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Holly Wood: A pesar de perder a mi esposo, vuelvo a ser feliz

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Éramos de verdad muy felices.
Teníamos dos hijas.
Él era anciano;
yo era precursora.
Éramos una de esas familias divertidas.
Pero un día, de súbito, sin aviso,
mi esposo falleció.
De repente, me convertí en una viuda.
Odiaba esa palabra.
Me hacía sentir débil.
Porque lo que llenaba mi vida
era ser su esposa
y apoyar la congregación.
Pero ir de eso
a ser tú, de repente,
la que necesitas apoyo
es devastador.
Ni siquiera me sentía
capaz de, o sea,
ni tan siquiera podía pensar
en cómo atenderme a mí misma.
Me preguntaba:
“¿Y ahora quién soy?
No soy nadie”.
Creo que lo que más me ayudó
a superar esos sentimientos
fueron mis amigos,
mi grupo de apoyo.
Cuando le mandas a alguien
un mensaje de “Me siento mal…”,
a veces lo que quieres
es quejarte y que te digan:
“Pues aquí estoy
para escucharte”.
Deja que te ayuden.
Tienes que ser sincera, franca.
Cuéntales todo lo que sientes.
La verdad es que todos
necesitamos ayuda,
así que ve a los ancianos.
Cuéntales lo que te pasa.
No pienses que eres una carga.
Que oren contigo,
sana tu corazón.
También me han ayudado mucho
unas palabras de Nehemías:
la felicidad que viene de Jehová
es tu fortaleza.
Es algo que me repito
todos los días:
la felicidad, la felicidad de Jehová.
Sabía que tenía
que recuperarla,
volver a ser feliz,
porque eso me iba
a dar las fuerzas.
No solo me iba a sentir bien,
tendría las fuerzas.
Unos meses después de su muerte
retomé el precursorado.
Y eso me dio estabilidad.
Llevar a cabo ese servicio
me dio un propósito, una rutina,
una razón para levantarme de la cama.
Hablarles a otros
de la esperanza que tengo
es lo que me ayuda
a mantenerme centrada,
enfocada,
en la cuestión más importante,
en lo principal.
Tienes que ir al Salón del Reino
y adorar a Jehová con tus amigos,
aunque sepas que te vas
a pasar la reunión llorando
o te vas a poner a llorar
en las canciones.
¡Está bien!
¿Qué tiene de malo
que te vean así?
Lo que va a pasar es que vas a estar
más unida a tus hermanos
y te vas a sentir
más cerca de Jehová.
Y algo más que me ayuda mucho
es ver cómo Jehová
responde mis oraciones.
Eso sí que me hace llorar.
Porque, cuando le pides
algo a Jehová
que necesitas desesperadamente
y, aunque no se lo digas a nadie,
ves que Jehová te lo da,
te queda clarísimo.
Recuerdo que una noche
estaba pensando
en mi matrimonio,
en que hay muchas cosas
acerca de una pareja
que todos conocen.
Pero hay cosas que son
solo tuyas y de tu esposo:
chistecitos, detallitos y recuerdos,
como el primer apartamento
en el que vivimos…
Y pensé:
“La única persona
que sabía de eso
ya no está”.
Pero de repente me di cuenta
de que Jehová lo sabe.
Y entonces me agarré de Jehová.
Creo que hasta me puse
a apretar la almohada.
Me sentí como una niña
que se aferra con fuerza
a la pierna de su padre.
Porque solo él tiene
esos recuerdos ahora,
y los guarda con cariño.
Hasta se acuerda
mucho mejor que yo.
Y va a ser él
quien le devolverá a mi esposo
esos recuerdos.
Con el tiempo me di cuenta
de que como Jehová
ve a las viudas
es muy distinto
a como las ve el mundo.
Jehová le dio
al pueblo de Israel
leyes y normas
sobre cómo tratar a las viudas.
Y lo que esto me enseñó fue
que Jehová es quien me cuida.
Por eso,
ahora ya no odio
la palabra viuda.
Me recuerda que tengo
una relación especial con Jehová.
Él atiende personalmente
mis necesidades.
Y todo va a estar bien.