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D’Arcy MacEwan: El amor y la gratitud nos impulsan a hacer sacrificios (Juec. 11:36)

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Hoy vamos a hablar
de los sacrificios.
La pasada asamblea regional
nos recordó que para adorar a Jehová
es necesario darle cosas
y también sacrificar cosas por él.
Y tanto en Betel
como en las congregaciones
hay buenos ejemplos de eso,
de hermanos que están dispuestos
a sacrificar mucho
para servir a Jehová.
Pero hoy no nos centraremos en el qué,
qué le damos a Jehová,
ni tampoco en el cuánto le damos a él,
sino en el porqué,
por qué hacemos sacrificios por Jehová.
También veremos
lo que podemos aprender
sobre lo que nos motiva
a hacer sacrificios.
Lo haremos examinando
un relato de la Biblia,
el de la hija de Jefté.
Este es un relato que conocemos bien.
Antes de ir a la guerra,
Jefté le hizo un voto a Jehová:
le dijo que, si le daba la victoria,
la primera persona
que saliera a recibirlo
estaría totalmente dedicada a Dios,
le serviría en el tabernáculo.
Todos sabemos lo que pasó.
La primera persona que salió
a su encuentro fue su única hija.
Así que ella tendría que servir a Jehová
en el tabernáculo el resto de su vida
y quedarse soltera.
Se podrían contar muchas cosas
sobre este relato,
porque es fascinante.
Pero nos vamos a concentrar
solamente en su respuesta,
la respuesta que dio
cuando escuchó el voto de su padre.
Por favor, abran sus Biblias
en Jueces, capítulo 11.
Veamos cómo respondió
cuando se enteró
de lo que había hecho su padre,
el voto que hizo y que le cambiaría
la vida por completo a ella.
En Jueces, capítulo 11,
su padre le dice lo que pasó
al final del versículo 35:
“Le hice un voto a Jehová
y ahora no puedo volverme atrás”.
¿Cómo responde ella?
Seguro que pensamos
en las palabras del 37:
“Deja que me vaya dos meses;
iré a las montañas.
Necesito orar y pensar”.
Pero eso no fue lo primero
que ella dijo, ¿verdad?
¿Entonces qué fue?
Versículo 36:
“Pero ella le dijo: ‘Padre mío,
si le hiciste un voto a Jehová,
tienes que hacer conmigo
lo que prometiste’”.
“Tienes que hacer conmigo
lo que prometiste”.
Ella demostró de inmediato
que apoyaba el voto de su padre.
¡No lo pensó dos veces!
Dijo: “¡Lo haré!”.
¿Verdad que es increíble?
¿Por qué?
¿Será que no entendió del todo
lo que implicaba?
¿Dijo eso porque se dio cuenta
de que no tenía otra opción?
¿Lo hizo para hacer feliz a su padre?
Pues no tenemos que adivinarlo.
Podemos entender
por qué aceptó tan rápido
leyendo el resto del versículo.
Ella dice: “Tienes que hacer conmigo
lo que prometiste
[¿por qué?
Fíjense en lo siguiente que dice],
ya que Jehová te ha vengado
de tus enemigos, los ammonitas”.
“Ya que Jehová te ha vengado
de tus enemigos”.
No sabemos el nombre de la hija de Jefté,
pero con estas palabras
sabemos lo que había en su corazón:
amaba mucho a Jehová
y le estaba agradecida
por lo que había hecho.
Esa fue la razón
por la que apoyó a su padre:
estaba agradecida por lo que Jehová
había hecho por Israel,
por su papá
y hasta por ella misma.
Pensemos en lo que la victoria
sobre los ammonitas
significó para ella.
El capítulo 10 nos da información
para entender mejor esta historia.
Los ammonitas habían estado
atacando a los israelitas 18 años.
Eso era lo único que esta jovencita
conocía: la vida bajo opresión,
el miedo,
la incertidumbre de cuándo
los atacarían de nuevo.
La hija de Jefté vivía
al este del río Jordán,
cerca de los ammonitas, y además
en un territorio que ellos
atacaban con frecuencia.
La Biblia dice que ellos
“aplastaron y oprimieron” esa zona.
Los israelitas estaban tan desesperados
que le rogaban a Jehová:
“Sálvanos de los ammonitas”.
Quizá ella también oraba
pidiendo lo mismo.
Imagínate lo que ocurrió
cuando le dijeron a su padre
que luchara por Galaad
contra los ammonitas.
