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La resurrección: una victoria sobre la muerte

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A mí nunca me interesó la religión.
En la universidad
me especialicé en biotecnología
y estaba convencido de que la teoría
de la evolución era una realidad.
Yo pensaba que la Biblia
era algo de la cultura de Occidente
y que no tenía
ninguna base científica.
Pero un día cayó en mis manos
la revista ¡Despertad!,
me sorprendió que tenía
artículos sobre biología
y otros temas científicos,
y que lo que decían tenía sentido.
Así que empecé a cuestionarme
si la complejidad biológica
de nuestro cuerpo
surgió por sí sola.
Para que un auto funcione bien,
cientos de piezas tienen que estar
ensambladas de forma correcta.
Hasta el más mínimo cambio
puede causar problemas en el auto.
Pero mecanismos biológicos como el ADN,
el ARN y las proteínas
son mucho más complejos.
Empecé a darme cuenta
de que no era lógico pensar
que surgieran por casualidad.
Así que comencé a estudiar la Biblia
con una actitud diferente.
Hace unos 3.500 años,
la Biblia indicó que la Tierra
está suspendida “sobre la nada”.
Los científicos descubrieron eso
hace solo 300 años.
Cuanto más aprendía de la Biblia,
más me convencía de que no tiene
un origen humano
y de que la ciencia
confirma lo que dice.
Empecé a confiar más en la Biblia
y también en la promesa que Dios
nos hace sobre la resurrección.
Además, la Biblia dice que Jehová
ansía “volver a ver
la obra de [sus] manos”.
No hay ninguna duda de que Jehová
tiene el deseo de resucitar
a los que están en su memoria
y el poder para hacerlo.
Tener fe en la resurrección
me consuela
y me da esperanza.
Desde niña, iba siempre a la iglesia.
Crecí creyendo lo que me enseñaban:
que las personas que hacen
cosas buenas van al cielo
y que las que hacen cosas malas
van al infierno.
También pensaba
que, cuando alguien moría,
su alma seguía cuidando
y guiando a sus seres queridos.
En el 2018 murió mi querido esposo,
y eso fue muy difícil para mí.
Un día, una mujer
que era testigo de Jehová me visitó
y me consoló hablándome
de la esperanza
de la resurrección en la Tierra.
Pero yo seguía teniendo mis creencias
y me preguntaba por qué mi esposo
no me estaba guiando,
así que la hermana me enseñó
lo que decía Eclesiastés 9:5, 10.
Aprendí que el alma no es inmortal
y que nuestros
seres queridos que han muerto
no sienten nada.
Ella me explicó que el propósito de Dios
es que la gente
viva en la Tierra para siempre.
Esa verdad me liberó
de todas las enseñanzas falsas
que había aprendido en la iglesia,
y por eso tomé la decisión
de bautizarme.
Jehová es un Dios
muy sabio y compasivo
y, además, nos quiere mucho.
Hechos 24:15 dice que Jehová
va a resucitar incluso a los “injustos”.
Cuando llegue ese momento,
podré volver a ver
a mis seres queridos y estar con ellos.
Me encanta imaginarme
enseñándoles sobre Jehová
a los que resuciten
y ayudándolos a todos a servir a Dios.