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David Schafer: ¿Estás preparado? (2 Tim. 3:12)

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¿Estás preparado?
¿Verdad que es más probable
que nos preparemos para algo
cuando sabemos
que va a ocurrir pronto?
Quizás te preguntes
qué probabilidades hay
de que me persigan.
El texto de hoy, 2 Timoteo 3:12, dice:
“Todos
los que desean vivir con devoción
a Dios en unión con Cristo Jesús
también serán perseguidos”.
Así que no solo es probable que pase:
seguro que ocurrirá.
¿Cómo te han perseguido?
Todos nos acordamos de alguna vez
en la que se nos trató
muy mal en la predicación;
y seguramente también recordemos
cómo Jehová nos ayudó.
Pero, antes de que nos persigan,
¿nos prepara Jehová?
No es casualidad
que el comentario de hoy
también mencione lo que se dice
en la Primera Carta de Pedro.
Pedro escribió esta carta
entre el 62 y el 64 de nuestra era,
solo unos meses antes
de que Pablo escribiera 2 Timoteo.
Pedro escribió a cristianos
que estaban pasando
por muchos problemas,
y la situación
se iba a poner mucho peor.
Como los cristianos no le hacían
sacrificios al emperador
ni participaban en ceremonias paganas,
en aquel tiempo, en el primer siglo,
la gente confundía a nuestros hermanos
con los judíos zelotes,
que finalmente se rebelaron contra Roma.
Entonces, en el año 64,
un gran incendio arrasó
una cuarta parte de Roma,
y corrió el rumor de que el césar Nerón
era el responsable.
Así que, para proteger su reputación,
Nerón culpó a los cristianos.
Y eso probablemente provocó
una gran ola de persecución violenta.
Además, recuerden que solo
unos meses después Cestio Galo
sitió Jerusalén en el año 66.
Así que estas dos cartas inspiradas,
la 1 Pedro y la 2 Timoteo,
llegaron justo a tiempo
y prepararon a los hermanos
para lo que iba a venir.
De nosotros también dicen mentiras
y malinterpretan
nuestra conducta y nuestro mensaje.
Nosotros también vivimos
al final de un sistema.
Ciento cincuenta y cinco
de nuestros hermanos y hermanas
de al menos siete países
están en prisión.
¿Qué podría ayudarnos a aguantar
ese tipo de persecución
como lo hacen ellos?
Vamos a hablar de tres cosas
que aprendemos
en la Primera Carta de Pedro:
1) no temas lo que temen
los que no sirven a Dios
(1 Pedro 3:14);
2) tienes el espíritu santo de Jehová,
apóyate en él (1 Pedro 4:14),
y 3) confía en tus hermanos leales
y valóralos (1 Pedro 5:9-14).
Para acordarse de estos versículos,
recuerden que en los tres casos
es el 14.
Veamos qué dice 1 Pedro 3:14:
“Pero, aun si sufren
por causa de la justicia,
[noten] son felices.
Sin embargo,
no teman lo que ellos temen
ni se inquieten”.
El temor.
El comentario de hoy dice que el temor
es un arma poderosa que usa
nuestro enemigo, el Diablo.
La usa para que nos echemos para atrás
y dejemos de servir a Jehová.
Pero 1 Pedro 3:14 dice:
“No teman lo que ellos temen”.
Pensemos, ¿quiénes son “ellos”?
Son los que nos persiguen,
y también las personas
que se dejan influir por ellos.
¿Y qué es lo que “temen”?
Humillación, derrota, muerte.
Esto nos recuerda
el relato de David y Goliat
que encontramos
en 1 Samuel, capítulo 17.
Goliat confiaba en su fuerza.
Era un gigante; tenía jabalina,
lanza, espada, armadura…,
y tenía escudo.
Y a Saúl le impresionaban
también ese tipo de cosas.
Todo su ejército
—que tenía miles de soldados—
estuvo aterrorizado por Goliat
por más de un mes.
Cuando Saúl aceptó
por fin que David peleara,
le puso su propia armadura,
que era parecida a la de Goliat.
Así que Saúl se refugiaba
en lo mismo que Goliat, ¿verdad?
Fuerza,
armadura,
físico, armas,
es decir, el poder normal.
Habría sido muy fácil
—pan comido—
para un guerrero de 3 metros (9 pies)
derrotar a un soldado inexperto,
como lo era David,
ya sea que llevara armadura o no.