El relato solo dice que ella
estaba feliz cuando él regresó,
¿pero se imaginan la escena
cuando se fue?
¡Cómo se sentiría!
Seguro que estaba orgullosa
de que estuviera dispuesto a pelear
por el nombre de Jehová,
¿pero estaría asustada?
¿Habrá pensado que esa sería
la última vez que vería a su padre vivo?
¿Te la imaginas pidiéndole a Jehová
que ayudara a su papá a ganar la batalla
y que lo protegiera?
No nos extraña que,
cuando escuchó que habían ganado
y vio a su padre regresar,
saliera a su encuentro bailando al son
de una pandereta como si dijera
“Muchas gracias, Jehová”.
¿Y por qué reaccionó así?
Porque estaba feliz,
estaba muy agradecida.
Eso fue lo que la motivó a apoyar
la promesa de su padre,
sin importar los sacrificios
que tuviera que hacer.
La gratitud
era el motor que la impulsaba
a hacer esos sacrificios.
¿Y verdad que la gratitud
y nuestro profundo amor por Jehová
es lo que nos impulsa
a hacer sacrificios a nosotros?
¿Te has preguntado alguna vez:
“¿Dónde estaría yo sin Jehová?”?
Jehová nos dio la vida.
Jehová nos atrajo a él.
Y nos dio una preciosa
familia espiritual.
Además, tenemos que pensar en las cosas
que Jehová ha hecho
por nosotros personalmente,
cómo ha respondido
a todas nuestras oraciones.
Y, cuanto más agradecidos
nos sintamos a Jehová,
más fácil nos resultará
hacer sacrificios por él
y más felices nos sentiremos
al hacerlos.
Puede ser que a veces
ni siquiera nos demos cuenta
de que estamos haciendo un sacrificio,
pero Jehová sí se da cuenta.
Aunque para nosotros lo que hagamos
pase desapercibido,
Jehová no lo pasa por alto.
¿Dónde vemos eso en el relato de hoy?
Bueno, leamos el versículo 39:
“A los dos meses, cuando ella regresó
a la casa de su padre,
él cumplió el voto que había hecho.
Ella nunca tuvo relaciones sexuales
con ningún hombre”.
Esta frase nos dice mucho,
nos dice que ella
permaneció fiel a su voto.
Y también nos muestra
que Jehová quería que supiéramos
que ella fue fiel.
Debió sentirse muy orgulloso de ella.
Vio los sacrificios que hizo
y que cumplió su voto toda su vida.
¡Precioso!
Pero estas palabras nos revelan algo más.
¿Quién escribió este relato,
quién más se fijó en sus sacrificios?
Al parecer el libro de Jueces
lo escribió Samuel.
Y nuestras publicaciones han dicho
que probablemente Samuel
y la hija de Jefté
sirvieron en la misma época en Siló.
Si fue así, estas palabras
no solo nos dicen que Samuel
sabía que ella se mantuvo fiel,
sino que también observó
su ejemplo día tras día,
incluso cuando había problemas
en el tabernáculo.
Seguro que él la entendía bien,
porque los dos estaban en Siló
porque uno de sus padres
había hecho un voto.
¿Será que el ejemplo de ella
lo motivó a él
a cumplir el voto de su madre?
Sea como sea,
ella fue un excelente ejemplo
para Samuel.
Eso me recuerda a nuestros jóvenes,
a los que se hicieron precursores
al terminar sus estudios,
o que llegaron a Betel
cuando tenían 18 o 19 años.
¿Tuviste que separarte de tus amigos
o hermanos menores?
Tal vez no lo admitan o no te lo digan,
pero te ven como un ejemplo.
Se dan cuenta de los sacrificios
que has hecho.
Y, sobre todo,
ven tu sonrisa, tu entusiasmo,
tu cara cuando les cuentas
todo lo que haces para Jehová.
Seguro que ven
cuánto has madurado espiritualmente.
Eres un referente para ellos,
se fijan en lo que haces,
y tu buen ejemplo los ayudará
a tomar buenas decisiones.
Entonces, ¿cómo podemos resumir
lo que hemos visto hoy?
¿Qué nos motiva a hacer
sacrificios por Jehová?
No lo hacemos por obligación
ni para recibir elogios:
lo que nos motiva es el agradecimiento
y el gran amor que sentimos por Jehová.
Nuestras decisiones honran a Jehová,
y ayudan y animan a los demás.
Así que sigamos sirviendo a Jehová
de todo corazón,
sabiendo que él ve y valora mucho
todos los sacrificios
que hacemos por él.