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La hospitalidad en las asambleas internacionales

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Van a venir 2.500 delegados,
y queremos darles lo mejor de nosotros.
Queremos que sientan
el amor de la hermandad.
Queríamos que fuera
una experiencia inolvidable para ellos.
Para conseguir eso, sabíamos
que teníamos que hacer algo más
que simplemente invitarlos a comer.
¡Espectacular!
No tengo palabras para describirlo.
Lo primero que tuvimos que hacer
fue planear el espectáculo.
Al principio, casi me muero
solo de pensarlo.
Pero nos ayudó confiar en que Jehová
nos dirige mediante su organización.
Mostrarles hospitalidad a los delegados
implicó mucho más
de lo que nos imaginamos al principio.
Tenemos una carreta original de 1892,
auténticos vaqueros texanos,
entrenadores de caballos,
lecciones para manejar la cuerda
y vacas típicas de Texas.
Y hacemos galletas de mantequilla,
igualitas a las que hacían en el Oeste
con hornos de carbón.
Hay cuatro grupos diferentes
para las actuaciones,
cada uno de 80 a 90 hermanos,
que actuarán durante cuatro días
en tres lugares diferentes.
Las tardes de entretenimiento
incluyen comida para los delegados
y un espectáculo
con contenido espiritual,
música, entrevistas y videos.
En el pasado,
no siempre se incluía la predicación
en las actividades con los delegados.
Pero está muy claro que Jehová
quiere que lo hagamos,
y el esclavo fiel y prudente
nos da el ejemplo.
Por eso salimos a predicar
con los delegados.
Los hermanos aquí
se enfrentan a problemas
parecidos a los nuestros al predicar,
pero aun así
se esfuerzan mucho para superarlos.
Escucharlos me anima mucho
y me motiva a seguir predicando
con entusiasmo.
Necesitábamos voluntarios
para recibir a los delegados
al llegar al Salón de Asambleas.
Al principio, no sabía por qué había
tanta gente fuera esperándonos
cuando llegamos en el autobús.
Cuando supe que estaban ahí
para darnos la bienvenida,
se me saltaron las lágrimas.
Nos pusimos muy contentos
cuando nos enteramos de que
los delegados iban a venir a visitar
el Salón de Asambleas.
Teníamos más de 3.600 voluntarios,
pero en realidad se ofrecieron
más de 5.000.
Invitamos a más de 200 congregaciones
a participar en las actividades.
Somos de Cheyén (Wyoming),
que está a unos
1.400 kilómetros (870 millas).
Empezamos a preparar las carretas
hace unas dos o tres semanas,
y nos tomó un par de días
llegar hasta aquí.
Para poder estar aquí,
una de las cosas que tuve que hacer
fue pedir permiso en el trabajo.
Solicité una semana de vacaciones.
Oré mucho a Jehová,
y gracias a él me dieron el permiso.
Y por eso puedo estar aquí.
Me siento muy animada y emocionada.
Me imagino que esto
es lo que sentiré todos los días
cuando estemos en el nuevo mundo.
¡Será maravilloso!
Mi trabajo fue hacer
dibujos y pinturas para las tarjetas
con cosas típicas de Washington.
Tuve el privilegio de diseñar
el logo que aparece en las bolsas
de regalo de la asamblea internacional.
Vamos a cantar para los delegados.
Quiero cantar para los delegados
para que Dios esté contento
y los delegados también.
Fue muy emocionante ver
a los hermanos cantando
en el aeropuerto.
Nos estaban esperando,
y eso que llegamos
a las diez de la noche.
Creo que les va a gustar mucho
que les demos la bienvenida
y ver todas las cosas
que les estamos preparando.
Estamos haciendo regalitos
para que siempre se acuerden
de que estuvieron aquí.
Esta parte de aquí, las letras JW
están sacadas de la revista
The Messenger,
que se publicó en 1931
para la asamblea internacional
de Columbus (Ohio).
Como pueden ver,
todos los hermanos quieren ayudar,
todos quieren ser parte de esto,
todos quieren que se les llame,
todos quieren participar
en cualquier cosa que puedan.
¡Bienvenidos a Seattle!
Ver a los hermanos tan contentos
con sus bolsas me hizo muy feliz.
Estaba un poco cansado por el vuelo.
Pero, cuando vi a los hermanos
con sus sonrisas, con esas pancartas,
con los regalos, fue muy emocionante.
Sentimos el amor de los hermanos,
¿verdad?
Puro Amor.
—Nos sentimos muy queridos.
—Puro Amor.
Amor de verdad.
No sabemos de dónde son.
No sabemos cómo se llaman.
Pero, con verlos sonreír y saludarte,
ver esa unidad...
Es amor de verdad.
Y te dan ganas de llorar.
Queremos que sepan
que aquí tienen a sus hermanos
que quieren ayudarlos,
que los quieren y que están dispuestos
a hacer lo que sea
para que disfruten de su visita.
Así es.
Queremos que sientan nuestro cariño
durante todo el tiempo
que estén aquí con nosotros.
Esto demuestra que Jehová
dirige todo este trabajo,
pero también demuestra
el amor de la hermandad,
porque es evidente
cuando ves sus caras felices,
su dedicación, su entusiasmo.
Todo el tiempo, las energías
y el dinero que se invirtió
han sido para alabar a Jehová
y darles la bienvenida a sus ovejitas,
los delegados que han venido.
Espero que dentro de 2.000 o 3.000 años
alguien venga y me diga:
“¡Me acuerdo de ti!
¡Tú eres el vaquero
con el que estuve en Texas!”.
Me encantaría que pasara eso.
Y se supone que los vaqueros
no lloramos,
pero, créanme, sí lloramos
cuando es por algo así.
Estoy tan feliz.
Se me saltan las lágrimas.
Vinieron para escucharnos cantar,
nos vieron, y ahora se llevarán
con ellos nuestra canción.
Queremos que los delegados
estén felices.