Con razón David no quiso usar
la armadura de Saúl.
David no le tenía miedo
a lo que temían tanto Goliat como Saúl.
David confiaba en Jehová,
en “el poder que va
más allá de lo normal”,
y eso es lo que tenemos que hacer.
En nuestro sitio web podemos leer
lo que dijo el hermano Vitali Ílinij
sobre su detención y encarcelamiento:
“Mientras más difíciles
se ponen las cosas en esta vida,
más cerca te sientes de Jehová.
Él es el alfarero...
Si él permite que yo esté ‘bajo fuego’,
[…] que pase por una prueba,
también me ayudará a aguantarla […].
Y, si siento que ya no puedo más,
[…] entonces es momento
de rogarle a Jehová que me dé
‘el poder que va
más allá de lo normal’”.
Los que nos persiguen no pueden
impedir que Jehová nos ayude,
nos recuerde o nos recompense.
Si somos leales a Jehová,
él nos premiará dándonos honra,
victoria y vida eterna,
por eso no tememos
lo que la gente sin fe teme.
Como dice la canción,
“si tienes fe, el miedo se te va”.
Y esto nos recuerda
lo que dice 1 Pedro 4:14:
“Si los están insultando
por el nombre de Cristo,
[¿qué dice?] son felices,
porque el espíritu de gloria,
sí, el espíritu de Dios,
descansa sobre ustedes”.
Si se nos insulta
por el nombre de Jesús,
es prueba de que tenemos
el espíritu de Dios;
y necesitamos el espíritu de Dios
para seguir aguantando.
Como escribió recientemente
nuestro hermano Antón Ostápenko:
“[En la prisión] Jehová
me mostró la clase de Dios que es.
¿Y saben qué?
Fue algo muy muy especial.
Jehová llegó a ser para mí
no solo el Dios Todopoderoso,
sino un Padre cariñoso
que de verdad te entiende y te ayuda
de maneras que nunca hubieras imaginado
justo en el momento preciso”.
Así es, “con los ojos de la fe,
si miras, puedes ver
la potente mano de Jehová”.
También debemos hacer
lo que se menciona en 1 Pedro 5:9-14:
valoremos a nuestros hermanos leales.
Cuando estuvo en prisión,
Anatoli Vilitkévich
anotó ejemplos de personajes bíblicos
que también sufrieron persecución.
Él dijo: “Recordé que Jehová
no los protegió de las dificultades,
pero al mismo tiempo no los abandonó.
[Y] eso me fortaleció mucho”.
Las cartas de su esposa
también lo animaron.
Él dijo: “En una de sus primeras cartas,
Aliona me envió varias fotos
con nuestros amigos
y nuestros seres queridos.
Todas las tardes las miraba
y trataba de recordar
algo interesante que hubiera vivido
con cada uno”.
Luego añade:
“Era como si los tuviera a mi lado”.
A él le dio fuerzas
pensar en siervos fieles,
del pasado y del presente.
¿Verdad que somos una gran familia?
Y todos, tarde o temprano,
seremos perseguidos.
Hagamos lo mismo que Dimitri Gólik,
que dijo lo siguiente:
“Aunque fue bueno prepararme
de forma práctica para la persecución,
fue mucho mejor
prepararme en sentido espiritual.
En esos momentos,
lo importante no es lo listo que seas
ni si sabes esconderte
de quienes te persiguen.
Lo importante es tu lealtad a Dios.
Jesús también pudo
haberse escondido de sus enemigos
para que nunca lo encontraran,
pero ese no era su objetivo.
Como somos sus discípulos,
nuestro objetivo no es esquivar
los problemas,
sino afrontarlos con dignidad”.
Entonces, ¿cómo nos preparamos
para la persecución?
Cuando leemos las experiencias
de estos hermanos
que han sido perseguidos,
nos damos cuenta de que para ellos
la adoración a Jehová
no es una simple rutina,
sino que hacen todo lo posible
por acercarse a Jehová,
meditando en lo que él nos enseña,
valorándolo y poniéndolo en práctica.
Y, cuando se enfrentan a los problemas,
su fe se fortalece.
Por eso no temen a lo que temen
los que no sirven a Dios.
Se apoyan en el espíritu santo
de Dios para todo,
y también valoran a sus hermanos
y confían en ellos.
Si nosotros hacemos lo mismo que ellos,
estaremos preparados.
Estaremos listos para enfrentar
las pruebas que vendrán.