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Seth Hyatt: ¿Quiénes forman parte de la gran muchedumbre? (Apoc. 7:13, 14)

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En La Atalaya en inglés
del 1 de abril de 1935,
se hizo una invitación
que despertó mucha curiosidad.
Bajo el título “Asamblea”,
decía algo muy interesante.
Fíjense
en lo que se les recordaba
a los lectores:
“Se celebrará una asamblea
de los testigos de Jehová
y Jonadabs
en Washington, D.C.,
comenzando el 30 de mayo
y terminando el 3 de junio de 1935.
Se espera que a muchos del resto
y de los Jonadabs
les sea conveniente
asistir a la asamblea.
Hasta ahora no muchos Jonadabs
han tenido el privilegio
de asistir a una asamblea,
y la asamblea en Washington
quizás sea un verdadero consuelo
y beneficio para ellos”.
Una invitación interesante
y muy curiosa.
Hace surgir algunas preguntas.
¿Quiénes eran los Jonadabs
(o Jehonadabs,
como diríamos ahora)?
¿Y cómo los consolaría
y beneficiaría esta asamblea?
Y, por último,
¿cómo nos ayuda
lo que pasó en aquella asamblea
de hace más de 85 años
a entender las palabras
del texto de hoy en Apocalipsis 7?
Bueno, veamos.
En 1935, el pueblo de Jehová
creía que había
tres grupos de personas
que alcanzarían la salvación.
El primer grupo
eran los 144.000
de los que se habla
en Apocalipsis 7:1-8.
Estos 144.000 son ungidos
con espíritu santo
y gobernarán en el cielo con Cristo.
El segundo grupo estaba formado
por personas que tenían la esperanza
de vivir para siempre en la Tierra.
En 1932,
se publicó un artículo
en La Atalaya en inglés
que comparaba
a este grupo de personas
con Jehonadab,
el compañero de Jehú,
porque Jehonadab apoyó a Jehú,
que era el ungido de Jehová.
Así que, desde 1932,
se les empezó a llamar “los Jonadabs”
o “la clase Jonadab”.
Pero, en el año 1934,
un año antes de aquella asamblea
en Washington D.C.,
los Jonadabs aprendieron
algo muy importante.
Aprendieron en las páginas
de una Atalaya
que ellos también
debían dedicarse a Jehová
y hacer pública esa dedicación
bautizándose.
Bueno, ya llevamos dos grupos:
los 144.000 y los Jonadabs.
¿Y cuál era el tercer grupo?
El tercer grupo
era la “gran muchedumbre”
de la que se habla
a partir del versículo 9
del capítulo 7 de Apocalipsis.
Y ahora miren la imagen
que se mostrará en la pantalla
mientras leo algunas de las cosas
que escribió el apóstol Juan
para describir a este grupo
del que estamos hablando.
Él dijo: “Después de esto
[es decir, después de ver a los 144.000]
vi una gran muchedumbre
que ningún hombre podía contar”.
Así que la gran muchedumbre
y los 144.000
no son el mismo grupo.
No sabemos cuántas personas hay
en la gran muchedumbre,
pero son muchas.
Es un grupo muy variado,
“de todas las naciones,
tribus, pueblos y lenguas”.
¿Dónde están?
“De pie delante del trono
y delante del Cordero”.
¿Y cómo están vestidos?
“Con túnicas largas blancas
y llevaban hojas de palmera en las manos.
Y estaban gritando con voz fuerte:
‘¡La salvación
se la debemos a nuestro Dios,
que está sentado en el trono,
y al Cordero!’”.
¡Qué escena tan bonita!
Llevan túnicas blancas
porque se han mantenido
“sin mancha del mundo”.
Saben que se han salvado
gracias a Jehová y al Cordero.
Son leales a Jesús,
y las hojas de palmera que tienen
indican que lo aceptan
como el Rey que Jehová ha nombrado.
Muy bien, pues sigamos
leyendo este relato
desde Apocalipsis 7:13.
Busquémoslo juntos, por favor.
Apocalipsis 7:13:
“Entonces, uno de los ancianos
me preguntó:
‘¿Quiénes son los que van vestidos
con túnicas largas blancas?
¿Y de dónde vinieron?’.
Así que enseguida le contesté:
‘Señor mío, tú eres el que lo sabe’.
Entonces él me dijo:
‘Ellos son los que salen
de la gran tribulación
[aquí están las palabras
del texto de hoy];
han lavado sus túnicas largas
y las han emblanquecido
en la sangre del Cordero.
Por eso están delante del trono de Dios
y le dan servicio sagrado
día y noche en su templo.
