería hacer en la vida.
Algunos hermanos
se mudaron a mi congregación
para ayudar en la predicación,
y eso me ayudó
a ponerme metas espirituales
y a esforzarme por alcanzarlas,
con la idea
de algún día ser precursor.
Mi padre siempre nos ayudaba
a ver a Jehová como alguien real.
Y mi madre es precursora regular.
Siempre me cuenta
cómo le ha ido en la predicación
y el gozo que siente
en el ministerio.
Así que, poco después de acabar
la educación media superior,
me hice precursora.
Para llevar una vida sencilla,
me dedico a la agricultura.
Con este trabajo
gano justo lo que necesito.
Mi trabajo es muy duro,
y acabo muy cansado.
Pero, cuando salgo a predicar,
cuando paso tiempo con otros jóvenes
que aman la verdad
de la Palabra de Dios
y la valoran mucho
o cuando visito
a los estudiantes de la Biblia...
me da mucha alegría ver
el deseo y las ganas que tienen
de aprender de Jehová.
El texto de Jeremías 29:11
me ha ayudado a no dejarme llevar
por los comentarios
de otras personas
y a estar segura de que Jehová
tiene un futuro maravilloso
reservado para mí.
Actualmente dirijo
cuatro cursos bíblicos,
y mi padre, que no es Testigo,
va a las reuniones
y ha empezado a estudiar la Biblia.
Todas estas bendiciones me convencen
de que este estilo de vida
te da verdadera satisfacción
y felicidad.
Servir a Jehová
ha sido la mejor decisión
que he tomado en mi vida.