Y el que está sentado en el trono
extenderá su tienda sobre ellos’”.
Entonces la pregunta es:
¿quién forma parte
de esta “gran muchedumbre”?
Esta pregunta tuvo intrigados
a nuestros hermanos
durante muchos años.
Al final llegaron a la conclusión
de que era otro grupo de personas
que iría al cielo.
¿Por qué?
Porque “estaban de pie
delante del trono [de Dios]
y delante del Cordero”.
Pero están de pie,
no sentados en tronos.
Así que se entendía que,
mientras estaban en la Tierra,
las personas de este grupo
habían sido menos leales
y obedientes a Jehová
que los ungidos.
Y ¿tenían razón?
¿Lo habían entendido bien?
Bueno, la respuesta
llegó en la asamblea
de la que hablábamos antes,
en Washington D.C.
El viernes por la tarde,
31 de mayo de 1935,
el hermano Rutherford
dio un discurso titulado
“La grande muchedumbre”.
¿Y qué fue lo que explicó
en aquel discurso?
Dijo quiénes serían las personas
que formarían parte
de esta gran muchedumbre.
Dejó claro que no había
un segundo grupo de personas
que iría al cielo.
Simplemente,
ese grupo secundario no existía.
En realidad, los Jonadabs
y la gran muchedumbre
eran el mismo grupo.
¡Qué emocionante!
Y, además, estas personas
tenían que ser tan leales
como los cristianos ungidos,
tenían que ser
igual de obedientes que ellos.
Fue muy emocionante
cuando el hermano Rutherford
le preguntó al auditorio:
“¿Quisieran, por favor,
ponerse de pie
todos los que tienen la esperanza
de vivir para siempre en la Tierra?”.
Uno de los asistentes
dijo que se pusieron de pie
más de 10.000 personas.
¿Se imaginan?
Y entonces
el hermano Rutherford anunció:
“¡He aquí la grande muchedumbre!”.
Una hermana dijo:
“Al principio
se hizo un silencio,
después vino un alegre clamor
y una larga e intensa ovación”.
Hace muchos años de aquella asamblea,
pero lo que se dijo allí
sigue siendo muy importante.
¿Y qué pasó después
de esa asamblea?
Fue el inicio de algo,
de una búsqueda.
Una hermana dijo:
“Con mucho entusiasmo
y una espiritualidad renovada,
volvimos a nuestros territorios
a buscar a estas personas
semejantes a ovejas
que había que encontrar todavía”.
Y esta asamblea tuvo otro efecto:
algunos que comían del pan
y bebían del vino de la Conmemoración
dejaron de hacerlo.
¿Por qué?
Porque entendieron
que tenían la esperanza
de vivir en la Tierra para siempre;
y le agradecieron mucho a Jehová
esa esperanza que él les había dado.
Y, por último,
otro resultado
de aquella asamblea.
Las publicaciones de los años anteriores
se habían estado haciendo
principalmente
para los cristianos ungidos.
Pero, a partir de 1935,
La Atalaya y las demás publicaciones
se empezaron a hacer pensando
no solo en los cristianos ungidos,
sino también
en la gran muchedumbre.
Y, en la actualidad,
estos dos grupos están muy unidos.
Podemos ver claramente
cómo se están cumpliendo
las palabras que dijo Jesús
en Juan 10:16.
Dijo: “Tengo otras ovejas,
que no son de este redil
[que no son de los ungidos];
a esas también las tengo que traer,
y ellas escucharán mi voz.
Formarán un solo rebaño
con un solo pastor”.
¡Qué honor!
Somos parte de la familia de Jehová
y escuchamos la voz
del Pastor excelente
y la del “esclavo fiel y prudente”,
a quien él ha nombrado.
El hermano Robert Simons
estuvo en aquella asamblea de 1935
y comprendió que era parte del grupo
que vemos en esta imagen.
Se puso muy contento
cuando supo que era parte
de la gran muchedumbre.
Él mismo explicó
cómo se sintió aquel día.
Dijo:
“Esa noche, al volver a mi hotel
después de la asamblea,
empecé a decirle a todo el que pasaba:
‘¡Soy de la gran muchedumbre!’”.
Robert tenía motivos
para estar tan feliz.
Y nosotros también,
también tenemos motivos
para estar felices
y muy agradecidos a Jehová
por la esperanza que nos ha dado.
Al preparar nuestros corazones
para la Conmemoración,
recordemos nuestra esperanza,
tanto si somos ungidos
como si somos parte
de la gran muchedumbre
que sale de la gran tribulación.